Después
de México, España es mi segunda patria, no solo por razones de nacimiento,
sino también de afecto y de profesión. Es difícil precisar qué influencia
he podido tener entre los psicólogos españoles, si es que la ha
habido. Corresponde más bien a ellos pronunciarse en este respecto.
Por ello, y respondiendo a la petición de Rafael Moreno, creo que
lo más apropiado es hacer un breve recuento de mis viajes y estancias
durante un largo período que ya abarca 27 años.
Julio
de 1976, fue la fecha en que por vez primera retorné a España (concretamente
a Barcelona), después del exilio involuntario a que me ví forzado
acompañando a mi padre, madre y hermana, como consecuencia de la
derrota de la República en la guerra civil. Ese primer viaje a Barcelona,
consistió en una anhelada escala de reencuentro con mi historia
familiar, en trayecto al Congreso Internacional de Psicología, que
tuvo lugar en París. Fue en ese congreso en donde tuve mi primer
contacto con Ramón Bayés, contacto que se transformó en una larga
y estrecha amistad. Un día antes de salir a Barcelona, recibí en
México una carta de María Teresa García Die, quien, a nombre del
Servicio de Información sobre Educación Especial patrocinado por
la familia Raventós, me invitaba a impartir un seminario sobre modificación
de conducta en Barcelona. Aproveché mi estancia en Barcelona para
formalizar el contacto, y en noviembre del mismo año estaba de vuelta
para ofrecer un curso en el Colegi dels Sants Inocents, coordinado
por Climent Giné. En ese seminario, además de reencontrar a Ramón
Bayés, conocí a Josep Toro (quién me invitó a dar una conferencia
en la Sociedad de Psiquiatría), Vilma Penzo, y Lluís García Sevilla,
entre otros. Ese curso constituyó mi primer encuentro con la psicología
española, y ya de partida en Madrid, debido a los buenos oficios
de Ramón Bayés (como en muchas otras ocasiones), fui invitado por
Víctor García Hoz para ofrecer una conferencia en la Universidad
Complutense sobre el diseño curricular de Iztacala, a la que asistieron
especialmente José Luis Pinillos y Mariano Yela.
En
1979, disfruté de un semestre sabático otorgado por la Universidad
Nacional Autónoma de México, trasladándome a vivir con mi primera
esposa, Sylvia, y mis dos hijos, Sebastián y Juan Cristóbal, a Sant
Cugat del Vallés. El viaje tenía como propósito exclusivo "recuperar"
a la Barcelona y Catalunya perdidas por el exilio, así como iniciar
la reflexión y la redacción de lo que años después fue el libro
sobre Teoría de la Conducta. Sin embargo, no pude sustraerme a ciertas
invitaciones, por demás tentadoras, y durante esa estancia impartí
seminarios sobre modificación de conducta en Alcalá de Henares a
los Inspectores de Instituto Nacional de Educación Especial y en
Mallorca a los interesados en el tema en el Centro de Educación
Especial Príncipe de Asturias.
Fruto de esta estancia en Sant Gugat, fue la publicación
en 1982 del libro El Conductismo: reflexiones críticas, en la colección
dirigida por Ramón Bayés y Josep Toro en Fontanella. Con los auspicios
nuevamente de Ramón Bayés, además de ofrecer una conferencia en
la Universidad Autónoma de Barcelona, tuve la oportunidad de conocer
a Josep Roca y Joan Riera, quienes me fueron a consultar, en la
casa de la calle Mozart, algunos aspectos sobre sus tesis doctorales.
Allí se dió el inicio de una gran amistad personal e intelectual
con Josep Roca, ¡”el más aristotélico de mis amigos y colegas”!
En 1980, Josep Roca y Joan Riera me visitaron en México y tuvimos
desayunos placenteros de pá amb tomaquet y “Torres 10” en su apartamento
alquilado, discutiendo sobre teoría de la conducta, interconductismo,
y realizando una entrevista que después publicaron en catalán y
en español. Aprovecharon la ocasión para asistir al V Congreso Mexicano
de Análisis de la Conducta que se celebró en Guadalajara. Iniciaron
la tradición, que ha persistido hasta la fecha de que muchos colegas
españoles asistieran a nuestros simposios y congresos en México.
A partir de ese momento, mis viajes a España,
y especialmente a Barcelona, se volvieron más frecuentes, algunas
veces debido a invitaciones especiales, otras simplemente por el
placer de volver.
En
1981 participé en unas Jornadas de Educación Especial en Lleida
organizadas por el Instituto Esperanza, y en 1983 pasé tres meses
prestando consultoría e impartiendo cursos al personal técnico del
Servicio de Educación Especial de la Generalitat, por invitación
expresa de Climent Giné, distribuyendo mi tiempo entre Barcelona,
Tarragona, Lleida y Girona. Durante mi días libres cumplí algunos
otros compromisos, dando conferencias o cursos breves en el Centro
de Información sobre Educación Especial de Mallorca en el Instituto
Nacional de Educación Especial en Madrid, en la Universidad Autónoma
de Barcelona, en el Institut Nacional d' Educació Física de Barcelona,
y en el servicio de Educació Especial de Andorra, en donde se encontraba
Emilia Roca. Lo más significativo de ese viaje, sin embargo, fueron
dos cosas. La primera, que terminé la redacción del libro sobre
Teoría de la Conducta: un análisis de campo y paramétrico, mientras
vivía como vecino de Jaume Cruz en el apartamento que gentilmente
me ofreció Carme Basil. La segunda, que nuevamente por intermediación
de Ramón Bayés, conocí a Rafael Moreno en Sevilla, quién me ofreció
su hospitalidad para poder disfrutar de la Semana Santa. Desde el
primer instante, se estableció una complicidad intelectual y afectiva
que ha superado en mucho a cualquier amistad.
En 1984 regresé a España, esta vez invitado por
la Sociedad de Psicología y Lenguaje para ofrecer conjuntamente
con Antonio Pineda un curso masivo sobre Estimulación Lingüística
Temprana en Madrid. El viaje continuó a la Universidad de Granada,
invitados por Jaime Vila (de nuevo propiciado por Ramón Bayés y
en donde conocí por vez primera a Carmen Luciano), y se prolongó
a Sevilla, donde impartimos un seminario organizado por Rafael Moreno.
El viaje concluyó en Barcelona, en donde nuevamente impartí una
conferencia en la Societat Catalana de Recerca i Terapia del Comportement
(SCRICT) y un cursillo en la Universidad Autónoma de Barcelona.
En 1985 participé en Barcelona en el Congreso
Internacional de Psicolingüística Aplicada, y en el Congreso de
la Sociedad Internacional para el Estudio de las Diferencias Individuales
en San Feliú de Guixols.
En 1986 viajé dos veces a España. En la Universidad
de Oviedo ofrecí un curso sobre Teoría de la Conducta y allí conocí
a Marino Pérez y a Juan Bautista Fuentes, con quién durante mucho
tiempo, sostuve una intensa relación académica. En las dos estancias
de ese año ofrecí también cursos en la Universidad de Sevilla, en
la Autónoma de Barcelona, y en la SCRICT, e impartí un par de conferencias
en Madrid para el Grupo Luria y la Asociación Española de Terapia
del Comportamiento, invitado por Mariana Segura, Eduardo Sánchez
y Amparo Carreras, con quienes me liga desde entonces una profunda
amistad. Igualmente asistí al Congreso de Terapeutas de Autismo
y Psicosis Infantiles en Valladolid. En ese viaje, con la hospitalidad
de Emilia Roca, se realizó, durante varios días, un seminario sobre
Teoría de la Conducta en una hermosa torre de Vallvidrera, a la
que asistieron Juan Bautista Fuentes, Rafael Moreno, Marino Pérez
y Josep Roca. Ese fue quizá uno de los acontecimientos académicos
más importantes e intensos de mis visitas a España.
El año de 1987 fue magro en acontecimientos académicos
y experiencias profesionales en España, limitándose a un desafortunado
curso sobre Modificación de Conducta y Estilos Interactivos impartido
en Las Palmas de la Gran Canaria para el Colegio Oficial de Psicólogos.
En 1988 regresé a España, con mi primer amor
y esposa definitiva, Lucha. Esta vez disfrutaba de una beca sabática
del gobierno español para una estancia de nueve meses en la Universidad
Autónoma de Barcelona. Obviamente, el gestor de esta posibilidad
fue nuevamente Ramón Bayés. En ese año participé en eventos académicos
de la SCRICT en Sitges y Barcelona (este último dedicado a la memoria
de J.R. Kantor), en otro encuentro sobre Educación Especial en Lleida,
en una conferencia en la Universidad Complutense, y en cursos en
la Universidad de Sevilla y en la UNED. La mayor parte del tiempo
lo dediqué a la Universidad Autónoma de Barcelona, donde dirigí
un seminario de investigación sobre Teoría de la Conducta, y cuyos
logros fundamentales fueron dos. El primero, la redacción de un
artículo conjunto con Ramón Bayés sobre un modelo conductual de
salud, que después se transformó por petición del propio Ramón Bayés
en un libro, Psicología y Salud, publicado por Martínez Roca en
1990. El segundo, fue conocer y establecer el inicio de una larga
amistad y colaboración con Carme Viladrich y Eduardo Doval, con
quienes me une el interés por el análisis conductual de las diferencias
individuales.
El año de 1990 fue denso en actividades. Participé
en un congreso en la Universidad de Oviedo, en Madrid di conferencias
en la Universidad Complutense y en la Asociación Española de Terapia
del Comportamiento, y finalmente impartí un curso en la Universidad
de Sevilla, como consecuencia de la colaboración intelectual que
se estableció con Rafael Moreno. En 1991, asistí en Sitges a la
II Reunión de Latini Dies, organizada por la SCRICT, ofrecí una
conferencia en Ciudad Real en unas jornadas sobre minusválidos,
impartí cursos en León para el Colectivo Psicología y Salud (organizados
por Moisés García y Vicente Martín) y en la Universidad de Sevilla
(con Rafael Moreno nuevamente de anfitrión, como ocurriría siempre
en lo sucesivo), y participé en un simposio en homenaje a B.F. Skinner
en la Universidad de Granada (organizado por Carmen Luciano). En
1992, volví a ofrecer cursos en la Universidad de Sevilla, en la
Universidad de Granada y en la Universidad Autónoma de Barcelona
y participé en el Congreso Iberoamericano de Psicología en Madrid,
en donde, de manera inesperada, Eduardo Sánchez me organizó una
conferencia en el Ateneo de Madrid.
Entre los años de 1993
y 1996 se produce un vacío en mis actividades profesionales en España,
aunque no en mis visitas personales. Sin embargo, en 1997 ofrecí
nuevamente cursos en la Universidad Autónoma de Barcelona y en laUniversidad
Autónoma de Madrid (aquí por invitación de José Santacreu y María
Xesús Froján, a quienes conocí en el XIII Congreso Mexicano de Análisis
de la Conducta en Veracruz el año anterior). Posteriormente, en
1998, aprovechando mi asistencia al IV Congreso Internacional sobre
el Conductismo y las Ciencias de la Conducta en Sevilla (organizado
por Rafael Moreno y otros colegas), impartí cursos en las Universidades
de Sevilla, Autónoma de Madrid y Almería. Entre 1999 y 2001 se registró
otro vacío profesional, y en 2002 impartí un curso en un programa
de doctorado recién creado de la Universidad Autónoma de Madrid,
así como una conferencia en el Centro Nexo de la misma ciudad,
mientras que en 2003 asistí al Congreso de la Sociedad Española
para la Investigación de las Diferencias Individuales en Barcelona,
presentando un trabajo en colaboración con Eduardo Doval.
En la actualidad, el Centro de Estudios e Investigaciones
en Comportamiento de la Universidad de Guadalajara mantiene convenios
de colaboración con las Universidad de Sevilla, Autónoma de Barcelona
y Autónoma de Madrid, lo que permitirá mantener lazos institucionales
firmes que consoliden proyectos académicos y de investigación.