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Recensión y comentarios al libro:
Blech, J. (2005) Los inventores de enfermedades.
Así nos convierten en pacientes. Ed. Destino. Barcelona.

Recensión y comentarios ...

José Mª San Román Sevillano chema@conducta.org

“La medicina moderna hace creer a las personas que la naturaleza las golpea con nuevas enfermedades que sólo pueden ser curadas por los médicos (…) Las empresas farmacéuticas y los grupos de interés médicos inventan las dolencias. Las enfermedades se han convertido en un producto industrial. Para ello, las empresas y las asociaciones convierten los procesos normales de la existencia humana en problemas médicos, medicalizan la vida” (1)

 

Introducción

Aunque cada vez se hace más evidente, la medicalización de la condición humana se perfila como uno de los principales problemas a los que se enfrentan las sociedades del S. XXI.

Dicho proceso se traduce en una alienación respecto de las propias circunstancias vitales de los ciudadanos y en un incremento innecesario del sufrimiento de las personas, pero también, y esto es muy importante, pone en peligro los sistemas de salud pública de los estados occidentales, al sobrecargar al límite las arcas sanitarias, e hipoteca el futuro de las sociedades en desarrollo, al descuidar fondos para investigación y control de pandemias como el SIDA, la malaria, la falta de higiene y otras plagas que diezman año tras año esas sociedades.

Aunque el libro que comentamos no se refiere en exclusiva a temas conductuales, la conversión en enfermedades mentales de los problemas vitales de la gente o la medicalización de los avatares normales de la vida, hace que enormes áreas de la existencia queden bajo control médico y sean arrebatadas del control que la propia persona, inserta en su contexto social, puede ejercer e históricamente siempre ha ejercido sobre ellas.

Hoy las personas, antes que ciudadanos que pueden disponer a su antojo de su vida o de su cuerpo, somos en demasiadas ocasiones convertidos en meros pacientes. Pacientes que perdemos la capacidad para decidir sobre nosotros mismos y, a la vez y sobre todo, somos convertidos también en consumidores. Consumidores de medicina y medicamentos. Pasamos de ser ciudadanos de pleno derecho a meros pacientes-consumidores pasivos.

Jörg Blech, bioquímico y periodista científico de la acreditada publicación alemana Der Spiegel describe a través del libro que comentamos los mecanismos mediante los cuales se produce dicha medicalización de la vida humana. Y, aunque lo hace en un ameno estilo periodístico, la obra no carece en absoluto de rigor. Es una obra documentada y fundamentada, una obra que aporta datos y referencias a veces divertidos, a veces sorprendentes y otras veces escandalosos.

El libro describe la asociación de intereses de las grandes empresas farmacéuticas y de la clase médica (2) y los métodos que se utilizan para convertir a los ciudadanos en simples pacientes-consumidores de medicina y de fármacos.

Puede parecer extraño que un libro como este se comente en la web del Grupo Contextos, grupo que tiene por objetivo la difusión del Análisis de Conducta. El motivo no es otro que una de las variables que más dificultan la modificación de la conducta de las personas es la medicalización (o clinificación) de la misma al olvidar su esencia necesariamente contextual. (3)

El modelo clínico de entender la conducta humana no ayuda a la modificación del comportamiento. No sólo no ayuda a cambiar conductas, como se pretende, sino todo lo contrario. En demasiadas ocasiones, los profesionales que nos dedicamos a colaborar con nuestros clientes en el intento de modificación de su conducta nos topamos con que la mayor dificultad viene de la asunción acrítica por parte del cliente del modelo médico patologizador y hemos de enfrentar, como labor propia y, a veces primera, de la intervención, un trabajo de normalización del problema de conducta que nos presenta el cliente. Esto es así ya que la sabiduría convencional (4) acerca de las dificultades de comportamiento se nutre de un modelo clínico de entender los problemas de conducta.

Si bien la medicalización de la vida humana empieza ya con la revolución científica del S. XVII es con el surgimiento del consumo de masas, con el apogeo de los mass media y, de manera muy reciente con el boom neoliberal a finales de los ’80 cuando los gastos farmacéuticos se elevan exponencialmente hasta cifras fabulosas. Es importante señalar que los sistemas de salud y el estado del bienestar social están siendo desangrados por el gasto farmacéutico al llevarse una parte imposible de sostener para las arcas que alimentan a los sistemas sanitarios y que, de su parte, otorgan beneficios al cuerpo social más que dudosos, cuando no perjudiciales. En el libro que se resume a continuación se explican los procedimientos mediante los que, en la actualidad, el complejo médico-farmacéutico consigue medicalizar la condición humana.

Resumen del libro

En el capítulo 1 Curación sin fronteras, se realiza una exposición general del problema y se muestran las estrategias fundamentales que se siguen para acrecentar los mercados. Según el autor son las siguientes:

  • La venta de procesos normales de la vida como problemas médicos.
  • La venta de los riesgos como enfermedad.
  • La venta de problemas personales y sociales como problemas médicos.
  • La venta de síntomas poco frecuentes como epidemias de extraordinaria propagación.
  • La venta de síntomas leves como indicios de enfermedades más grave.

En definitiva, se trata de crear y ampliar la demanda al máximo posible al medicalizar casi todo y se señala que esta es una tendencia imperante.

El capítulo 2 El cuento de la medicina, se habla de un método indirecto de creación de demanda de los futuros consumidores –dado que directamente es ilegal con los medicamentos que requieren de prescripción médica- de promoción de medicamentos denominado disease awareness, lo que llamaríamos nosotros campañas de concienciación (5). También se describe como se sitúa también a los médicos, ya que en definitiva son los que pueden recetar, en el punto de mira de las campañas de marketing y los métodos –en ocasiones rayanos al soborno- que se utilizan para promocionar los fármacos. También se habla de la manipulación a la que se somete a “incorruptible” investigación clínica. Y de cómo el periodismo se ha convertido en una herramienta fundamental para la industria farmacéutica.

En el capítulo 3 Una enfermedad llamada diagnóstico, se relatan los métodos que se utilizan para conseguir el mayor número posible de ciudadanos diagnosticados. Se extienden todo lo posible los límites por los que un proceso pasa a considerarse como mórbido, se multiplican los chequeos “rutinarios” que “cazan” pacientes, se falsea la realidad mediante la jerga apropiada, de cómo es necesario un diagnóstico para obtener determinados beneficios y de que demasiadas veces la existencia de la solución de la dolencia es anterior a la existencia misma del problema: el problema empieza a existir cuando hay que sacar un nuevo producto al mercado.

El capítulo 4 La feria de los riesgos hace referencia a cómo se convierten en enfermedad (hipercolesterolemia u osteoporosis, por ejemplo) lo que sólo son factores de riesgo.

El siguiente, el capítulo 5: La locura se convierte en normal, será de especial interés para los que se relacionen profesionalmente con temas conductuales. Se advierte, exponiendo el famoso experimento de Rosenhan en 1968, de que no existen medidas objetivas para definir los problemas mentales y de que el diagnóstico no es más, en definitiva, que un juicio de valor del facultativo. También se señala el mecanismo por el que muchos procesos conductuales han caído bajo la esfera del diagnóstico al ser incluidos en taxonomías arbitrarias e invitando, de esta manera, al nuevo paciente a “pasar por caja” (sic).

El capítulo 6: Psicofármacos en el recreo, nos explica cómo la infancia no ha escapado a la patologización. El caso del síndrome Trastorno por Déficit de Atención con o sin Hiperactividad (TDAH) es el típico en el que en primer lugar se descubre el tratamiento farmacológico y, sólo después, se reconoce la existencia de un trastorno. Blech nos narra el proceso por el que el orden de factores normal a la hora de resolver un problema de salud se invierte en este caso. Además nos recuerda que el metilfenidato no es una sustancia inocua precisamente y menos cuando se administra en momentos en los que el sistema nervioso se encuentra aún en formación. También nos informa de que la administración de metilfenidato puede considerarse un medio de control social que libera de responsabilidades a demasiadas entidades.

El posterior capítulo 7: El síndrome de la feminidad expone que un 50% de la población, las mujeres, son objeto de perpetua atención médica a través de la ginecología desde la aparición del primer período. De cómo tema del embarazo se aborda como si fuera una enfermedad, así como el parto y la menopausia.

El capítulo 8: Nuevas inquietudes del hombre maduro, nos avisa a los hombres de que también hemos sido descubiertos como nicho de mercado y de cómo nos acechan ahí fuera la andropenia o “climaterio masculino” o la disminución de andrógenos y de que existen tratamientos hormonales que por mala suerte no han demostrado que sirvan para algo más que adelgazarnos la cartera. Al parecer también tenemos “arrugas de expresión” y cosas así que se pueden ya tratar mediante diferentes afeites. También nos recuerda el autor que el envejecimiento es una etapa natural del ciclo vital y de que es vano tratar de evitarlo.

En el capítulo 9: Cuando queráis, se aborda el fenómeno de la “disfunción eréctil” y su solución: la Viagra y sucesores. Hoy, en contraposición a otras épocas, se considera el sexo como un ejercicio a realizar obligatoriamente y además se dogmatiza una manera de tener relaciones sexuales que giran necesariamente alrededor de la erección del pene, la cual ha de mantenerse igual de firme y duradera desde la adolescencia hasta la muerte. Para las mujeres enfermas de “ausencia de deseo” también se busca un producto que, en este caso, despierte la libido a golpe de píldora. Prepárense señoras que ya existen candidatos (y cuidado con lo que le echan en la copa).

El siguiente capítulo, el 10: Los genes se convierten en el destino, nos recuerda que ya en el año 2000 la Casa Blanca, nada menos, nos anunció a bombo y platillo el nacimiento del Homo geneticus, es decir, se había conseguido la secuenciación completa del genoma humano. Y la industria ya ha puesto a nuestra disposición tests genéticos que con el objeto de aconsejarnos acerca de los cambios en hábitos de vida que nuestros genes nos recomiendan. El análisis individualizado de nuestros genes nos recomienda patrones de alimentación y hábitos tan específicos como “le conviene comer mucha fruta, evitar el tabaco y beber con moderación”. Dentro de un proceso de medicalización más amplio vivimos en un proceso de genetización que le abre a aquel unas vías de ingresos inagotables al ampliar los márgenes de lo enfermo a lo posible genéticamente, lo que no es lo sano ni lo enfermo si no lo que es lo“aun no enfermo”. Por este mismo lado el análisis genético abre una nueva vía a la discriminación de las personas.

El último capítulo, el 11: Más sano de lo que se piensa, se ocupa de varios tópicos. Uno de la triple paradoja que supone que el triunfo de la medicina no aporte un contravalor en cuanto a monto de salud de la población, no aporte más que médicos insatisfechos en su labor (las primeras víctimas de la medicalización son los mismos médicos), ni aporte una mayor percepción de salud en el conjunto de las personas. Se tata también de la medicina cosmética en la que los márgenes entre la salud y la belleza se desdibujan, al plantearse esta última como sinónimo de salud. Y se trata también de lo que, en definitiva, es el efecto más pernicioso de todo este asunto: la tendencia a depositar la responsabilidad por la salud únicamente en el individuo aislado. Se echa la culpa de la enfermedad solo al individuo, dejando fuera de la ecuación a la política y la sociedad. Un ejemplo de que esto no debería ser así es el hecho constatado de que los pobres se mueren antes, aun igualando la variable hábitos de vida, como nos recuerda Blech. Por último se señalan algunas propuestas realizadas desde diferentes partes, sobre todo asociaciones médicas, para frenar o acotar el proceso de medicalización galopante.

Por fin, en un último apéndice, se numeran doce preguntas que se puede hacer cada uno, y puede hacer a su médico, para reconocer enfermedades inventadas o tratamientos dudosos. Por desgracia cada vez en más ámbitos el ciudadano ha de convertirse en un profundo conocedor de determinadas áreas si no quiere correr el peligro de verse explotado por desaprensivos o bienintencionados pero desinformados. El libro destaca también en este último capítulo la relevancia que cobra la red internet a la hora de hacer una crítica del estado de cosas y de lo que le pueda tocar a cada uno al respecto, tanto por la información sin controles que existe en la misma –lo que nos obliga por otro lado a ejercer el espíritu crítico-, como por la posibilidad de participar en foros de afectados, listas de correo etc... en, algunas de las cuales –otras participan del estatus quo acríticamente (6) - se ejerce el espíritu crítico.

Conclusiones

La clinificación –o medicalización- de la condición humana socava las redes sociales naturales que amortiguan los avatares de la vida de las personas. Todo lo que sea clinificar tiende a disolver dichas redes, sea clinificando conductas o sea clinificando procesos biológicos normales del ciclo vital. Al profesionalizar las áreas señaladas anteriormente se aliena a la persona de su contexto social, se le priva de los recursos naturales con que puede contar en su contexto de vida y se le vende a cambio una intervención en la que ha de dejarse guiar por otro, el profesional, delegando en él su iniciativa, se le convierte en paciente por un módico precio.

Hoy, en relación con los temas de salud y especialmente la investigación científica acerca de ellos, se hace necesaria una creciente participación del sector público, del Estado. La investigación científica ha de tender a la neutralidad y no se puede ser neutral cuando se es juez y parte, cuando única y exclusivamente son los intereses económicos del sector privado los que guían dicha investigación. Este es el caso de la investigación en salud, donde es la industria farmacéutica la que financia la investigación. Esto ha llevado a la manipulación de muestras, a la ausencia de seguimientos, la inexistencia de replicaciones o, incluso, a la ocultación de datos desfavorables.
En relación con los temas que ocupan más a esta web, los temas relativos a la conducta, es necesario recordar que lo que se presenta habitualmente como conocimiento científico establecido, esto es: el modelo clínico de entender los problemas de la conducta humana, no es más que la superestructura ideológica que justifica y mantiene los intereses económicos de los que se ha venido hablando hasta ahora.

Se hace necesario un cambio de paradigma, los profesionales de la conducta, eso es: los psicólogos, no podemos seguir colaborando con un modelo que perjudica a la sociedad y, que a la vez, nos margina del que es nuestro campo por derecho propio y que nos permite, a lo sumo, actuar como psiquiatras de segunda categoría.



Notas
(1)
Blech, J. (2005): Los Inventores de Enfermedades. Cómo nos convierten en Pacientes. Ed. Destino. Barcelona p. 11 volver

(2) Parafraseando al presidente estadounidense D. Eisenhower cuando denuncia la codiciosa cooperación establecida por los estamentos militar e industrial tras 1945, hoy podríamos hablar de un complejo médico-farmacéutico que explota un nicho económico enorme y que, en su apetencia económica desmesurada, perjudica enormemente a individuos y sociedades de la misma manera que la Guerra Fría el complejo militar-industrial puso la paz mundial en peligro. volver

(3) No creo que algunas nuevas tendencias terapéuticas que aluden a lo contextual superen el problema descrito dado que se refieren a un contexto mistificado con la excusa del lenguaje y su modo de hacer es esencialmente clínico, reivindicando incluso la psicoterapia. volver

(4) La expresión sabiduría convencional es utilizada de manera usual por el premio Nobel de economía John K. Galbraith para referirse a los conocimientos ordinarios que el común de la gente tiene acerca de los asuntos económicos (ver Galbraith, J.K (’89): Historia de la Economía. Ed Ariel. Barcelona). No solo creo necesario reconocer que una sabiduría convencional de corte médico afecta a los asuntos psicológicos, si no que es indispensable tenerla en cuenta, como variable disposicional, para explicar la conducta de las personas. volver

(5) Es habitual ver en nuestras ciudades instalaciones temporales en parques y jardines en las que, con motivo del “Día de Tal y Cual” se realizan revisiones gratuitas a los ciudadanos en relación a la hipertensión arterial, el colesterol, la osteoporosis, del acné cuando llega el verano... no son más que campañas de captación de nuevos clientes. También es habitual que tal “Sociedad Española de Salud....” nos informe de vez cuando en los medios de comunicación del tremendo problema que aqueja a la sociedad en relación con algo que jamás se nos hubiera ocurrido que era un problema, más de lo mismo. volver

(6) Es importante señalar que algunos de estos foros no son si no órganos de expresión del lobby farmacéutico, una vía más de difusión de ideología y de captación de clientes, y en otras se ejerce simple y llanamente la estafa organizada con tácticas mafiosas incluidas, para hacerse una idea de hasta dónde se puede llegar se recomienda ver la siguiente dirección web: http://autismoaba.blogspot.com volver


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Noticia: El siguiente reportaje "Vendo enfermedades a la carta. Y remedios" relacionada con la temática del libro apareció el 9 de Octubre de 2008 en el diario El País.


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