El lenguaje constituye un elemento capital para comprender la vision del mundo que predominaba en la cultura que lo desarrolla. Con la ventaja de que, aun cuando dicha concepcion del mundo ha sido ya abandonada, sustuituida por otra màs reciente, los vocablos generados por la antigua manera de entender las cosas perduran y siguen siendo usados en el seno de una cultura que ya no adiere a las concepciones en voga en el momento de su elaboracion. Puede decirse pues que han perdido su sentido etimologico y que la gente los usa en su nueva accepcion, sin ser conscientes de su significado original. Asi, por ejemplo, el ateo màs ateo de la tierra no ve contradiccion alguna en utilizar la frase “la fisica estudia los objetos inanimados, la biologia los seres animados” pues no cae en la cuenta que “animado” y “desanimado” contienen el vocablo “anima”, del latin anima/animae, que significa, sencillamente, alma. Su frase, en el sentido literal, quiere decir: “la fisica estudia los objetos sin alma, la biologia los seres con alma”, lo cual es el colmo para un ateo “como Dios manda”...Podriamos aducir centenares de ejemplos de este tipo: la palabra melancolia viene del griego (melas kholê ) que significa “humor negro" (o bilis negra) y que hace referencia a la teoria de los 4 humores (o de las 4 bilis); el vocablo “quintaesencia” es propio de la teoria alquimista de los 4 elementos (o 4 esencias), a saber: tierra, aire, agua i fuego, a las cuales hay que añadir una « quinta esencia », la màs importante (el flogisto de los alquimistas). Dichas expresiones son aun corrientes en nuestro lenguaje a pesar de que ya nadie crea en dichas teorias. Pero no vamos a alargarnos inutilmente, sino que vamos rapidamente a centrarnos en el caso que nos interesa: el de los adverbios terminados en “mente”...
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Comentario: En mi modesta opinión, este artículo hace una defensa muy acertada de por dónde deben ir los tiros si queremos defender el conductismo como la opción científica que estudia, explica y predice la conducta (humana o...); de manera obvia, se trata de desmontar los artilugios y creencias arrastradas desde posiciones precientíficas (y a veces interesadas) que tan populares siguen siendo.