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Trabajo aparecido en Journal of the Experimental Analysis of
Behavior, 1970, 13, 83-89. El autor queda muy agradecido al
profesor Stephen Winokur que leyó una versión
inicial de este artículo e hizo sugerencias muy valiosas.
La preparación de este artículo fue patrocinada,
en parte, por una subvención del Center for Research
in Human Learning from The National Science Foundation de la
Universidad de Minnesota (GS-1961) y el National Institute of
Child Health and Human Development (HD-01136) y la Graduate
School de la Universidad de Minnesota.
El libro de Skinner,
Verbal Behavior, se publicó en 1957. La crítica de Chomsky
sobre el mismo apareció en 1959. Si usamos como criterio de
influencia la capacidad para originar controversia y estimular publicaciones,
ambos trabajos se deben considerar como de gran éxito, aunque
la fama y la influencia de la crítica es mucho más amplia
que la del libro en sí. Se ha reimpreso, como mínimo,
tres veces (The Bobbs-Merrill Reprint Series in the Social Sciences,
N.° 3-34; Fodor y Katz, 1964; Jakobovits y Mirón, 1967)
y Chomsky ha escrito recientemente (en Jakobovits y Mirón,
1967, pág. 142) que cambiaría muy poca cosa si la tuviera
que volver a escribir ahora.
Verbal Behavior de Skinner
es un análisis del lenguaje en términos de sus «relaciones
de control» que incluyen el estado motivacional normal del hablante,
sus circunstancias de estímulo habituales, sus reforzamientos
pasados y su constitución genética. Skinner ha aceptado
los límites de la ciencia natural en su planteamiento analítico
básico, en el que todos sus términos son empíricamente
definibles. Intenta explicar únicamente las dimensiones objetivas
del comportamiento verbal y solamente invoca, para explicarlas, entidades
objetivas, no mentalistas y no-hipotéticas. La noción
de control, anatema para los políticamente hipersensibles,
significa únicamente «causalidad» en su sentido
puramente funcional y por tanto no exige alboroto. No es argüible
ni criticable que el comportamiento es un dato armonioso, controlado,
sensible a las circunstancias de quien produce el comportamiento;
es simplemente un hecho que ha sido ampliamente confirmado.
La crítica de
Chomsky fue, para decirlo de una forma suave, desagradable. Igualmente
fue una interpretación de virtuoso cuyos ecos todavía
están reverberando en Psicología y de la que el polvo
que levantó todavía no se ha asentado después
de 10 años. Tiene dos partes. La primera es una amplia crítica
del enfoque analítico básico que Skinner aplicó
al comportamiento verbal. Esto ocupa más de la mitad del largo
artículo; la segunda parte es una crítica breve, realmente
bastante superficial, de la aplicación misma, como si la demolición
del aparato explicativo básico hubiera hecho superflua una
discusión seria de su pertinencia para el comportamiento verbal.
El hecho de que nunca
se haya hecho una réplica sistemática a la crítica
(aunque hayan aparecido réplicas parciales en Wiest, 1967,
y Katahn y Koplin, 1968) ha llegado a ser la base de una conclusión,
aparentemente muy difundida, de que, de hecho, es incontestable y
que, por tanto, sus críticas son esencialmente válidas,
convicción que Chomsky comparte. (Jakobovits y Mirón,
1967, página 142). En verdad, hay varias y suficientes razones
para la falta de respuesta y ninguna de ellas tiene nada que ver con
los méritos de la causa de Chomsky o de Skinner.
La primera de ellas
es que no todos los psicólogos S-R simpatizan con la versión
de Skinner, sintiéndose muchos de ellos fuera del alcance de
Chomsky y, por tanto, no se sintieron inclinados a defenderse ni a
defender a Skinner. De alguna forma, esto es ingenuo por su parte
en cualquier caso, puesto que el blanco real de Chomsky es Skinner
sólo a medias, siendo el resto una mezcla de retazos de otros
conductismos y algunas otras ideas de vago origen. Ningún conductista
escapó incólume. Por otro lado, la mayoría de
los skinnerianos concluyeron correctamente que su conductismo no era
particularmente el foco de la crítica, la mayor parte de la
cual, ellos, francamente, no entendían. Por ejemplo, la crítica
dedica seis páginas totalmente confusas (Chomsky, 1959, págs.
39-44) todavía a otra refutación (ahora se deben contar
por cientos) de la teoría del reforzamiento por reducción-del-drive
que, según creo, ha desaparecido hace mucho tiempo de cualquier
conductismo y que nunca ha caracterizado al de Skinner (Wiest, 1967,
hace la misma observación). Finalmente, y creo que se debe
decir, probablemente la razón de más peso por la que
nadie ha replicado a la crítica, es su tono. Es duro hasta
la ofensa; humillante, intransigente, obtuso y resentido. Por ejemplo,
a la palabra «respuesta», perfectamente bien definida,
se la llama consistentemente una «noción», lo cual
crea, al avanzar en la lectura, una abrumadora atmósfera de
incertidumbre con respecto a la palabra. La única palabra amable
que le dirige está en una nota a pie de página (Chomsky,
1959, pág. 32). Es casi imposible replicar a cualquiera de
los puntos fundamentales que la crítica debiera haber expuesto,
sin que al mismo tiempo suene a tono defensivo y apologético,
o a algo tan truculento como el estilo del crítico. He estado
dudando hasta ahora porque soy uno de los directores de la Colección
en la que se publicó Verbal Behavior. Caveat lector. Creo que,
de hecho, se puede responder por completo a la crítica. A pesar
de su longitud es sumamente redundante; casi toda la aparente abundancia
de crítica que Chomsky hace al conductismo básico de
Skinner, se reduce, de hecho, a sólo tres, que se pueden despachar
en limitados, aunque necesariamente algo extensos, espacio y tiempo,
y uno puede evitar la provocación de una réplica ad
hominem. Esta exposición se basará en estos tres puntos,
seguidos por una observación muy breve concerniente a las críticas
de Chomsky sobre la aplicación al comportamiento verbal per
se.
El lector debería
entender de antemano que ni había, ni hay, hechos directamente
pertinentes, que se puedan presentar para sostener esta discusión.
Aunque su tesis es empírica, el libro de Skinner no presenta
unos datos experimentales que impliquen la manipulación en
el laboratorio de las respuestas verbales, y que demuestren definitivamente
que los procesos que él invoca para explicar el comportamiento
verbal están realmente implicados en su producción,
aunque se ha demostrado que el reforzamiento es eficaz en el control
de las respuestas verbales (Baer y Sherman, 1964; Brigham y Sherman,
1968; Holz y Azrin, 1966; Krasner, 1958; Lovaas, Berberich, Perloff
y Schaeffer, 1966; Salzinger, 1959; Salzinger, Feldman, Cowan y Salzinger,
1965). Chomsky no presentó ningún dato para refutar
la tesis de Verbal Behavior, ni lo ha hecho todavía. Esto mismo
se puede decir ante las bastante frecuentes afirmaciones, subsiguientes
a la crítica, que sostienen, por ejemplo, que «el artículo
de Chomsky demuestra que el comportamiento verbal no se puede explicar
por medio de la forma de análisis funcional de Skinner»
(todor y Katz, 1964, pág. 546). Chomsky no demostró
tal cosa; él simplemente lo afirmó. Por consiguiente,
las críticas de Chomsky a Skinner son, necesariamente, metodológicas.
El desacuerdo es fundamentalmente epistemológico, un «conflicto
de paradigmas» como Katahn y Koplin lo han llamado (Katahn y
Koplin, 1968). Por lo tanto es de lo más peculiar que Chomsky.
en ningún sitio, se refiera al anterior libro de Skinner Ciencia
y Conducta Humana1 (Skinner, 1953), la fuente a la que Skinner, específicamente,
remite al lector de Verbal Behavior para el desarrollo de los temas
metodológicos generales (Skinner, 1957, págs. 11, 23,
130, 145 y sgs.). Se puede ver ahí y en Registro Acumulativo2
(Skinner, 1959, 1961), que Skinner nunca ha sido reticente sobre sus
convicciones metodológicas, ni vago en sus razones para mantenerse
en ellas. Omitiendo toda referencia a estos argumentos, Chomsky crea
la impresión sumamente errónea de que Skinner ha metido
la pata, inocente e impulsivamente, además de olvidarse de
las dificultades inherentes a lo que estaba haciendo. Esto, simplemente,
no es así. Su aplicación del modelo operante básico
al comportamiento verbal, ha ido desarrollándose desde 1934
(Skinner, 1957, vii). Ha sobrevivido a la explicación y a la
crítica de estudiosos informados, pero no del todo convencidos,
intermitentemente desde entonces, tanto en las aulas como en las Conferencias
William James, en Harvard en 1947. El libro de 1957 difícilmente
es, en tal caso, el resultado de un entusiasmo momentáneo.
Se merece un oído más considerado.
En lo que sigue consideraré
por turno las tres críticas metodológicas básicas
de Chomsky y compararé cada una con lo que Skinner dijo de
hecho. El lector debe tener entendido que los asertos subrayados de
la crítica no están explícitos en ningún
sitio del trabajo de Chomsky, sino que simplemente las bosqueja.
Crítica
1
«Verbal Behavior»
es una hipótesis no comprobada que, por tanto, no tiene derecho
a nuestra credibilidad.
Ni Skinner ni Chomsky
usan la palabra «hipótesis» para caracterizar a
Verbal Behavior, pero de hecho, lo es. Skinner evita la palabra, pero
es perfectamente claro sobre lo que está haciendo: «El
énfasis [en Verbal Behavior] se pone en una organización
ordenada de hechos bien conocidos, de acuerdo con una formulación
del comportamiento derivada de un análisis experimental de
una clase más rigurosa. La presente extensión al comportamiento
verbal es, así, un ejercicio de interpretación más
que una extrapolación cuantitativa de resultados experimentales
rigurosos» (Skinner, 1957, pág. 11). Y esto, por supuesto,
es una hipótesis. Los datos para explicarla están fácilmente
al alcance de quien los quiera conseguir. Como Skinner dice: «Los
hechos básicos que se han de analizar [el comportamiento verbal]
son bien conocidos por cualquier persona culta y no es necesario justificarlos
estadística o experimentalmente al nivel de rigor que aquí
se intenta» (Skinner, 1957, pág. 11). El aparato explicativo
que él invoca difiere, ciertamente, del que se utiliza en la
mayoría de las hipótesis psicológicas, ya que
no contiene ningún hecho ni mecanismo ficticio o hipotético,
constando, en su lugar, de leyes del comportamiento bien comprobadas,
basadas en la observación de organismos no verbales que emiten
respuestas no verbales. La hipótesis de Verbal Behavior es,
simplemente, que los hechos del comportamiento verbal pertenecen al
terreno de los hechos a partir de los cuales se ha construido el sistema.
La estratagema de Skinner es encontrar unos referentes plausibles,
en el episodio del lenguaje, para las leyes y términos de su
sistema explicativo: estímulo, respuesta, reforzamiento y motivación.
La relevancia de estas leyes y sus variables componentes para los
hechos verbales, solamente se formula como hipótesis; no es
reclamada dogmáticamente (Chomsky, 1959, pág. 43). Es
posible que se pruebe que la hipótesis es errónea, pero
nuestra confianza previa en su exactitud se ve, por lo menos, reafirmada
por el hecho de que las leyes básicas que invoca han llegado
a ser muy cultivadas e impresionantemente bien investigadas (ver Honig,
1966). También se ha demostrado que están «sorprendentemente
libres de restricciones de especie. Trabajos recientes han demostrado
que los métodos se pueden aplicar al comportamiento humano
sin modificación importante» (Skinner, 1957, pág.
3). En otro sitio, Skinner también enuncia el punto lógico
de que «sería arriesgado afirmar, en este momento, que
no hay diferencia esencial entre el comportamiento humano y el de
otras especies inferiores; pero hasta que se haya intentado referirse
a ambos en los mismos términos, sería igualmente arriesgado
afirmar que sí la hay» (Skinner, 1953, pág. 38).
Verbal Behavior es este intento para el caso del lenguaje.
Las razones de Skinner
para evitar la palabra «hipótesis» en relación
con este tema sólo pueden ser adivinadas. Los psicólogos
confunden fácilmente «hipótesis» con «hipotético»
en el sentido de «imaginario», y en la hipótesis
de Skinner es muy evidente que no contiene ninguna referencia a entidades
causales imaginarias. Todos los hechos, procesos y mecanismos que
se invocan son empíricos y por tanto la hipótesis que
los contiene es, en principio, plenamente comprobable y posiblemente
no se pueda confirmar. Una razón de más peso para evitar
la palabra es, sin embargo, probablemente, que «hipótesis»
puede llevar, curiosamente, a implicar la posibilidad de verificación
experimental, algo que Skinner no ha realizado y que no parece considerar
factible, aunque Verbal Behavior sea rico en datos de observación.
De acuerdo con esta hipótesis, el lenguaje es el producto de
la convergencia de muchas variables concurrentes e interactuantes
en el ambiente natural, lo que no acepta el aislamiento experimental
ni la detección de las variables componentes. De no producirse
la concurrencia y la interacción de muchas variables, de acuerdo
con la hipótesis, no se generaría el lenguaje. La situación
de Skinner se parece a la del astrónomo que «explica»
las mareas como los resultados de muchas atracciones interactuantes.
Nadie ha probado nunca experimentalmente y directamente, ni una ni
otra hipótesis, aunque es sumamente plausible y apoyada por
abundantes datos de observación, lo cual, probablemente, sea
la conclusión más firme a la que nunca podamos llegar.
Chomsky evita la palabra
«hipótesis» en gracia a términos más
pintorescos: «[Skinner] utiliza los resultados experimentales
[de los estudios de laboratorio sobre conducta infra-humana, no verbal]
como prueba del carácter científico de su sistema del
comportamiento, y conjeturas analógicas (formuladas en términos
de una extensión metafórica del vocabulario técnico
del laboratorio) como prueba de su planteamiento. Esto crea la ilusión
de una rigurosa teoría científica con un alcance muy
amplio, aunque, de hecho, los términos que usa en la descripción
del comportamiento de la vida real y de laboratorio pueden ser sólo
homónimos, con, a lo sumo, una vaga semejanza de significado...
con una lectura literal (donde los términos del sistema descriptivo
tienen algún parecido a los significados técnicos dados
en las definiciones de Skinner) el libro no abarca casi ningún
aspecto del comportamiento lingüístico y... con una lectura
metafórica no es más científico que los enfoques
tradicionales sobre este tema...» (Chomsky, 1959, págs.
30-31. El subrayado es añadido). Lo único que se puede
decir realmente es que el lenguaje técnico del sistema de Skinner
se usa en una hipótesis sobre el comportamiento verbal; todos
los términos científicos en las hipótesis no
verificadas son necesariamente «extensiones metafóricas»
y «conjeturas analógicas». Lo que, por lo tanto,
es enigmático es el aspecto peyorativo que «metáfora»
y «analógico» asumen en el pasaje citado.
Aún más
enigmática es la velocidad vertiginosa con la que el argumento
parte de su conjetura de que los términos de la hipótesis
son, por ahora, metafóricos y analógicos, llega hasta
la posibilidad de que esto puede probar que eso es todo lo que son,
y concluye llanamente con el veredicto de que los términos
técnicos que usa no describen el comportamiento verbal. ¡Esto
es ir demasiado de prisa! Esto está por ver. Hasta que la hipótesis
sea sometida a prueba, la aplicabilidad literal (no-metafórica,
no-analógica) de sus términos explicativos permanece
en duda, en el peor de los casos. El único argumento real de
Chomsky para su conclusión de que los términos de la
teoría no son aplicables, de hecho, al comportamiento verbal
está expuesto en la cita anterior. Depende de la sorprendente
posibilidad de que el comportamiento de la «vida real»
y del laboratorio puede ser diferente, como si, de algún modo,
la naturaleza mantuviera dos juegos de leyes naturales, uno para los
laboratorios y el otro para el resto del mundo, de tal forma que cualquier
ley observada en el laboratorio sería, en principio, sospechosa
al ser aplicada a hechos de fuera. Por fascinante que parezca esta
idea no parece viable. Realmente esto no parece propio de la naturaleza.
El hecho es, simplemente,
que todavía no sabemos si el comportamiento verbal está
dentro del dominio del sistema de Skinner y si los términos
técnicos estímulo, respuesta, reforzamiento, son literalmente
aplicables al comportamiento verbal y se pueden conjugar correctamente
como partes funcionales del lenguaje.
Chomsky enarbola consideraciones
especiales para dudar que cada término particular de la teoría
básica sea aplicable al cabo verbal. Lo analizaremos brevemente.
El estimulo. Chomsky
sostiene que Skinner es gravemente responsable por suponer ciertas
relaciones estímulo-respuesta en Verbal Behavior, por ejemplo
«un fragmento musical» como un estímulo para la
respuesta «Mozart», o una determinada pintura para «Holandés»
y una silla roja para «rojo» o «silla». «Puesto
que las propiedades son libres para el que pregunta, podemos explicar
una amplia clase de respuestas en términos del análisis
funcional skinneriano identificando los "estímulos controladores".
Pero la palabra "estímulo" ha perdido toda objetividad
en este uso.» Chomsky entonces continúa y dice: «Los
estímulos ya no son parte del mundo físico exterior;
han sido devueltos al interior del organismo» (Chomsky, 1959,
pág. 32). Esto es un non sequitur. Los estímulos son
«libres para el que pregunta» sólo en hipótesis.
Su quid pro quo es pagadero mediante demostraciones empíricas
del poder suscitador de los estímulos en cuestión. Ninguno
de los pretendidos estímulos reseñados antes parece
descaradamente improbable para esas respuestas y hasta que no haya
fallado una prueba empírica de su control suscitador, nadie
tiene derecho a concluir que estos no son estímulos para esas
respuestas. La conclusión de Chomsky de que un estímulo
supuesto ha perdido su objetividad porque ocurre en una hipótesis,
es simplemente tonta. Skinner no hipotetizó un (hipotético)
estímulo. El estímulo es tan real como siempre. El hipotetizó
que hay una relación de control entre el estímulo real
y la respuesta real. En cuanto a su conclusión de que el estímulo
en una hipotética relación estímulo-respuesta
ha sido, de alguna forma, «devuelto al interior del organismo»,
resulta bastante difícil reconstruir su base. Leyendo lo que
Chomsky dice sobre el tema del estímulo, aquí y en cualquier
otra parte de su crítica, se suscita una creciente sospecha
de que él imagina que designando un estímulo para una
respuesta verbal, designamos su único estímulo y que
un estímulo, en cierto modo, anticipa una respuesta. Critica
la descripción de Skinner de las respuestas «Eisenhower»
y «Moscú» como nombres propios, controladas por
el hombre o la ciudad, porque, frecuentemente, uno dice «Eisenhower»
y «Moscú» cuando el hombre y la ciudad no están
presentes (Chomsky, 1959, pg. 32). Realmente uno lo hace así,
pero esto sólo muestra, como Verbal Behavior repetida y claramente
insiste, que una respuesta verbal puede estar controlada por estímulos
diferentes en ocasiones diferentes. El comportamiento verbal no obedece
a ninguna regla «una respuesta — un estímulo»
y no tiene sentido hablar del estímulo de algo. «Eisenhower»
y «Moscú» se dicen por muchas razones, entre las
que se encuentran la presencia del hombre y de la ciudad. Quizá
la conclusión de Chomsky de que los estímulos de Skinner
para las respuestas verbales se han retirado a la mente del hablante,
se basa en este punto: si yo digo «Eisenhower» cuando
no está presente Eisenhower, entonces él debe estar
en mi mente. ¿Es ésta la dificultad? Sólo si
uno está desatinadamente decidido a conservar a Eisenhower
como el único estímulo para Eisenhower, Realmente es
imposible estar seguro. Sin embargo, está claro en sus conclusiones;
la crítica de Chomsky no es de demasiada ayuda en los asuntos
de explicación causal.
Reforzamiento. Inevitablemente,
Chomsky encuentra insatisfactoria la definición funcional de
Skinner da reforzador (que aumenta la fuerza de cualquier operante
que le precede), diciendo que es «perfectamente inútil
... en el estudio del comportamiento de la vida real [sic], a menos
que, de alguna forma, podamos describir los estímulos que son
reforzantes ...» (Chomsky, 1959, pág. 36). Se queja porque
los reforzadores sólo se pueden identificar a partir del hecho
del reforzamiento, puesto que no se pueden «describir»
en términos de una propiedad correlacionada independientemente
reconocible, universal, tal como el poder de reducción del
drive. Muchos psicólogos comparten esta desaprobación.
Pero la culpa, si es de alguien, es de la naturaleza, no de nuestras
teorías.
De hecho, los reforzadores
parecen tener sólo una propiedad universal: refuerzan, y por
mucha desaprobación que haya, ni añadirá una
propiedad correlacionada, ni refutará el hecho de que realmente
refuerzan.
Hablando con total propiedad,
se puede predecir si un estímulo específico será
reforzante para el comportamiento de cualquier organismo específico,
sin probarlo realmente. Es decir, los reforzadores se pueden predecir,
ya que todos los reforzadores son, o característicos de la
especie (los reforzadores incondicionados) o bien, en la historia
del organismo, han sido apareados con un reforzador incondicionado
(los reforzadores condicionados). Ambas clases son reconocibles antes
de que se haya hecho cualquier tipo de prueba comportamental de su
efecto sobre el comportamiento (aunque es técnicamente imposible
enumerar los reforzadores de la segunda clase en el caso humano).
Más aún, como han demostrado los datos de Premack, todos
los estímulos reforzantes son, por lo menos parcialmente, transcircunstanciales;
reforzarán cualquier operante cuya probabilidad inicial sea
menor que el comportamiento final o pre-final que el estímulo
reforzante mismo ocasiona. En consecuencia, se debe hacer una predicción
de un efecto reforzante futuro, para cualquier estímulo, dado
un hecho de efecto reforzante pasado, así como la información
concerniente a las probabilidades de que la operante sea reforzada
en ese momento y el comportamiento ocasionado por el reforzador. Estas
consideraciones además de proporcionar las bases para la predicción
de qué estímulos reforzarán qué respuestas,
actúan también como restricciones a la apelación
ilícita de reforzadores ad hoc. Todas estas razones restan
al concepto de reforzamiento su «perfecta inutilidad».
El reforzamiento es una influencia comportamental real y poderosa.
Su inclusión en una teoría del comportamiento verbal
se decide sobre la base de su propio papel; llega a ser una necesidad
tanto si es «útil» al analizar un trozo concreto
de conversación casual como si no lo es.
Chomsky parece convencido
de que Skinner reclama que es necesario «un lento y cuidadoso»
reforzamiento, aplicado con «meticuloso cuidado» para
la adquisición y mantenimiento del comportamiento verbal (Chomsky,
1959, págs. 39, 42 [dos veces], 43). Chomsky no cita Verbal
Behavior en este contexto, y el hecho es que Skinner no dice, ni da
a entender, que el reforzamiento del comportamiento verbal deba ser
organizado cuidadosamente o que el reforzamiento diferencial deba
ser «cuidadoso», aplicado con «meticuloso cuidado»
y «lento y cuidadoso» Chomsky, 1959, pág. 42).
La idea es absurda y la implicación de que Skinner lo haya
dicho es, a la vez, desconsiderada y falsa.
Skinner, de hecho, no
pretende explícitamente que sea necesario ningún reforzamiento
para el comportamiento verbal, aunque Chomsky supone que sí
lo hace (Chomsky, 1959, págs. 36, 37, 38). Hace referencias
a fragmentos de Verbal Behavior que no dicen tal cosa, y a Miller
y Dollard (1941) que puede que lo digan. Skinner sí pretende
que el reforzamiento ejerce una potente influencia sobre el comportamiento
verbal y, honradamente, no especifica ninguna otra operación
que lo fortalezca. Nada hay en juego al excluir de la hipótesis
otros mecanismos fortalecedores de la respuesta, tales como el aprendizaje
por imitación o el aprendizaje latente (no reforzado), sí
éstos llegaran a ser demostrables. El sistema no quedaría
entonces destruido o refutado; simplemente sería complementado
por leyes que especificarían las condiciones bajo las que ocurrirían
esos procesos. Chomsky sugiere que es bien conocido que gran parte
del aprendizaje del lenguaje en los niños se produce por imitación
(Chomsky, 1959, pág. 43). Lo mismo, de hecho, hace Skinner
(1957, páginas 55-65), pero además especifica que el
repertorio imitativo (al que él llama ecoico en el caso verbal)
es, él mismo, un producto del reforzamiento. Las pruebas de
una tendencia imitativa innata son muy débiles, de modo que
el problema, tal como Skinner lo vio, era explicar el ecoísmo
cuando ocurre, y dar cuenta de por qué la tendencia imitativa
se restringe gradualmente al pequeño segmento del espectro
vocal que usa la lengua materna, por qué su flexibilidad desaparece
con la edad y por qué el repertorio ecoico implica unas dimensiones
completamente diferentes en comunidades de lenguaje diferentes (tales
como el tono en unas y en otras no). Todos estos hechos son compatibles
con una interpretación basada en el reforzamiento de los orígenes
ecoicos.
En cuanto al aprendizaje
latente (no reforzado), ciertamente es incorrecto concluir que «pocos
investigadores dudan todavía de la existencia del fenómeno»
(Chomsky, 1959, pág. 39). La mayoría de estudios que
Chomsky cita en favor de la existencia del aprendizaje latente revelan
mayormente que los problemas metodológicos implicados en un
experimento crucial sobre esta cuestión son abrumadores. El
asunto no se ha resuelto. Ha sido eludido.
Probabilidad. Chomsky
critica «la extrapolación» de Skinner de la noción
[5ic] de «probabilidad» como si fuera, «en efecto,
nada más que una decisión de usar la palabra "probabilidad"»
(Chomsky, 1959, pág. 35). Esta es la misma objeción
que se le ha hecho a «estímulo» y «reforzador»,
es decir, la palabra se usa en una hipótesis y por tanto no
necesitamos reinterpretar el argumento en ninguno de los dos casos.
Chomsky, además, dice que «El término "probabilidad"
tiene, para Skinner, un significado bastante oscuro en este libro»
(Chomsky, 1959, pág. 34). Curiosa objeción, ya que él
cita (Chomsky, 1959, págs. 29, 34) la definición de
probabilidad de Hull (resistencia a la extinción) como el indicador
básico utilizado por Skinner de probabilidad o «fuerza»
en lugar de la del propio Skinner, que es simplemente la probabilidad
de ocurrencia de una respuesta, medida como una tasa cuando
sea posible, pero como
una frecuencia relativa en cualquier caso. Por tanto, Skinner define
probabilidad exactamente igual que lo hace cualquier otro científico
natural. Todavía más ofensivo para los propósitos
de Skinner, Chomsky parece no captar la diferencia entre la probabilidad
total de ocurrencia de un ítem en el repertorio verbal de un
hablante, que es la frecuencia con la que se da en su lenguaje a través
del tiempo prescindiendo de las circunstancias del momento, y la probabilidad
momentánea de una respuesta dada en un conjunto específico
de circunstancias (ver, por ejemplo, Chomsky, 1959, pág. 34).
Las dos probabilidades son muy diferentes. La probabilidad total de
que cualquier hablante diga, por ejemplo, «penalizar»,
es muy baja; ocurre raramente en comparación con respuestas
tales como «el» o «de». La probabilidad de
que él diga «penalizar» puede llegar, momentáneamente,
a ser extremadamente alta cuanto ve la palabra impresa. De las dos,
la probabilidad total es un asunto típicamente lingüístico,
mientras que los cambios de la probabilidad momentánea son,
en cierto sentido, el punto clave del problema del psicólogo,
puesto que reflejan la relación entre el lenguaje y sus variables
de control. ¿Bajo qué condiciones emite un organismo
un ítem de los de su repertorio? El simple hecho de conocer
el repertorio no nos dice absolutamente nada sobre esto. Si Chomsky
realmente no vio, de hecho, esta diferencia, es imposible imaginar
qué pudo significar para él el resto de Verbal Behavior
y no hay que extrañarse de que lo juzgara con tal asombro y
consternación.
Las probabilidades momentáneas
del comportamiento verbal son difíciles de apreciar en la práctica,
porque el indicador experimental más sensible en la investigación
no verbal, la tasa, no es útil: las respuestas verbales fuertes,
normalmente, no se repiten varias veces. Skinner menciona algunos
efectos de la producción que, en ocasiones, pueden reflejar
la fuerza de una emisión no repetida, única, tales como
volumen, velocidad de la producción, o la repetición,
si es que ocurre. Sin embargo, Skinner dice de ellas, inmediata y
explícitamente, que no son fiables: «Es fácil
sobre valorar la significación de estos indicadores (Skinner,
1959, pág. 25; se hacen advertencias adicionales en las páginas
27 y 141.)» Por lo tanto, de alguna forma, es chocante que a
pesar de las refutaciones de Skinner, Chomsky le impute a su hipótesis
la afirmación de que una respuesta fuerte debe ser «dicha
a gritos» (Chomsky, 1959, pág. 35) o vociferada «frecuentemente
y en un tono de voz agudo» (Chomsky, 1959, pág. 52).
Tanto más para
la extrapolación del sistema fuera del laboratorio. Chomsky
condena el argumento porque sí.
Crítica
2
Los términos
técnicos de Skinner son meras paráfrasis de abordajes
más tradicionales del comportamiento verbal.
Este punto es de una
gran fuerza en la crítica de Chomsky. También hace esa
crítica con los términos de Skinner «estímulo»
(Chomsky, 1959, págs. 32, 33, 48, 50), «privación»
(Chomsky, 1959, págs. 46, 47), «reforzamiento»
(Chomsky, 1959, pág. 38) y «probabilidad» (Chomsky,
1959, pág. 35).
Como, de algún
modo, ocurre con las críticas de Chomsky, ésta tiene
varias facetas completamente independientes. La primera es una especie
de premisa, según la cual el vocabulario técnico skinneriano,
simplemente, da un nombre nuevo a una noción vieja, de una
forma nueva pero más prestigiosa. Yo creo que esto, obviamente,
es completamente falso. La segunda es una conclusión en el
sentido de que, siendo una paráfrasis, el término técnico
no es, por tanto, más objetivo que su contrapartida tradicional,
lo cual, yo creo, no es ni una consecuencia de la primera premisa,
ni es correcto. Ambas nociones se ligan a través de las siguientes
frases de la crítica, aunque se pueden encontrar también
en otros ejemplos: «Su análisis es, fundamentalmente,
el mismo que el tradicional, aunque expresado con mucho menos cuidado.
En especial, difiere solamente por la paráfrasis indiscriminada
de nociones tales como denotación (referencia) y connotación
(significado), que en las formulaciones tradicionales han sido dejadas
claramente aparte, en términos del vago concepto "control
por el estímulo" (Chomsky, 1959, pág. 48). Veamos
qué se puede decir a esto.
Aunque Skinner no lo
hizo, probablemente sería un buen servicio si se diera una
paráfrasis científica y técnica de términos
mentalistas tradicionales tales como «referir», «denotar»,
«significado», «querer», «simpatía»,
etcétera, de cada uno de los cuales, dice Chomsky, que Skinner
lo ha empaquetado dentro de uno u otro de sus términos técnicos.
Para hacer esto, uno empezaría con un término tradicional,
«referir» por ejemplo, y daría una explicación
funcional de las condiciones que controlan su ocurrencia (más
o menos su «uso»). Si uno se pusiera a hacer esto, sin
embargo, descubriría rápidamente que no todos los casos
de lo que llamamos, indiscriminadamente, «referencia»
implican algo parecido a las mismas relaciones funcionales de control;
uno, por tanto, no puede encontrar una paráfrasis consistente,
entre los términos de una relación funcional, para la
noción de referencia. Como hemos visto, uno se puede «referir»
a Eisenhower dondequiera que él esté en relación
con el hablante, pero mientras la relación de referencia entre
la respuesta y el hombre permanece, de este modo, constante, el control
de la respuesta puede variar entre estímulos tales como la
presencia física del hombre mismo, o su foto, o su nombre impreso,
o su nombre dicho por otra persona o algún otro estímulo
verbal, tales como «Ike» o «el marido de Mammy».
Solamente en uno de los ejemplos el estímulo controlador de
la respuesta es también la persona a la que se hace referencia.
Los restantes estímulos controlan la respuesta, pero la respuesta
no hace referencia a ellos.
Referencia y estimulación
también difieren diametralmente en la dirección de su
influencia: un estímulo actúa desde el ambiente sobre
el hablante para controlar su comportamiento verbal, mientras que
en la referencia la respuesta del hablante actúa sobre el ambiente
para particularizar los componentes del estímulo. Tenemos una
analogía en la vieja teoría de la visión según
la cual se suponía que los vapores emanaban del ojo para entrar
en contacto con el ambiente, como en la dinámica de referencia,
y como opuesto a la moderna opinión según la cual los
objetos son vistos cuando la luz que emana de ellos (o es reflejada
por ellos) controla el ojo, como en el papel del estímulo.
Para completar del todo el catálogo de la no equivalencia,
sólo debemos darnos cuenta de que muchas respuestas verbales
que están controladas por estímulos no tienen referentes
en absoluto (por ejemplo «¡Maldición!») y
también que el concepto de «control por el estímulo»
implica causalidad, que no está implicada en «referencia».
Referencia es simplemente una relación entre el mundo y un
ítem del lenguaje (como opuesto a un ítem del comportamiento
real de un hablante, distinción que Chomsky se obstina en eludir).
En resumen, ningún
término técnico del análisis causal verbal de
Skinner abarca todos los casos de referencia (ni lo ha pretendido),
y el término control por el estímulo abarca mucho de
lo que no es referencia en el sentido tradicional. El mismo argumento
se puede utilizar para la no equivalencia de los otros términos,
privación, reforzamiento y probabilidad, con otros términos
más tradicionales; si éstos son simplemente paráfrasis,
no coinciden inequívocamente e isoméricamente, término
a término. Curiosamente, Chomsky parece intuir esto también
y así critica la paráfrasis conductista ¡por oscurecer
los conceptos tradicionales! Teniendo todo esto en cuenta, parece
obvio por completo que el término «paráfrasis»
es sencillamente inapropiado en este contexto. El análisis
de Skinner no es más una paráfrasis del mentalismo lingüístico-filosófico,
que la física moderna lo es del panteísmo. Simplemente
convergen, pero desde direcciones completamente diferentes y con credenciales
totalmente distintas, sobre algunos aspectos de los mismos campos.
Tanto si es una «mera»
paráfrasis de la explicación tradicional como si no,
el análisis de Skinner es mucho más objetivo y menos
vago que el tradicional y, por tanto, científicamente, es preferible.
Cada término, en la explicación
de Skinner, nombra alguna
cosa real que debe estar físicamente implicada y ser localizable
en cualquier hecho verbal para el que sea invocado. Esto es objetividad.
Si en su hipótesis Skinner invoca un estímulo concreto
para explicar la ocurrencia de una respuesta, está diciendo
que, por lo menos alguna de las ocurrencias de esa respuesta se debe
a la presencia física de ese estímulo concreto. El hallazgo
de que la respuesta ocurre también otras veces no refuta los
hechos del control por el estímulo; simplemente significa que
se deben descubrir otras variables de control (generalmente también
otros estímulos) para esas ocurrencias. La noción de
control como una relación es, en sí misma, perfectamente
objetiva. Para hacer una reclamación similar sobre la objetividad
de términos tales como «referencia» (y «deseo»,
«querer», «gustar», etc.) lo primero que habría
que presuponer sería su definición en términos
de algunas dimensiones físicas. Pero esto, inmediatamente,
sería otra «mera paráfrasis» de estos términos
en la cual, si seguimos a Chomsky, en lugar de que el mentalismo ganara
objetividad, la definición de dimensiones físicas estaría
predestinada, por alguna alquimia lógica, a perder su objetividad.
Es ésta una tesis muy curiosa.
En la recensión
de Chomsky esta crítica particular ocupa una gran parte del
espacio total y encierra mucho de su aparente empuje y de sus frases
más enérgicas. No es frecuente que un crítico
llegue a estar tan sobreexcitado como para permitirse caracterizar
al autor al que critica, como empleando «un grave engaño»
(Chomsky, 1959, página 38). Pero aquí sí ocurre.
Crítica
3
El lenguaje es un comportamiento
complejo cuya comprensión y explicación requieren una
compleja teoría, mediadora, neurológico-genética.
Chomsky expresa su sorpresa
por «las cuidadosas limitaciones que [Skinner] ha impuesto en
la forma como se debe estudiar lo observable del comportamiento y,
sobre todo, la naturaleza especialmente simple de la "función"
[sic] que, según pretende, describe la causalidad del comportamiento»
(Chomsky, 1959, pág. 27). El sistema básico explicativo
de Skinner es en verdad simple, en comparación con la complejidad
del campo que pretende cubrir. De todas formas no es tan simple como
para reducirlo a una única función; tiene muchas variables
y por lo menos tantas funciones como variables. En el análisis
científico se acostumbra reducir los fenómenos complejos
a sus procesos componentes, cada uno de los cuales parece sencillo
cuando se define aisladamente por medio de las técnicas de
control del laboratorio. En el ambiente natural (curiosamente llamado
vida «real» por Chomsky) los componentes se recombinan
e interactúan para originar propiedades que ninguno de ellos,
aislado, explica por completo. De acuerdo con la hipótesis
de Verbal Behavior, una de esas propiedades que parece emerger es
la gramática, de la que hablaremos más tarde. Es suficiente
decir que una teoría del comportamiento verbal que no tiene
leyes especiales generadoras de la gramática puede, a pesar
de todo, ser capaz de generar productos que tengan propiedades gramaticales.
La relación general del campo del comportamiento verbal con
las leyes del comportamiento general es reduccionista; lo complejo
se explica en términos de lo simple. Un sistema de leyes sencillas
que pueden originar productos complejos, se dice, tiene elegancia
científica. Conforme vamos pasando del comportamiento no-verbal
al verbal, es más económico suponer que la naturaleza
no nos ha dado un nuevo y completo juego de leyes del comportamiento
justamente para este nuevo aspecto del mismo; ni siquiera las mutaciones
genéticas explican tamaña ficción. Esta suposición
de que las leyes del comportamiento son, de este modo, suficientemente
generales como para explicar el caso verbal, no es una pretensión
de que son suficientes; es una hipótesis de trabajo en favor
de que probarán serlo.
En la crítica
de Chomsky existe una omisión curiosa, considerando que se
extraña explícitamente de la simplicidad de la explicación
de Skinner. Concretamente no menciona en ningún sitio la posibilidad
de que las leyes sencillas que contiene la explicación puedan
actuar en concurrencia, y por tanto interactuar de tal forma que modifiquen
los propios efectos, convergiendo en un ítem particular del
comportamiento verbal, haciendo de él algo que no esté
controlado por una de ellas sola. La omisión es de lo más
curioso cuando uno descubre que se dedica toda una sección
de Verbal Behavior a elaborar esta posibilidad (Skinner, 1957, parte
III: págs. 227-309). Las referencias a las posibilidades de
efectos especiales debidos a múltiples causas empiezan a aparecer
en Verbal Behavior tan al principio como la página 42, y se
repiten frecuentemente a todo lo largo del resto del libro. Una lectura
cuidadosa de todo el libro demuestra que cuando se hace justicia al
sistema completo, no se limita, en absoluto, a explicar sólo
el comportamiento simple.
En ningún área
de la Psicología es más claro y agudo el contraste entre
la «simplicidad» y la «confusión» que
en el caso del comportamiento verbal. El psicólogo S-R se encuentra
realmente en el extremo simple de las cosas, suponiendo, como él
hace, que el comportamiento verbal se puede reducir a sus procesos
constituyentes, que éstos serán funciones más
simples que el lenguaje y que serán familiares. Esta es la
Psicología del no más que (nothing-but). De hecho, si
su análisis no revela relaciones simples y unívocas
en un nuevo campo, el psicólogo S-R tiende a sospechar que
ha especificado unas variables erróneas en la parte del input
o unas dimensiones equivocadas en el output, y entonces lo intentará
de nuevo en otra parte. La alternativa a la simplicidad es la confusión,
que encuentra inconcebible que la complejidad pueda estar formada
por cosas simples y abandona la posibilidad de explicaciones sencillas
por considerarlas «triviales», «muy poco esclarecedoras»
o «no interesantes», ansiando una teoría compuesta
de algo más, y estando en la certeza de que tal cosa es necesaria.
La historia de la ciencia, probablemente, se encuentra en el lado
de la simplicidad. En el caso del comportamiento verbal, en este momento
es el método de la ignorancia el que tiene éxito, como
puede ocurrir siempre en una confrontación simplicidad-confusión.
Skinner plantea la hipótesis de que probará ser el lenguaje
como cualquier otro comportamiento operante, cuando lo entendamos,
y que puede descomponerse en procesos componentes (parciales). Chomsky
encuentra en sus misterios no analizados una justificación
para presuponer innovación y complejidad causal. Dice: «En
el momento actual de nuestros conocimientos, debemos atribuir una
abrumadora influencia sobre el comportamiento real a los factores
mal definidos de atención, tendencia, volición y capricho»
(Chomsky, 1959, pág. 30; el subrayado es nuestro). Esto es
una afirmación muy notable. Animamos al lector a que se proponga
esto como base para la construcción de una teoría; he
aquí un sustituto para el conocimiento.
TÉRMINOS
MEDIADORES
Se dice que las leyes
de Skinner son funcionales porque describen relaciones directas entre
cada una de las diversas variables controlantes (estímulos
provocadores, reforzamiento, estados motivacionales) y las probabilidades
de cada momento de los diferentes comportamientos en el repertorio
de un individuo. Es decir, él no invoca otros hechos, procesos
o mecanismos que se hayan hipotetizado o creado con el propósito
de mediar entre el comportamiento y sus determinantes empíricos.
Esta omisión, a veces, se interpreta erróneamente como
una negación de que existan mecanismos mediadores; obviamente
existen, obviamente son neurológicos y asimismo obviamente
están ellos mismos sujetos a leyes (ver Skinner, 1953, pág.
28; 1957, pág. 435). Puesto que están sujetos a leyes,
estos hechos, procesos y mecanismos mediadores generan y mantienen
covariaciones funcionales sujetas a leyes entre las variables de control
del conductismo molar y el comportamiento que controlan. El argumento
en sí es sencillo y Skinner ha hecho un amplio uso de él
(ver especialmente Skinner, 1959, 1961, págs. 39-69). Dicho
autor considera innecesarios tales términos teóricos;
pueden originar una investigación cuya única utilidad
sea negar la entidad mediadora o redefinirla sin incrementar nuestro
conocimiento sobre las variables que controlan el comportamiento;
pueden llegar a ser el foco absorbente de una indagación y
así desviar la atención del comportamiento mismo; y
pueden llegar a ser un «refugio huyendo de los datos»,
como ha tendido a pasar con la motivación en psicología.
A menudo, es simplemente «lo que varía de forma que explique
de otra manera la variabilidad inexplicada del comportamiento».
Chomsky no se refiere
a los argumentos de Skinner de por qué omite los constructos
mediadores, pero aparentemente no le afectaron demasiado, considerando
la violación de sus propios presupuestos como una razón
suficiente para ignorarlos: «Uno esperaría, naturalmente,
que la predicción del comportamiento de un organismo complejo
(o de una máquina) requeriría, además de la información
sobre la estimulación externa, el conocimiento de la estructura
interna del organismo, las formas como procesa la información
y organiza su propio comportamiento» (Chomsky, 1959, pág.
27). Quizás uno lo esperaría, pero no lo necesita. Es
perfectamente posible y suficiente conocer simplemente que «la
estructura interna» del hablante ... «procesa información»
de forma que origina unas relaciones sujetas a leyes entre las circunstancias
del hablante (pasadas y presentes) y su lenguaje. A menos que uno
sea un neurofisiólogo, no es necesario en absoluto saber cómo
trabaja la estructura interna, ni qué estructuras están
implicadas. El conocimiento por parte del psicólogo de cómo
sucede esto, no mejoraría la precisión en predecir el
comportamiento a partir del conocimiento de las circunstancias del
hablante, ni este conocimiento haría que las leyes funcionales
del comportamiento existentes fueran más ciertas, ni podría
demostrar que son falsas. Por supuesto, es simplemente falso que uno
no pueda predecir con precisión el comportamiento, incluso
el comportamiento complejo, sin saber y sin tener en cuenta la estructura
y los procesos internos del que actúa; lo hacemos continuamente.
En realidad, nuestro conocimiento actual de las leyes funcionales
del comportamiento precede bastante y sobrepasa a ambos, a nuestro
conocimiento e incluso a nuestras teorías, sobre los mecanismos
mediadores implicados. Por ejemplo, hasta donde yo puedo decir, los
hechos comportamentales del reforzamiento son, actualmente, tan bien
conocidos y seguros que las teorías sobre los detalles de su
mediación ya no son de gran interés. Cuando se mantiene
el interés por las estructuras mediadoras, son los datos comportamentales
quienes las iluminan, y no a la inversa.
LOS MEDIADORES
NEUROLÓGICO-GENÉTICOS
Aunque Chomsky localiza
los mediadores omitidos en varios sitios, ya en la estructura interna
del organismo, ya en alguna actividad pre-comportamental procesadora
y organizadora, o, a veces, en procesos gramaticales más profundos,
está claro, a partir de sus más detallados ejemplos,
que intenta localizarlos precisamente en el cerebro, y además
que él suponía que estaban ahí, en gran parte,
por una predeterminación o pre-programación genética.
Hasta donde yo alcanzo,
está prácticamente en lo cierto en ambas estimaciones,
ninguna de las cuales tiene la más mínima relevancia
en relación con la cuestión sobre la validez de la hipótesis
de Skinner, aunque, para Chomsky, aparentemente, tienen alguna importancia
crucial, a pesar de lo evasivo que demuestra ser cuando uno trata
de describirlo.
En relación con
los mediadores neurológicos en general, dice: «cualquiera
que se plantee el problema de analizar las causas del comportamiento
se interesará (en ausencia de datos neurofisiológicos
independientes) por los únicos datos disponibles, es decir,
el registro de los inputs del organismo y la respuesta actual del
organismo, y tratará de describir la función [sic] especificando
la respuesta en términos de la historia de los inputs»
(Chomsky, 1959, pág. 27). El psicólogo se encuentra
situado ante una extraña luz, sustituyendo «los únicos
datos disponibles», el comportamiento, pero realmente sólo
dejando pasar el tiempo hasta que la neurología pueda captar
y darle todas las explicaciones reales del comportamiento. Dejando
aparte su condescendencia, los hechos y la lógica de la afirmación
de Chomsky son, ambos, equivocados. Los hechos son que no estamos
meramente intentando «especificar» el comportamiento en
términos de su historia pasada y de las circunstancias actuales
(el «input» al que se refería); lo estamos haciendo
así, y con creciente exactitud. La ley (funcional) del reforzamiento
es un recurso predictivo (¿especificador?) enormemente poderoso.
Por lo menos lo es para el comportamiento no verbal; y nadie puede
decir que no sea poderoso también para el comportamiento verbal.
La lógica, como vimos en la sección anterior, es que
se puede establecer completamente una ley funcional válida
sobre la base de los únicos datos disponibles y no necesita
«datos independientes» neurofisiológicos».
La ley funcional del reforzamiento, además de ser potente,
es un hecho empírico establecido. No es una teoría que
espera la validación neurológica.
La posibilidad de que
ciertos aspectos del comportamiento verbal pueden ser predeterminados
genéticamente parece estar cargada de un especial significado
para Chomsky. Parece perfilar, por lo menos, dos conclusiones de tal
posibilidad; una es que si el cerebro está de hecho preprogramado
genéticamente para tal comportamiento resulta de lo más
obvio que la estructura del cerebro se debe «considerar»
en la explicación del comportamiento. La segunda es que el
hecho de la predeterminación genética es incompatible
con los hechos del reforzamiento. ¿Son válidas estas
inferencias? Consideremos la primera. Recordemos que Skinner explicaba
el comportamiento verbal imitativo como el producto del reforzamiento
de respuestas «ecoicas». Chomsky dice de esto: «...
sin embargo, es posible que la aptitud para seleccionar, a partir
del input auditivo complejo, aquellos rasgos que son fonológicamente
relevantes se pueda desarrollar en gran parte por medio de la maduración
determinada genéticamente». Entonces él continúa
diciendo: «En la medida en que esto sea cierto, una explicación
del desarrollo y de las causas del comportamiento que deje de considerar
la estructura del organismo, no proporcionará ninguna comprensión
de los procesos reales implicados» (Chomsky, 1959, pág.
44). Difícilmente sabemos por dónde empezar. Lo primero
es que no es necesario «considerar la estructura del organismo»
en las leyes psicológicas, prescindiendo de cómo se
programó el cerebro. No hay nada único sobre el status
lógico de un mediador programado genéticamente. En la
medida en que el cerebro esté programado, mantendrá
unas covariaciones sujetas a leyes entre los «estímulos
fonológicamente relevantes» y el comportamiento ecoico,
y una ley funcional que se refiera solamente a tales estímulos
y al comportamiento, se puede escribir sin hacer referencia al cerebro
y a su «programa». Segundo: si la preprogramación
genética es una característica de los «procesos
reales implicados» en la respuesta ecoica, este hecho se revelará
a través de la «consideración» del comportamiento
del organismo, no de su estructura, y normalmente aparecerá
como un parámetro del reforzamiento. El comportamiento determinado
genéticamente es el que no se ha de aprender. Aunque a un cierto
nivel, el cerebro explica el comportamiento, en las tácticas
de los descubrimientos científicos es el comportamiento lo
que nos explica el cerebro. Y todavía una vez más, desde
el punto de vista del psicólogo, los procesos «reales»
implicados en lo ecoico son la presentación de un «estímulo
fonológicamente relevante» y la ocurrencia de una respuesta
ecoica.
El segundo ejemplo neurológico
de Chomsky viene a decir simplemente que el comportamiento gramatical
debe estar, similarmente, pre-programado. De todas formas, su entraña
es más compleja que esto, ya que, obviamente, es necesaria
alguna experiencia para el comportamiento gramatical, además
de su base genética. El ejemplo es doblemente importante porque
parece que ha sido adoptado, muy seriamente, por muchos psicolingüistas
(ver especialmente Lenneberg, 1964, 1967). Chomsky dijo: «Mientras
estemos especulando, podemos considerar la posibilidad de que el cerebro
ha evolucionado hasta el punto en que, dado un input de frases chinas
observadas, él produce (por una "inducción"
de complejidad y rapidez fantásticas) las "reglas"
de la gramática china, y dado un input de frases inglesas observadas,
produce (por medio, quizá, de un proceso exactamente igual
de inducción) las reglas de la gramática inglesa; o
que dada una aplicación de un término observada en ciertos
casos, automáticamente predice su extensión a una clase
de casos relacionados de forma compleja. Si se reconoce claramente
como tal, esta especulación no es ni irrazonable ni fantástica...»
(Chomsky, 1959, pág. 44). Ni, ¡ay!, es particularmente
pertinente. Como hicimos ver al tratar del comportamiento verbal ecoico
o imitativo, el solo hecho de que el cerebro haya evolucionado no
obliga a introducirlo como mediador en una ley funcional.
Tampoco el hecho de
que el cerebro haya evolucionado nos dice nada útil sobre cómo
«produce» las «reglas» de la gramática.
Sea lo que sea lo que pueda significar exactamente, no puede haber
duda de que el cerebro humano ha evolucionado hasta el punto en que
tiene capacidad para mediar en la adquisición del comportamiento
gramatical. Esto, en sí mismo, no dice nada sobre si el proceso
de adquisición implica el tipo de aprendizaje por imitación
u observación, supuesto en el ejemplo, o, en lugar de ello,
el aprendizaje por reforzamiento. La capacidad de aprender por imitación
u observación no es ciertamente un síntoma diagnóstico
peculiar o único de un avance evolutivo y, como hemos visto,
la posibilidad de algún proceso de adquisición distinto
del reforzamiento, no es negada en el sistema de Skinner.
No hay incompatibilidad
grave, ni siquiera una moderada inconsistencia, entre los principios
de la evolución genética y el principio del reforzamiento.
El reforzamiento tiene muchos puntos de contacto, necesariamente,
con la genética. La reforzabilidad es, en sí misma,
una característica genéticamente determinada; los organismos,
simplemente, nacen reforzables (con capacidad para ser reforzados).
Han evolucionado de esta forma. El hecho de que los organismos lleguen
a actuar es debido a una determinación genética. La
generalización del estímulo y la inducción de
la respuesta son características genéticamente determinadas.
La única incompatibilidad entre la determinación genética
y el aprendizaje por reforzamiento es que si algún comportamiento
está totalmente determinado genéticamente, como ocurre
con los reflejos incondicionados, entonces no hace falta aprendizaje
para explicar el que ocurran. Tales comportamientos, difícilmente
«refutan» la teoría del reforzamiento, por supuesto.
Si en alguna medida
el comportamiento gramatical es de hecho debido a una predeterminación
genética de una gran especificidad, es ya otro asunto. Obviamente,
no hemos heredado un juego especial de neuronas gramaticales, preenlazadas
de tal forma que ordenen las respuestas verbales en unas ciertas secuencias
estándar. Como mucho, podemos suponer que hemos heredado una
predisposición para aprender el comportamiento gramatical,
y para hacerlo de una cierta forma. El hecho, si es que es un hecho,
de que existan universales gramaticales, difícilmente nos anima
a adoptar, la hipótesis de una «red nerviosa gramatical
heredada»; si los aprendices del lenguaje en cualquier sitio,
comparten un mecanismo dinámico común de adquisición,
en cierto modo sencillo, tal como el reforzamiento (lo cual es así),
deberíamos esperar que adquirieran unos repertorios de comportamiento
complejos, verbales y no-verbales, que tuvieran muchas propiedades
en común (lo cual es así). Cualquier limitación
en la variedad comportamental sugerida por los universales del comportamiento
puede, simplemente, reflejar una limitación impuesta por el
proceso de reforzamiento y, posiblemente, algunas características
estructurales del cerebro tales que sólo pueda aprender a ordenar
las respuestas verbales en un número claramente limitado de
formas, debido, ciertamente, a la simplicidad del proceso de reforzamiento
y a la fijeza del cerebro.
El hecho de que algunos
niños, pero no todos en absoluto, adquieran el comportamiento
gramatical a una edad bastante temprana y bastante rápidamente
(Chomsky encuentra «fantástica» su rapidez) no
requiere una red nerviosa gramatical heredada, previamente establecida,
ni, incluso, algo que tenga mucho que ver con una fuerte prepotencia
genética para el aprendizaje de la gramática. Como hemos
visto, no hay nada en el proceso de reforzamiento, per se, que requiera
que sea lento y laborioso, como Chomsky, tan insistentemente, afirma
que es (Chomsky, 1959, págs. 39, 42). De hecho, ciertas respuestas
simples se condicionan con un solo reforzamiento, incluso en organismos
inferiores, y el niño no es un organismo inferior. La dinámica,
aunque no los valores de los parámetros, de los procesos de
reforzamiento del niño, se parecerán a los de la paloma.
La aplicabilidad de la ley al niño no está en cuestión
simplemente porque el proceso ocurre a una tasa más rápida.
El que un niño
aprenda ciertos órdenes, tales como las secuencias adjetivo-nombre
y actor-acción sobre la base de una muestra relativamente pequeña
a partir del enorme número de tales ejemplos, demuestra simplemente
que el niño es capaz de hacer abstracciones complejas y generalizar
a partir de ellas a otras situaciones nuevas. El valor de un parámetro
nos puede sorprender, pero esto no prueba que los procesos de generalización
del estímulo y la inducción de la respuesta no sean
aplicables.
En resumen, la hipótesis
de Skinner concierne a cómo se hace todo lo que la predeterminación
genética de la adquisición de la gramática va
dejando por hacer. Las dos clases de determinantes son complementarias,
no antagónicas. A la inversa. Es claramente inconsistente argüir
que, puesto que podemos haber heredado una disposición para
el comportamiento gramatical, no podríamos haberlo aprendido
por medio del reforzamiento. Ambas cosas, la evolución y la
teoría del reforzamiento, aclaran que lo que pervive comportamentalmente
es lo que aumenta las oportunidades de supervivencia, o, en términos
generales, lo que refuerza.
COMPORTAMIENTO
GRAMATICAL
Las palabras de Chomsky
sobre las variables que controlan el comportamiento gramatical sugieren
que él ve la necesidad de postular un mecanismo mediador para
este aspecto concreto del lenguaje, especialmente sutil y, aparentemente,
obvio. Dice, por ejemplo, que «El niño que aprende una
lengua, en cierto sentido, se ha construido la gramática él
mismo ... esta gramática es de un carácter extremadamente
complejo y abstracto, ... el niño ha tenido éxito en
llevar a cabo lo que, desde un punto de vista formal, como mínimo,
parece que es un notable tipo de construcción teórica»
(Chomsky, 1959, pág. 57). Esta «gramática»
es, por tanto, una teoría, o, a veces, «reglas»,
y más recientemente «competencia». Se trata de
una cosa que el niño, y posteriormente el adulto, tiene y usa.
Esto se manifiesta de dos formas: como un recurso de comprensión
cuando su poseedor escucha, y como un recurso generador cuando habla.
En consecuencia, la palabra gramática se usa de muchas formas.
Es el nombre de la competencia, o de las reglas, o de la teoría
que el hablante ha construido o heredado o aprendido; es el nombre
de una propiedad perceptiva de las frases estímulo que él
oye o lee; y es una propiedad de su comportamiento cuando él
mismo habla realmente. Lo primero, de hecho, subyace en los otros
casos y actúa, indistintamente, de mediador en ambos.
Mientras funciona durante
la escucha, la construcción de la gramática recibe el
input en forma de frases estímulo, oídas o leídas,
sobre las que va a actuar en orden a «distinguir frases de no-frases,
entender nuevas frases (en parte), darse cuenta de ciertas ambigüedades,
etc.» (Chomsky, 1959, pág. 56). Presumiblemente también
comunica sus decisiones, de alguna forma, al resto de la persona,
aunque es dudoso el interés que podría tener en un flujo
constante de diagnósticos sobre si una cosa es una frase o
no lo es. A cualquier tasa, la actividad implicada se reconoce con
facilidad, simplemente como discriminación de un estímulo.
No hay razón alguna para rechazar un análisis S-R, ni
nada que nos fuerce a hipotetizar una construcción teórica
subyacente. Casi cualquier conjunto de diferentes objetos estímulo,
incluyendo las frases que uno oye, se pueden clasificar en clases
o subconjuntos que tengan alguna propiedad en común y que difieran
de otros subconjuntos en alguna propiedad. En este sentido, los oyentes
probablemente aprenden a discriminar ciertos tipos de frases, pero
en estas discriminaciones no hay nada exclusivo de los estímulos
gramaticales, no hace falta ningún mecanismo perceptivo especial,
independiente, o un proceso perceptivo nuevo por parte del que escucha.
La discriminación de frases, que llega a ser altamente sofisticada
en la lingüística, agota, probablemente, la base empírica
a partir de la cual se pueden hacer las inferencias sobre la estructura
de la construcción subyacente de la gramática del hablante.
Es decir, nuestro conocimiento de la «competencia» de
cualquier hablante, necesariamente, será un producto de nuestra
percepción de sus frases emitidas realmente, con la adición
de algunas otras inferencias empíricas.
Pero ¿qué
puede decirnos el lenguaje por sí solo sobre las causas reales
del lenguaje, incluidos sus determinantes gramaticales? Nada inequívoco:
el hecho de que en el comportamiento verbal observado de un individuo,
haya una dimensión del estímulo identificable como «gramática»,
no implica, de ningún modo, que haya alguna variable causal
única llamada «gramática» que esté
actuando en la producción de su comportamiento verbal. Un sistema
causal sencillo que no tenga axiomas de estructuración puede
generar unos resultados altamente estructurados, en los cuales la
estructuración sólo aparezca representada como tal en
el resultado, aunque predecible a partir de la comprensión
de los componentes y de las interacciones de las variables causales
no estructuradas.
Así por lo menos
conceptualiza Skinner los procesos autoclíticos, definidos
en Verbal Behavior como «el comportamiento verbal que depende
o está basado en otro comportamiento verbal» (Skinner,
1957, pág. 315). La formulación es oscura y difícil
y exige acostumbrarse a ella. Ciertamente es la parte más compleja
de la hipótesis de Skinner, aunque sus complejidades son intrínsecas
a la interacción que se supone existe entre lo que son procesos
componentes más bien sencillos. De acuerdo con la formulación,
el lenguaje puede empezar cuando el hablante tenga algo que decir,
una disposición a responder debido a su estímulo actual
y a las circunstancias motivacionales. Este lenguaje «primario»
es fragmentario, en el sentido de que no incluye puramente formas
sintácticas; está desordenado en el sentido de que hay
muchas respuestas disponibles a la vez y no tiene gramática.
Dado algo que decir, el hablante puede entonces responder autoclíticamente
a ciertos aspectos, específicamente a su fuerza y orígenes,
ordenándolo y comentándolo conforme aparece en su lenguaje.
En términos del análisis de Skinner, este comportamiento
es, simplemente, una clase compleja de tact. El tact mismo, sin embargo,
no es en absoluto genéricamente un proceso gramatical, e incluye
muchas cosas que no son gramática. La gramática no es
lo primero, sino los elementos del lenguaje. Estos incitan al lenguaje
en el que la gramática emerge como la forma en que estos elementos
se ordenan literalmente ellos mismos.
El comentario de Chomsky
sobre esta hipótesis se ha situado, modestamente, en una nota
a pie de página Chomsky, 1959, nota 45, pág. 54) que
dice: «Se podría argüir, de la misma forma, que
lo exactamente opuesto es verdad», y no hay duda de que en este
estado del conocimiento se podría hacer. Y esto es lo que hace
Chomsky suponiendo, siguiendo a Lashley (1951), que la estructura
sintáctica es «un modelo generalizado' impuesto sobre
los actos específicos conforme ocurren» (Chomsky, 1959,
página 55). Así se dice que la gramática pre-existe
fuera del comportamiento verbal y ejerce una influencia causal sobre
él. La conclusión de Lashley se basaba, y sólo
así considerada es pertinente, en un análisis S-R del
orden gramatical, que hipotetiza que el comportamiento gramatical
es un resultado de un proceso izquierda-derecha de encadenamiento
intraverbal. Pero la hipótesis autoclítica de Skinner
no implica un encadenamiento intraverbal izquierda-derecha. Muy diestramente
(y casi ciertamente con un conocimiento completo del artículo
de Lashley) sitúa las necesarias variables de control en las
interrelaciones entre las respuestas verbales fragmentarias «primarias»
que, simultáneamente, no seriadamente, están a disposición
del hablante.
Skinner explica la instigación
y determinación del comportamiento verbal, gramática
incluida, en términos de ciertas variables externas al episodio
mismo del lenguaje, con un paso autoclítico secundario, añadido
una vez la instigación está en marcha. Por otro lado,
Chomsky no dice nada en absoluto sobre cuál debiera ser la
forma de input que, similarmente, desencadenaría la construcción
gramatical cuando se deba producir el lenguaje, ni lo que sería
gramatical ni cómo seleccionar una posible transformación
para decirlo, etc. Hasta cierto punto se puede decir que una variable
de control, según Chomsky, para la producción del lenguaje
—gramática, reglas, competencia— permanece fuera
del alcance, en algún lugar del cerebro, inerte y aislada por
completo de cualquiera de las variables del input que pudiera jamás
alcanzarla, por decir algo. A menos que se acepte algún input
externo, uno debe suponer que la construcción gramatical se
regula a sí misma, lo cual es una noción aberrante.
Nadie habla pura gramática. Todas las frases tienen propiedades
gramaticalmente irrelevantes; además, tratan sobre algo. Chomsky,
en otra parte de la crítica, con mucha seguridad, niega el
control por variables de estímulo y motivacionales, como hemos
visto. Uno espera, con la respiración contenida, para ver qué
es lo que queda. El comportamiento de la construcción de la
gramática se debe explicar ahora. Hasta que tal cosa se haga
no estamos más allá de donde estábamos. Simplemente
es «lo que controla el comportamiento gramatical». Pero,
por supuesto, esta es la pregunta, no la respuesta. Las cogniciones
del hablante no lo harán, ya que son también construcciones
teóricas y, por tanto, se deben explicar a su vez. Antes o
después, algo se debe introducir en el sistema. Guthrie se
quejaba de que Tolman había dejado a la rata «perdida
en el pensamiento» porque no había proporcionado una
relación entre lo esperado y el comportamiento. Chomsky deja
al hablante perdido en el pensamiento, sin nada en absoluto que decir.
En suma, la persona
verbalmente competente puede discriminar una dimensión sintáctica
en el lenguaje como un estímulo y puede emitir lenguaje que
tenga propiedades sintácticas en el sentido de que un oyente
las puede discriminar. Esto no prueba, de ninguna forma, que alguna
teoría subyacente gobierne ambos comportamientos. Un niño
aprende las dos cosas, a andar y a discriminar el andar. No se gana
nada diciendo que, en consecuencia, ha construido una teoría
del andar que usa en sus percepciones y en sus actividades. Así
se puede concebir que aprende a hablar y a percibir el lenguaje directamente
y sin pararse a construir una teoría o aplicar una regla.
LA EXTENSIÓN
AL COMPORTAMIENTO VERBAL
Las críticas
de Chomsky se centran principalmente sobre el planteamiento básico
sistemático de Skinner, más que en su aplicación
al comportamiento verbal. Que en su opinión queda relativamente
poco por decir se revela en su introducción a los comentarios
sobre la aplicación misma: «Puesto que este sistema se
basa en las nociones [sic] "estímulo", "respuesta"
y "reforzamiento", podemos concluir ... que será
confuso y arbitrario» (Chomsky, 1959, pág. 44). Sus análisis
del mand, tact, ecoico, etc., son, por tanto, breves y añaden
poca cosa nueva en cuanto a crítica específica. De todas
formas, deberíamos resaltar unos cuantos detalles que tienen
que ver, sobre todo, con la interpretación errónea de
hechos psicológicos o con una lectura equivocada del texto
de Skinner.
EL MAND
Según la definición
de Skinner, un mand es una «operante verbal en la que la respuesta
es reforzada por una consecuencia característica y, por tanto,
está bajo el control funcional de ciertas condiciones relevantes
de privación o de estimulación aversiva» (Skinner,
1957, págs. 35, 36). En la definición, «característica»
significa una consecuencia que tiene una forma específica,
no una consecuencia rutinaria o inevitable, como Chomsky lee equivocadamente.
Chomsky critica la definición porque, como él dice,
es «generalmente imposible» tener información concerniente
a las circunstancias motivacionales del hablante, y así el
analista del comportamiento no puede hacer un diagnóstico correcto
de si una respuesta es un mand o no lo es. De forma semejante, tal
como Chomsky razona, el oyente, como mediador del reforzamiento, no
podría saber si reforzar o no o cómo hacerlo «pertinentemente».
Estos no son problemas reales en absoluto. El analista del comportamiento
verbal debe tener en cuenta cualquiera de las variables que controlan
el comportamiento, prescindiendo de que sea totalmente incapaz de
detectarlas en la conversación normal. Después de todo
no emprenderá la verificación de su teoría en
la sala de estar, y puesto que las circunstancias motivacionales del
hablante son objetivamente medibles, en principio, se pueden conocer.
La prueba de una buena teoría no es que sea más o menos
verificable por un observador casual e inexperto. La Física
moderna sería muy inoperante si siguiera tales criterios.
En cuanto al mediador
del reforzamiento, no necesita saber nada en absoluto sobre la motivación
del hablante para jugar su papel efectivamente, como condicionador
de un mand. Si una respuesta verbal especifica unas consecuencias
características, por ejemplo, «pásame la sal»,
«leche, por favor» o «lárgate», y el
oyente actúa de acuerdo con ellas, entonces si el hablante
tiene una condición motivacional pertinente, se completa la
operación del reforzamiento, por así decirlo, y un mand,
compuesto por esta condición motivacional particular que controla
esta respuesta concreta, se fortalecerá. Pero si el hablante
efectúa un mand cuando no está motivado convenientemente,
el reforzador, aunque esté presente, es automáticamente
inefectivo y la respuesta se extinguirá debido al estado inmotivado,
agudizando así el control motivacional. El mediador del reforzamiento
no necesita preocuparse por la motivación del hablante; la
psicología se preocupará de ello.
Al poner en cuestión
incluso la posibilidad de descubrir las privaciones relevantes en
relación con mands como «dame el libro», «vamos
a dar un paseo» o «colguemos esto», Chomsky está
olvidando que los reforzadores no son, necesariamente, reductores
de drive. Un libro puede ser un reforzador condicionado cuya efectividad
momentánea varía en relación con otras condiciones
motivacionales: «No puedo terminar este artículo e irme
a la cama hasta que tenga la referencia de este libro», «Necesito
algo para mantener esta puerta abierta», «Escondí
diez dólares aquí». La efectividad de los reforzadores
condicionados depende de la privación de algo más. Chomsky
está por completo en lo cierto al concluir que la privación
es «pertinente, a lo sumo, para un fragmento nimio del comportamiento
verbal» (Chomsky, 1959, página 46), pero está
equivocado si supone que esto es un defecto del sistema. Una de las
grandes intuiciones de Verbal Behavior es que los mediadores humanos
de reforzamiento pueden reforzar también comportamiento verbal
inmotivado, desinteresado, no mands. Este hecho, más que una
mutación genética conseguida solamente por su especie,
muy probablemente explica el hecho de que sólo los humanos
hayan desarrollado el comportamiento verbal. Parece producirse algún
tipo de lapsus cuando Chomsky, erróneamente, pone en evidencia
una simpleza: «un hablante no responderá adecuadamente
al mand "La bolsa o la vida" a menos que en su historia
pasada haya sido matado» (Chomsky, 1959, pág. 46). ¿El
hablante? El hablante emite el mand, no responde a él. Él
necesita solamente una historia de haber necesitado dinero. Esto es
bastante común. Aquí puede haber una simpleza, pero
desde luego no está en Verbal Behavior.
EL TACT
Skinner define el tact
como «una operante verbal en la que se suscita (o por lo menos
se fortalece) una respuesta de una forma determinada por un objeto
o un hecho particular o por la propiedad de un objeto o hecho»
(Skinner, 1957, págs. 81-82). La principal objeción
de Chomsky a este planteamiento es su falta de congruencia con las
nociones de referencia y significado, que ya han sido discutidas,
lo que, aunque sea cierto, es una virtud, no un defecto.
Sin embargo, además,
critica la formulación de Skinner de por qué el oyente
refuerza el tact: haciéndolo así el contacto potencial
del oyente con el ambiente se amplía funcionamente. Una vez
se ha dicho que «la comida está preparada» (un
tact) el oyente se puede comportar en una forma que es directamente
reforzante para sí mismo. Aunque la comida puede ser vista
por el que efectúa el tact solamente en el comedor, el tact
puede ser escuchado por el mediador del reforzamiento, tanto en los
alrededores como en las habitaciones superiores, o en la calle o en
cualquier lugar de la ciudad. Es realmente muy útil encontrar
personas alrededor que realicen tacts exactos. Si no fuera así,
muchas de las instituciones más cultivadas de la civilización,
tales como las escuelas, incluso las escuelas profesionales de graduados,
probablemente no existirían. La mayor parte del conocimiento
sobre el mundo existe como habla. La objeción de Chomsky (1959,
pág. 48) de que los padres de hijos primogénitos no
sabrían lo suficiente como para enseñarles a efectuar
tacts (porque ellos no tienen todavía la adecuada historia
de reforzamiento para oír tacts), ignora el hecho de que los
padres ya tienen una historia temporal de oír tacts de otros
hablantes, la mayoría adultos. Uno no espera a tener hijos
para oír sus primeras afirmaciones sobre el mundo y ser reforzado
por escuchar. Los tacts de los niños son de hecho, mutiles
y aburridos. Se les refuerzan todos igual porque si los niños
llegan a hacer bien los tacts, sus tacts pueden ciertamente llegar
a ser muy útiles.
Aparentemente, Chomsky
encontrando demasiado discordante la explicación del reforzamiento
para el tact, en términos de su valor real, se pregunta si
no sería igualmente científico decir que un padre tiene
«el deseo de ver a su hijo desarrollarse y ampliar sus capacidades»
(Chomsky, 1959, pág. 48). No, ciertamente no sería lo
mismo, a menos que por «capacidad» entendamos una tendencia
a efectuar tacts con precisión. Solamente el tact bien discriminado
(y por tanto potencialmente útil) proporciona el placer: el
balbuceo, el charloteo, el parloteo y la mentira sin más ni
más, se pueden desarrollar elaboradamente y ampliadas como
capacidades, pero de hecho no agradan demasiado a los padres.
Evidentemente, Chomsky
entendió erróneamente la paráfrasis operante
de Skinner de la versión respondiente de Bertrand Russell sobre
la respuesta de un oyente al tact «zorro». Ciertamente
esta paráfrasis no es «el análisis igualmente
inadecuado propio» (Chomsky, 1959, página 48) de Skinner.
Es meramente una paráfrasis dentro del léxico operante
de cómo serían analizados los hechos, en el ejemplo
de Russell, si ocurrieran. No se intentó sugerir que tales
hechos sean plausibles y, de hecho, no lo son.
Finalmente, Chomsky
alude a cómo Skinner explica que los hablantes son capaces
de efectuar tacts sobre hechos privados. Superficialmente, esta capacidad
parece muy misteriosa desde cualquier punto de vista. ¿Cómo
aprendemos que el nombre inglés (castellano en este caso) para
esta cosa es «dolor de cabeza», para esta otra «satisfacción»
y para estas otras cosas «pensamientos»? Para las cosas
notorias, como las vacas, alguien que ya sabía el nombre vio
la vaca a la que estábamos mirando y nos lo dijo y pudo reforzar
nuestra propia respuesta «vaca»,
si la vaca estaba allí.
El paradigma es imposible para dolores de cabeza, satisfacción
y pensamientos, porque el mediador del reforzamiento no puede compartir
los estímulos pertinentes. Skinner ataca este problema de forma
frontal; y yo creo que brillantemente. El lector interesado podría
estudiar la explicación en Verbal Behavior (Skinner, 1957,
págs. 130 y ss.) y también en Skinner (1959, págs.
272-286). El punto interesante de Skinner es, de hecho, que sólo
aquellos estímulos internos que tienen correlaciones externas
obvias, observables por el mediador del reforzamiento, se pueden llegar
a discriminar, de tal forma, como él dice, que es la comunidad
la que le enseña a uno a «conocerse a sí mismo».
Chomsky rechaza vigorosamente el argumento como una «obtusa
apelación a oscuros estímulos internos», una descripción
manifiestamente inadecuada para un análisis muy sofisticado.
EL ECOICO
Un ecoico es una respuesta
que «genera un modelo de sonido similar al del estímulo»
(Skinner, 1957, pág. 55). Chomsky critica la explicación,
principalmente y de nuevo, porque atribuye el repertorio ecoico al
reforzamiento más que a mecanismos imitativos instintivos.
La significación del aspecto genética-reforzamiento
de esta objeción ya ha sido analizada antes.
EL TEXTUAL
Un textual, que es una
respuesta verbal a un estímulo escrito, y que no exige ninguna
competencia lingüística o comportamiento gramatical, pero
que con seguridad es verbal y generalmente más gramatical que
ningún otro comportamiento verbal del mismo hablante, no se
discute en la crítica.
EL INTRAVERBAL
Los intraverbales, que
son respuestas verbales bajo el control de otro comportamiento verbal,
son muy poco tratados por Chomsky en relación con el muy importante
papel que, según Skinner, juegan en casi todos los extensos
intervalos del comportamiento verbal. Una vez que el comportamiento
verbal empieza, somos capaces de continuar hablando, casi indefinidamente,
bajo la influencia del estímulo de lo que ya hemos dicho. El
papel de los estímulos intraverbales en la enseñanza
es combinarse con los ecoicos y los textuales a fin de producir una
respuesta que no estaba previamente disponible. Chomsky se pregunta
(1959, pág. 52) en qué sentido esto puede ser cierto
para alguien a quien se dice (un estímulo ecoico) que «los
ferrocarriles están al borde del colapso», ya que el
oyente podría haber dicho esto antes. Pero el quid es que él
no lo podría haber dicho a menos que hubiera tenido una razón
momentánea para hacerlo. Podría, con la misma facilidad,
haber dicho «los ferrocarriles no están al borde del
colapso» o «hay un armadillo con cuatro franjas en la
pérgola». De nuevo, Chomsky está haciendo caso
omiso de la diferencia entre el vocabulario de un hablante considerado
como un repertorio de respuestas (lo que es capaz de decir) y el hablar
considerado como una respuesta (lo que es capaz de decir ahora). La
psicología tiene que ver con ambos casos, pero principalmente
con el último. Son claramente diferentes.
CONCLUSIÓN
Mi conclusión
es que la crítica de Chomsky no constituye un análisis
crítico de Verbal Behavior de Skinner. La teoría criticada
en la recensión es una amalgama de una tradición conductista
bastante pasada de moda, incluyendo el reforzamiento por reducción
del drive, el criterio de extinción por la fuerza de la respuesta,
una pseudo-incompatibilidad de los procesos genéticos y de
reforzamiento y otras nociones que no tienen nada que ver con la explicación
de Skinner. Chomsky entendió erróneamente el intento
de Verbal Behavior, evaluándolo como una explicación
cabal del comportamiento verbal más que como una hipótesis
sobre las causas del comportamiento verbal. Su crítica rechazó
en principio los productos de la metodología de Skinner sin
haber llegado a captar las relaciones con sus presupuestos, especialmente
en lo que se refiere a la necesidad de variables mediadoras teóricas.
La crítica parte de una extrapolación de ciertos hallazgos
de laboratorio lo que llevaría a la metodología de cualquier
científico a un punto muerto. Rechazó sin discusión
la lógica del reduccionismo. Criticó Verbal Behavior
por no haber sido algo más, es decir, una teoría sobre
el comportamiento verbal más que el comportamiento verbal en
sí. Redefinió el comportamiento verbal igualándolo
exclusivamente con los ítems del repertorio comportamental,
más que con la respuesta verbal del momento del hablante, una
distinción obvia y crucial para la psicología.
La crítica ignoró
por completo la mayoría de lo que es fundamental para un entendimiento,
aplicación y evaluación de la posición de Skinner.
Todavía más importante, no ha sabido reflejar la repetida
insistencia de Skinner en que la total pertinencia de su aparato explicativo
para los casos complejos, incluyendo el comportamiento verbal, no
se puede apreciar a menos que se puedan verificar las posibilidades
de interacción entre sus distintas variables de control actuando
conjuntamente; esto es lo que diferencia el laboratorio y el mundo
real. En el laboratorio, se hace que las variables actúen «una
cada vez» para cualquier fin práctico. El mundo real
simplemente vuelve a poner todo el ambiente junto de nuevo. En la
crítica no se menciona en absoluto la múltiple causalidad;
a lo largo de Verbal Behavior se va mencionando. ¡El misterio
de su omisión en la crítica se combina con el hecho
de que Chomsky encuentre misterioso que Skinner imagine que algo tan
complejo como el lenguaje pueda ser explicado «por medio de
una simple función»!
Pero la crítica
de Chomsky, a pesar de ser superficial, ha tenido una enorme influencia
en la Psicología. Casi cualquier aspecto de los dogmas comúnmente
populares en Psicolingüística se han basado en ella, incluyendo
su tono beligerante; la nueva mirada es un ceño. Habla de sí
misma como de una «revolución», no como de un área
de investigación; produce «enfrentamientos», no
preguntas. Hasta ahora no ha habido enfrentamientos notables en la
revolución. La declaración de guerra ha sido unilateral,
probablemente porque el conductista no ha visto claramente por qué
debía defenderse. No ha hecho daño a nadie; no se ha
apropiado del territorio verbal aplicando sus métodos al comportamiento
verbal; no ha agotado todo el comportamiento verbal ni ha excluido
el que otros científicos lo investiguen para satisfacción
de sus corazones, con cualesquiera métodos y teorías
que gusten; no necesita que lo derroten antes de que ellos lo hagan.
Al conductista no se
le provocará a autodefenderse, porque unos cuantos nuevos paradigmas
se hagan sonar ante él. Los nuevos paradigmas en Psicología
son, sin rodeos, tan abundantes o frecuentes que carecen de todo valor
o significado. Vienen y van. El ejemplo más ilustrativo en
el momento actual es la Psicología de la Gestalt, como Neisser
ha hecho ver (1967). El conductista, por otro lado, entiende los nuevos
datos. Será el primero y el mejor juez en cuanto a decidir
si son incompatibles con sus propios paradigmas, y se puede tener
confianza en que los tendrá en cuenta de una u otra forma.
Los psicolingüistas se perjudicarán a sí mismos
perdiendo la mayor parte de su tiempo intentando destruir el conductismo,
pero si está determinado que así sea, primero deberán
aprender exactamente lo que los conductistas dicen y en qué
difieren unos conductismos de otros. La misma cantidad de tiempo gastada
en desarrollar los aspectos positivos de su punto de vista serviría,
por lo menos, para saber si la Psicolingüística se puede
definir como algo coherente y positivo, más que meramente como
algo anticonductista. Los psicolingüistas, probablemente, están
en una posición excepcionalmente favorable para realizar importantes
avances en la percepción del lenguaje y en el descubrimiento
de lo que son las dimensiones del estímulo de las estructuras
sintácticas. Este conocimiento será inestimable para
cualquiera que esté interesado en elaborar un sistema o teoría
causal de la producción del lenguaje, pero yo no creo que tal
persona sea un psicolingüista.
Mientras tanto han pasado
10 años. Uno sólo puede estar de acuerdo con otro observador
de este panorama que recientemente dijo: «en la abundancia de
sus victorias iniciales, muchos lingüistas han hecho reclamaciones
extravagantes y han perfilado conclusiones arrolladuras, pero sin
sostén, sobre la insuficiencia de las teorías estímulo-respuesta
para abordar cualquiera de los aspectos fundamentales del comportamiento
del lenguaje ... Las reclamaciones y conclusiones enunciadas tan atrevidamente
no están apoyadas ni en argumentos matemáticos cuidadosos
... ni por la presentación sistemática de pruebas empíricas,
en orden a demostrar que las asunciones básicas de estas teorías
[estímulo-respuesta] son empíricamente falsas. Por citar
dos libros recientes de alguna importancia, no se encuentran argumentos
o datos ni en Chomsky (1965) ni en Katz y Postal (1964), pero se pueden
encontrar en ellos bastantes ejemplos muy útiles de análisis
lingüístico, muchas observaciones interesantes y penetrantes
sobre el comportamiento del lenguaje y muchos argumentos mal formulados
e incompletamente elaborados sobre las teorías del aprendizaje
del lenguaje» (Suppes, 1968, páginas 1-2).
Eso es todo.
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Notas
del Traductor
(1)
Ponemos el título en castellano, puesto
que existe versión castellana: Fontanella, 1970.
(2)
Por la misma razón de la nota anterior utilizamos el título
castellano.
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