A pesar
de la importancia de B.F. Skinner, de su impresionante obra
escrita y la autoridad que se concede a su aproximación
dentro de la psicología, los aspectos centrales de su
psicología nunca se han presentado de una manera integrada.
En este artículo, los autores tratan de cubrir esta necesidad
sintetizando doce puntos básicos de la obra escrita de
Skinner que caracterizan su conductismo.
El impacto del conductismo tanto dentro de la Psicología como
fuera de ella, queda ilustrado por el destacado papel que jugó
B.F. Skinner durante gran parte del siglo XX por su condición
de liderazgo y principal exponente de esta visión de la psicología
(Tilden, 1982; Heyduk & Fenigstein, 1984). La versión del
conductismo de Skinner continúa ejerciendo una influencia significativa
en la psicología y en la cultura en general. Algunos revisores
que han llevado a cabo evaluaciones cuantitativas (Wyatt, Hawkins,
& Davis, 1986) y cualitativas de su obra (Leahey, 1987) están
de acuerdo en que la psicología de Skinner está viva
y vigente. Una muestra aleatoria de miembros de la American Psychological
Association, ubicaron a Skinner en primer lugar como uno de los personajes
más importantes dentro de la psicología americana en
el periodo posterior a la segunda guerra mundial (Gilgen, 1982). Y
también lo colocaron en primer lugar en cuanto los acontecimientos
e influencias más importantes para la psicología durante
el mismo periodo, seguido por la llamada modificación de conducta
(ampliamente asociada con Skinner), y en un cuarto lugar ubicaron
el desarrollo de la psicología conductual (Gilden 1982). En
razón de lo anterior resulta comprensible concluir que la figura
de Skinner es ampliamente conocida y ha tenido una gran influencia.
A pesar de esta importante
influencia de Skinner y su obra, así como la de muchos trabajos
de destacadas autoridades en la materia (ej. Catania, 1980; Michael,
1985; Reese, 1986), nadie ha planteado explícitamente las características
fundamentales de su trabajo, incluyendo los supuestos básicos
de su aproximación a la psicología (ver también
Nye, 1979; Skinner, 1974; Verplanck, 1954, como algunos intentos preliminares).
Dada la inteligencia e influencia de Skinner, llama la atención
este descuido. En un intento de llenar esta carencia, presentamos
lo que consideramos los 12 puntos fundamentales del conductismo de
Skinner.
En el presente trabajo
seguiremos un formato donde se incluyan aseveraciones concisas relativas
a cada suposición fundamental, acompañadas cuando menos
por dos citas donde se aprecien las ideas correspondientes; y enseguida
una discusión de cada una de ellas. Las citas usadas se derivan
de un cuidadoso análisis de los trabajos publicados por Skinner
que se consideran la mejor representación de su postura ante
diferentes aspectos particulares. Aunque intentamos reducir al mínimo
la traducción e interpretación de estas citas, no podemos
garantizar que hayamos tomado en cuenta el contexto suficiente cuando
planteamos las conclusiones derivadas del material escrito. Es posible
que variaciones en el contexto nos conducirían a modificaciones,
cuando menos en algunas de las características, pues no podemos
descartar que las citas usadas no sean muestras representativas. Pero
argumentar sobre su validez es lo que otorga un grado relativamente
alto de consistencia interna en el sistema integral de Skinner, tal
y como lo presentamos.
Los supuestos fundamentales
que identificamos están organizadas en un orden cuasi lógico
de tal manera que los que se presentan al final se apoyan en aquellos
que se presentaron primero. Este esquema de organización refleja
nuestro propio sistema para sintetizar la psicología de Skinner
en un todo coherente. No evaluamos las características de manera
aislada ni como un todo. Nuestra meta ha sido sintetizar el sistema
del psicólogo más destacado de la segunda parte del
siglo XX. Los puntos que analizamos se refieren al propósito
de la ciencia, la metodología, el determinismo, el locus de
control comportamental, el modelo de causalidad por las consecuencias,
el materialismo, el comportamiento como materia de conocimiento, el
reduccionismo, el organismo como el locus de cambio biológico,
la clasificación de la conducta en respondiente y operante,
el control de estímulos del comportamiento operante y la generalidad
de los principios comportamentales.
PROPÓSITO
DE LA CIENCIA: EL PRINCIPAL PROPÓSITO DE LA CIENCIA ES LA PREDICCIÓN
Y EL CONTROL
Asumimos que se
puede predecir y controlar el comportamiento del organismo individual.
(Skinner, 1953, p. 35)
El objeto (de
mi investigación) ha sido descubrir las relaciones funcionales
que prevalecen entre los aspectos mensurables de la conducta y las
variadas condiciones y eventos en la vida del organismo. El éxito
de tal empresa estará dado en la medida en que la conducta
pueda predecirse y controlarse como resultado de las relaciones
descubiertas. (Skinner, 1972, pp. 257-258)
Si hemos alcanzado
un adecuado entendimiento científico del hombre, deberíamos
ser capaces de probar esto en el control y predicción de
su conducta. (Skinner, 1972, p. 259)
Las técnicas
de laboratorio... y sus aplicaciones tecnológicas, enfatizan
la predicción y el control vía la manipulación
de las variables. El éxito que se logre en el control de
este objeto de conocimiento será su principal fuente de validez.
(Skinner, 1972, p. 41)
Skinner planteó
la predicción y el control como metas principales de la ciencia
en lugar de las hipótesis o la comprobación de teorías.
Él se oponía a los métodos deductivos, los cuales
llevan a postular una teoría a priori y luego probarla a través
de la evidencia empírica. Skinner obtuvo los datos empíricos
primero y luego, por inducción, derivó los principios
generales de las relaciones funcionales entre los eventos. Para asegurar
que las relaciones funcionales entonces descritas, en realidad pertenecen
a los eventos investigados, sugirió que los científicos
las usaran para hacer predicciones y controlar los eventos subsecuentes.
Una vez que los eventos son satisfactoriamente predichos y controlados,
se comprueban las relaciones descubiertas previamente.
El énfasis de
Skinner en la predicción y el control por encima de la teoría
y la comprobación de hipótesis, se relaciona directamente
con un aspecto muy malinterpretado de los planteamientos de su sistema.
Aunque relegó la comprobación de la teoría respecto
de la predicción y el control, en realidad solo estaba en contra
del modo convencional de teorizar que se daba en la psicología.
En su artículo “¿Son necesarias las teorías
del aprendizaje?” Skinner (1950) describió las clases
de teorías que él rechazaba como “cualquier explicación
de un hecho observado, que se base en acontecimientos que se den en
otra parte, a otro nivel de observación, descritos en otros
términos, y medidos, si lo son, en diferentes dimensiones.”
(p. 193). De cualquier modo, Skinnner resaltó la importancia
de una teoría del comportamiento:
El comportamiento
sólo puede ser comprendido satisfactoriamente yendo más
allá de los actos en sí mismos. Lo que se necesita
es una teoría del comportamiento. Pero el término
“teoría” tiene tan mala reputación, que
me apresuraría a explicar [que lo que no necesitamos son
las teorías de tipo convencional] (1947, pp. 27-28)
Independientemente
de que a los psicólogos experimentales les guste o no, la
psicología experimental está inevitablemente destinada
a la construcción de una teoría del comportamiento.
Una teoría es esencial para la comprensión científica
del comportamiento como asunto de conocimiento. (1947, pp. 28-29)
Más allá
de la colección de las relaciones uniformes subyace la necesidad
de una representación formal de los datos reducida a un número
mínimo de términos. Una construcción teórica
puede aportar más generalidad que cualquier ensamblaje de
hechos (1950, pp. 215-216)
Skinner (1947) delineó
los tres pasos básicos para la construcción de una teoría:
(a) decidir sobre los datos básicos con los que se trabajará
(los eventos que buscamos entender), (b) recabar los datos (relaciones
funcionales, hechos) y (c) desarrollar conceptos explicatorios (teóricos)
de manera inductiva. La suma de los hechos permite la emergencia de
colecciones de conceptos (p. e. Teorías). Los siguientes enunciados
muestran las afirmaciones de Skinner (1947) acerca de la importancia
de teorizar y el rol central de la predicción y el control
en este proceso:
Necesitamos llegar
a una teoría del comportamiento humano que no sólo
sea plausible, que no sólo sea lo suficientemente convincente
para “vendérsela” a un gran público, sino
una teoría que haya probado su valor dentro de la productividad
científica. Debemos prepararnos, no sólo para hablar
acerca de los problemas del mundo, sino para hacer algo al respecto
de ello, para lograr la clase de control que es el objetivo de la
investigación en la ciencia del comportamiento. La superioridad
de tal teoría será entonces clara y no tendremos que
preocuparnos por su aceptación. (p. 46)
La perspectiva de Skinner
de que la esencia del comportamiento científico es la predicción
y el control, concordaban con su posición respecto a la pregunta
epistemológica de la naturaleza del conocimiento científico.
En medio de las discusiones del operacionismo en psicología,
Skinner (1945a) argumentaba en contra del acuerdo intersubjetivo como
el principal criterio de aceptación para el conocimiento científico.
Sugirió que el “acuerdo de todos los corazones en la
definición de los términos psicológicos produce
satisfacción, pero no progreso” (1945b, p. 293). Tal
como lo señaló:
El criterio último
para la validez de un concepto no es si dos personas están
de acuerdo en su significado, sino si los científicos que
emplean el concepto pueden operar exitosamente sobre su materia.
Lo que importaba a Robinson Crusoe no era si estaba de acuerdo consigo
mismo, sino si estaba logrando algo en el control sobre la naturaleza
/1945b, p. 293)
De esta manera, la preocupación
de Crusoe era la predicción y el control. Skinner planteó
en numerosas ocasiones su teoría pragmática de la verdad
(Zuriff, 1980); por ejemplo:
El conocimiento
capacita al individuo para reaccionar adecuadamente ante el mundo
que le rodea justamente porque lo hace con su misma conducta. (Skinner,
1953, p. 409)
(El conocimiento
científico) es un cuerpo de reglas para la acción
efectiva y hay un sentido especial en el que podría ser “verdadero”,
cuando produce la acción más efectiva posible. (Skinner,
1974, p. 235)
Una proposición
es “cierta” en la medida en que ayuda al que escucha
a responder más efectivamente a la situación que se
le describe. (Skinner, 1974, p. 235)
La epistemología
pragmática de Skinner también abordaba las relaciones
entre la ciencia y la tecnología y su relación con la
cultura, en el sentido amplio de la palabra. Su idea era que la tecnología
necesitaba basarse en principios sólidos para que su acción
fuera efectiva, y de manera semejante plantea que la sobrevivencia
en una cultura depende del control exitoso que se tenga sobre las
condiciones que la amenazan (Skinner, 1971, 1978, 1978a, 1989). Skinner
frecuentemente decía que la ciencia preocupada por la predicción
y el control era preferible a aquella que se ocupaba de probar teorías
cuando buscamos atender los problemas aplicados (fuera de laboratorio).
Además, la posición de Skinner en cuanto al propósito
de la ciencia y su epistemología pragmática se relacionan
con sus estrategias de diseño experimental donde sólo
se estudian organismos individuales. El afirmaba que “nadie
va al circo a ver un perro promedio saltar por un aro de modo significativamente
más rápido de lo que lo haría un perro sin entrenamiento
en las mismas circunstancias” (Skinner, 1956, p. 228).
METODOLOGÍA:
LA METODOLOGÍA ES EL ANÁLISIS FUNCIONAL, EN EL QUE SE
REALCIONAN LAS VARIABLES INDEPENDIENTES AMBIENTALES CON LAS VARIABLES
DEPENDIENTES DE TIPO CONDUCTUAL.
[La experimentación
significa] que manipulamos ciertas “variables independientes”
y observamos el efecto sobre la “variable dependiente”.
En psicología la variable dependiente, en la cual buscamos
producir un efecto, es la conducta. Adquirimos control sobre ella
a través de las variables independientes. En última
instancia, las variables que manipulamos las encontramos en el ambiente.
(Skinner, 1947, p.20)
Nos aventuramos
a predecir y controlar la conducta de un organismo. Esta es nuestra
“variable dependiente” –el efecto para el que
debemos encontrar su causa. Nuestras “variables independientes”
–las causas de la conducta- son las condiciones externas de
las cuales la conducta es una función. Las relaciones que
se establecen entre las dos... son las leyes de una ciencia (Skinner,
1953, p.35)
El interés de
Skinner estaba en la psicología como una ciencia experimental.
La experimentación permite al investigador identificar relaciones
confiables entre una clase de variables –la clase relativa a
la manipulación ambiental- y la clase conductual. Skinner llamó
relaciones funcionales a aquellas relaciones que ocurren cuando un
cambio en una variable independiente genera un cambio en la variable
dependiente. El proceso de investigación que lleva a la identificación
de las relaciones funcionales se le llamó análisis funcional.
El análisis funcional establece las relaciones que son los
hechos básicos de una ciencia de la conducta.
El punto clave de la
metodología de Skinner es la conexión entre un análisis
funcional de tipo experimental, las relaciones funcionales y aquello
que él llamó control de variables (sinónimo de
las condiciones bajo las cuales ocurre la conducta y las condiciones
o variables de las cuales la conducta es una función). Las
variables independientes de las relaciones funcionales son las variables
manipulables que permiten al científico predecir y controlar
la conducta. Skinner (1953, pp. 32-33) ilustró este proceso
usando el ejemplo de la predicción y control del beber un vaso
de agua. Podemos controlar el beber manipulando variables tales como
la privación, la temperatura de la habitación, el ejercicio
y la cantidad de sal o urea en la comida ingerida antes del experimento.
Para predecir si el individuo beberá o no, debemos tener control
sobre cada una de estas condiciones que pueden manipularse, así
como de las variables “extrañas”. En cambio, si
apelamos a condiciones o estados hipotéticos (p.e. motivación,
impulsos, sed, sentimientos) como variables causales que son inducidos
por nuestras variables independientes, entonces estamos proponiendo
ficciones explicativas que impiden una verdadera comprensión
científica porque sólo “son un calmante de la
curiosidad pues propician que la inquietud por saber tenga un fin
prematuro.” (Skinner, 1957, p. 6). Es decir, que la búsqueda
de las variables ambientales que controlan la conducta se ve truncada
cuando, por ejemplo, planteamos que una persona sudó y tartamudeó
a causa de la ansiedad, en vez de buscar las variables ambientales
que controlaron la sudoración excesiva y el discurso no fluido.
Las aplicaciones clásicas
de la metodología experimental se basan en la suposición
de que permiten la identificación de relaciones causa-efecto;
sin embargo Skinner se aparta de una adhesión estricta a este
aspecto de la experimentación:
Una “causa”
significa un cambio en la “variable independiente” y
el “efecto” un cambio en la variable dependiente. La
antigua conexión de causa-efecto se convierte en una “relación
funcional”. Los nuevos términos no indican cómo
una causa genera su efecto, simplemente afirman que los diferentes
eventos tienden a ocurrir juntos en cierto orden. Esto es importante
pero no crucial. No hay mayor problema en usar los términos
“causa” y “efecto” en una discusión
informal siempre que estemos dispuestos a sustituirlos por sus contrapartes
más adecuadas (p.23).
Un aspecto sutil de
la metodología de Skinner es que las variables independientes
que más interesan son las contingencias selectivas a las que
estuvo expuesto el individuo antes de la ocurrencia del segmento de
conducta a explicar. (ver la sección de "Causalidad por
las consecuencias") Esta perspectiva de las variables independientes
como remotas en el pasado del individuo, se desvía del habitual
modelo experimental en el cual se requiere que las relaciones “causales”
sean antecedentes inmediatos del efecto, razón por la cual
algunas veces se postulan causas mentales hipotetizadas. Una metodología
experimental donde los efectos de las variables independientes (causales)
se detectan después de determinados periodos de tiempo, contrasta
con la visión conductual convencional en la que las variables
independientes y dependientes hacen referencia a condiciones de estímulos
y respuestas temporalmente contiguas.
DETERMINISMO:
LA CONDUCTA ESTÁ DETERMINADA Y OBEDECE A LEYES O PRINCIPIOS.
[La Ciencia] es
más que la mera descripción de eventos tal y como
ocurren. Es un intento de descubrir que los eventos tienen un orden;
que ciertos hechos muestran relaciones legítimas con otros
acontecimientos... si vamos a emplear métodos científicos
en el campo de los asuntos humanos, debemos asumir que el comportamiento
está sujeto a leyes y está determinado. (Skinner,
1953, p.6)
Para tener una
ciencia psicológica plena, debemos adoptar el postulado fundamental
de que el comportamiento es un dato legítimo, que no es modificado
por los aspectos caprichosos de cualquier agente libre –en
otras palabras, que es algo completamente determinado. (Skinner,
1947. p.23).
Trabajar asumiendo
el supuesto básico –de que hay un orden en el comportamiento
sólo si puedo descubrirlo- no debe confundirse con las hipótesis
de las teorías deductivas. (Skinner, 1956, p. 227).
El ser humano
no está hecho como si fuera una máquina donde pueda
analizarse su conducta en términos mecánicos. En las
viejas teorías de la conducta... se representaba al hombre
como un autómata; visión influida por la noción
de máquina que prevalecía en el siglo XIX, pero las
cosas han cambiado. Si se tratara de una máquina sólo
lo sería en el sentido de un sistema muy complejo que se
comporta de acuerdo a ciertos principios, pero que es de una complejidad
extraordinaria. (Skinner, 1971, p. 202)
[En relación
al planteamiento de eventos y condiciones determinantes que “fácilmente
se pasan por alto”] Resulta muy fácil creer que contamos
con la libre voluntad y que las personas tienen libertad de elección.
Esta especie de generación espontánea de la conducta,
se parece mucho a la época de Pasteur, donde se creía
en la generación espontánea de gusanos y microorganismos
(Skinner, 1974, pp. 53-54).
Skinner siguió
la postura comúnmente aceptada de que el método científico
comienza con una concepción determinista en vez de una no determinista.
El científico asume que hay legalidad en los eventos y por
lo tanto acepta el determinismo, de ahí que proceda a buscar
relaciones sistemáticas entre eventos. En este sentido Skinner
no fue distinto de otros pioneros, tales como Freud, quién
intentó llevar la conducta humana al campo de la ciencia adoptando
la postura de que ésta es ordenada y que pueden descubrirse
sus regularidades por medio de métodos apropiados.
En el enfoque de Skinner,
esta concepción determinista es fundamental para (a) hacer
de la conducta humana algo accesible al conocimiento científico
y (b) para lo que Skinner veía como la principal meta de la
ciencia: la predicción y el control. De cualquier manera esta
concepción, no implica la clase de determinismo mecánico
en el que se pueda afirmar que un estímulo y una respuesta
que ocurren contiguamente, por esa sola razón el primero provoque
la segunda. (ver “Causalidad por las consecuencias”).
De hecho, en los primeros trabajos de Skinner (1935) describió
una relación conductual como la correlación entre una
clase de estímulos y una clase de respuestas, o lo que hoy
se describiría como una perspectiva molar.
Sostener que la conducta
está determinada (es decir, que no es fortuita) es aceptar
que está controlada, independientemente de que reconozcamos
correctamente o no las fuentes de control. Un punto importante de
su libro Más allá de la libertad y la dignidad (Skinner,
1971) es que señala cómo muchas formas de control nocivas
no son evidentes y permiten que el individuo alimente la sensación
de libertad. Skinner argumentó que los individuos se sienten
mejor si se hacen a la idea de que están más allá
de la influencia de los factores de control. El recomendaba que deberíamos
identificar las fuentes que controlan nuestro comportamiento y de
ese modo ejercer un mayor control sobre nuestras vidas en vez de dejar
su destino en manos de otros que quizá no tengan como prioridad
el bienestar del individuo. Este punto de la libertad y el control,
parece haber sido ignorado de manera uniforme por los críticos
de Skinner.
LOCUS DE CONTROL
CONDUCTUAL: LAS CAUSAS DE LA CONDUCTA SE LOCALIZAN EN EL AMBIENTE.
El análisis
experimental de la conducta busca directamente las causas antecedentes
en el medio ambiente. (Skinner, 1974 p. 30).
El ambiente hizo
su primera gran contribución durante la evolución
de las especies, pero ejerce un tipo diferente de efecto durante
la vida del individuo. La combinación de ambos efectos da
como resultado el comportamiento que observamos en cualquier momento
dado. (Skinner, 1974, p. 17).
Todo lo que hemos
aprendido del análisis experimental de la conducta indica
que el medio ambiente es el responsable de todas las funciones que
anteriormente se le adjudicaban a los sentimientos y a estados internos
del organismo observados introspectivamente. (Skinner, 1974, p.
248).
La principal diferencia
entre Skinner y muchos psicólogos que objetan el punto de vista
de que la conducta está determinada, que puede estar sujeta
a leyes y que puede controlarse, gira en torno del origen de las variables
que gobiernan o determinan la conducta. Skinner rechaza la idea de
que las variables críticas se encuentren en el interior del
individuo. Él plantea que pueden considerarse dos posiciones
respecto al origen del control de la conducta. La del individuo autónomo,
que habitualmente nos lleva a buscar estructuras y procesos mentales
adentro del organismo. Y la otra alternativa es el examen del medio
ambiente del individuo. Skinner (1947) encontró que la primera
opción no conducía a una aproximación científica,
en contraste con la segunda opción que se inspiraba en la perspectiva
ambientalista.
La insistencia de Skinner
en el determinismo no mental sino ambiental, fue consistente con muchos
otros aspectos de su sistema. En cuanto a la predicción y control,
siempre sostuvo que los intentos de predecir y controlar la conducta
basadas en las causas centradas en el organismo habían fallado
y que sólo las variables ambientales permitían alcanzar
la meta fundamental del científico de la psicología.
Localizar en el medio ambiente las variables que controlan la conducta,
implica situar formalmente dichas variables dentro de un análisis
funcional.
La confianza en el ambiente
posibilita que el psicólogo se mantenga alejado de los intentos
explicativos no conductuales (p.e., mentales). De ahí que en
la definición de conducta se incluya la idea de un “intercambio
con el mundo exterior” (Skinner, 1938, p. 6). De esta manera,
el mundo exterior o medio ambiente es siempre un componente inherente
en la definición de la conducta, y esta especificación
nos permite determinar lo que el organismo está haciendo. La
conducta no puede separarse del contexto ambiental en el cual ocurre.
La conducta queda definida únicamente cuando se han identificado
los factores ambientales críticos asociados a un segmento de
comportamiento.
Skinner criticó
las afirmaciones de que los eventos privados podían usarse
para explicar la conducta: “Aunque las especulaciones acerca
de lo que sucede dentro del organismo parecen sugerir que se completa
una cadena causal de acontecimientos, en la práctica produce
el efecto contrario. La cadena causal queda incompleta.” (Skinner,
1972, p. 268). La cadena está incompleta porque la ocurrencia
del evento interno sigue sin explicarse. En última instancia
para completar la cadena causal se acaba remitiéndo nuevamente
a las causas ambientales. Se dice que un análisis conductual
rastrea la cadena causal hacia atrás y no agregando elementos
adicionales.
El punto crítico
en el que puede tomarse una acción efectiva (predicción
y control), no puede encontrarse en la psique. La fuerza explicativa
de la vida mental ha ido declinado claramente conforme vamos entendiendo
con mayor claridad el papel que juegan las condiciones ambientales
(Skinner, 1974, p.210).
Al ubicar las causas
de la conducta en el ambiente Skinner mantuvo consistencia con los
supuestos de una concepción materialista (ver discusión
posterior) pues deposita la confianza en el mundo físico en
oposición a un mundo no físico como el de las estructuras
y procesos mentales. Al ubicar los factores de control en el ambiente,
la fuente de legitimidad en la explicación de la conducta resulta
consistente con el sistema en su totalidad.
Finalmente, el intento
de Skinner de poner el locus de control conductual en los eventos
ambientales no significaba una negación de que las variables
independientes podían aislarse dentro del organismo, como cuando
se inyecta un agente farmacológico que acaba siendo una variable
manipulable dentro del organismo. Lo que él rechazaba era el
invento de estructuras internas, estados y procesos que pretendían
explicar la variabilidad en la conducta. De manera equivocada se consideró
que este “ambientalismo” excluía los factores genéticos.
Para Skinner lo incompatible con lo ambiental no eran los factores
hereditarios, sino el mentalismo y la suposición de un ser
humano autónomo. La visión de Skinner acerca de la causalidad,
que enseguida se considera, refleja el punto de partida de las versiones
iniciales de un conductismo ambientalista.
CAUSALIDAD POR
LAS CONSECUENCIAS: LA SELECCIÓN POR LAS CONSECUENCIAS ES EL
PRINCIPAL MODO CAUSAL A TRAVÉS DEL CUAL EL AMBIENTE DETERMINA
LAS RESPUESTAS DE LOS ORGANISMOS VIVOS.
En algunos aspectos
el reforzamiento operante guarda semejanzas con la teoría
evolutiva de la selección natural. Así como algunas
mutaciones genéticas sobreviven o se extinguen por las consecuencias
que tienen para la supervivencia, del mismo modo nuevas formas de
conducta son seleccionadas o eliminadas a través del reforzamiento.
(Skinner, 1953, p. 430)
La selección
por las consecuencias es un modo de causalidad que únicamente
se encuentra en organismos vivientes, o en dispositivos donde intervienen
seres vivos. (Skinner, 1981, p. 501)
Como un modo de
causalidad, la selección por las consecuencias se descubrió
muy tardíamente en la historia de la ciencia... Se forzaban
los hechos para que ajustaran con el patrón causal de la
mecánica clásica. (Skinner, 1983. P. 502).
La ciencia se adhirió
durante mucho tiempo a explicaciones que involucran una u otra versión
de causalidad mecánica. Skinner señalaba que estos modelos
de causalidad involucraban mecanismos clásicos donde se requiere
de un agente que inicie la acción, como un estímulo,
a la manera como lo plantean los modelos estímulo respuesta.
En el caso de los primeros modelos conductuales estímulo-respuesta,
el agente que iniciaba se encontraba en el medio ambiente externo
del individuo. No había diferencias fundamentales entre estos
modelos estímulo respuesta y los de naturaleza Freudiana o
internalista, cuyos mecanismos de funcionamiento ubicaban dichos agentes
iniciales adentro del organismo.
Inicialmente Skinner
partió de nociones cercanas a la causalidad mecánica,
derivada en parte del estudio de los sistemas del mundo inanimado,
pero después se ajustó a un tipo de causalidad más
acorde con los sistemas vivos. Él argumentaba que la selección
natural darwiniana (ambiental) representaba un tipo de causalidad
más aplicable a la biología, la psicología y
otras ciencias de la vida. En esta visión se enfatiza una causalidad
por las consecuencias, que resulta más aplicable a la psicología,
en contraste con la causalidad mecánica donde se requieren
causas antecedentes. Skinner defendía la causalidad por las
consecuencias en el caso de la psicología. De acuerdo a este
principio (Skinner lo llamaría “hecho”) de la selección
por las consecuencias ambientales, la conducta ocurre como resultado
de las condiciones ambientales concretas. Habitualmente los efectos
(cambios en la conducta) son demorados, algunas veces demasiado, lo
cual hace difícil que el observador detecte todo el proceso
selectivo.
El condicionamiento
operante de Skinner se basa en este novedoso modelo causal. En el
estudio y aplicación del condicionamiento operante en su forma
más elemental, se programan ciertos acontecimientos después
de las respuestas. Con el paso del tiempo, Skinner y sus colegas construyeron
sobre este procedimiento un cuerpo de datos suficientemente grande
para justificar el principio en el que se basaron: La conducta está
en función de sus consecuencias ambientales (pasadas). La selección
por las consecuencias es una generalización de este principio.
Desde su trabajo inicial, Skinner replanteó el modelo de causalidad
de un estímulo antecedente -> y su respuesta, a un modelo
operante donde se invierten los términos: respuesta -> medio
ambiente. De este modo no le resultó difícil ajustarse
a los supuestos básicos del modelo de causalidad por las consecuencias.
La postura de Skinner
con respecto a la causalidad también lo llevó a un segundo
punto de la hipótesis ambientalista. Su modelo causal de selección
por las consecuencias, se aplica tanto a la ontogenia como a la filogenia
de la conducta, es decir, tanto a los individuos como a la especie
(Skinner, 1966b). De este modo se despejan las dudas respecto a un
prejuicio asociado frecuentemente a las teorías ambientalistas
(p.e. la supuesta negación o rechazo de la influencia de los
factores genéticos en la conducta). Las contingencias filogenéticas
o las contingencias asociadas a la supervivencia, son relaciones de
tipo conducta-consecuencia que van seleccionando lo que parece ser
conducta heredada. Y las contingencias ontogenéticas, o contingencias
de reforzamiento, también son relaciones conducta-consecuencia
que seleccionan el comportamiento que se va dando durante la vida
del individuo. Dado que las contingencias responsables del comportamiento
heredado pueden ocurrir en la historia evolutiva de la especie, son
más difíciles de verificar que las contingencias de
reforzamiento que un experimentador puede manipular.
Con la extensión
del modelo de causalidad de la filogenia de la conducta a la ontogenia
de la conducta, Skinner neutralizó cualquier crítica
de que su conductismo fuera una forma de ambientalismo que negara
los aspectos hereditarios. Existe, claramente, un rol de la participación
genética en la conducta a través de las contingencias
asociadas a la supervivencia. De cualquier manera, sería una
sobre simplificación tomar a los genes como determinantes de
la conducta. La postura de Skinner era que la conducta per se no es
heredada. Esto se aclara posteriormente en su noción del organismo
como locus de cambio (ver más adelante: “El organismo
como locus de cambio biológico”). En cambio, lo que puede
ser heredado es la susceptibilidad a las contingencias ontogénicas;
de este modo, la genética tiene que ver con toda la conducta
tal como lo hacen aquellos factores considerados como ambientales.
MATERIALISMO:
EL DUALISMO ES FALSO, EL ÚNICO MUNDO ES EL MUNDO FÍSICO.
Los eventos públicos
y privados tienen la misma clase de dimensiones físicas.
(Skinner, 1963,p. 953)
La tarea del análisis
científico es explicar como la conducta de las personas como
sistema físico se relaciona con las condiciones bajo las
cuales evolucionó la especie humana y las condiciones bajo
las cuales viven los individuos. (Skinner, 1971, p. 149)
[Mi] posición
puede establecerse de esta manera: lo que se siente u observa introspectivamente
no es un mundo de naturaleza no-física de la conciencia,
la mente o la vida mental, sino el propio cuerpo del observador.
(Skinner, 1974, p. 17)
Una pequeña
parte del universo está contenida dentro de la piel de cada
uno de nosotros. No hay ninguna razón por la cual esto debiera
tener un estatus físico especial únicamente porque
esté dentro de este límite. (Skinner, 1974, p. 21)
No se asume ninguna
clase especial de mente. Un mundo físico genera tanto acciones
físicas como las condiciones físicas dentro del cuerpo
a las cuales responde la persona cuando una comunidad verbal arregla
las contingencias necesarias para que lo haga. (Skinner, 1974, p.
220)
Los conductistas anteriores
a Skinner trataron de deshacerse del dualismo. El dualismo sostiene
que el mundo consiste de dos reinos fundamentales: el físico
(el cuerpo o materia) y el no físico (la mente o espíritu).
La materia existe en el espacio y el tiempo, mientras que la mente
existe fuera de coordenadas espacio-temporales. La mayoría
de los dualistas contemporáneos sostienen que el reino físico
puede influenciar al reino no físico, y viceversa (p.e., Eccles,1989).
En cambio Skinner sostenía que su análisis proporcionaba
una explicación completa de la conducta sin hacer referencia
a esas relaciones entre los mundos físico y no físico,
la postura inicial de la dicotomía dualista resultaba innecesaria
e impedía un análisis efectivo. Su alternativa era entonces
el materialismo.
El materialismo sostiene
que el mundo está compuesto de cosas materiales o físicas,
que varían en sus estados y relaciones, pero nada más.
Este monismo lo expresó claramente Skinner (1945b): “Lo
que le hace falta (a los análisis dualistas) son las audaces
y excitantes hipótesis conductistas de que aquello que uno
observa y habla pertenece siempre al mundo ‘real’ o ‘físico’
(o al menos a ‘un’ solo mundo)” (p.293). De esta
manera, los eventos privados se refieren a los eventos “reales”,
y su estatus ontológico es idéntico a cualquier otro
aspecto del mundo físico.
LA CONDUCTA
COMO OBJETO DE CONOCIMIENTO: EL OBJETO DE LA CIENCIA PSICOLÓGICA
ES LA CONDUCTA Y NADA MÁS QUE ESO.
Si la Psicología
es la ciencia de la vida mental –o de la mente o la experiencia
consciente- entonces debería desarrollar y defender una metodología
especial, lo cual todavía no se ha realizado exitosamente.
Por otro lado, si se trata más bien de la ciencia que estudia
la conducta de los organismos, ya sean humanos o de otro tipo, entonces
es parte de la biología, una ciencia natural cuyos métodos
están probados, son efectivos y están disponibles.
(Skinner, 1963, p. 951)
¿Qué
le ha sucedido a la psicología como ciencia del comportamiento?
(Skinner, 1987, p.780)
La Psicología
debería delimitar su objeto de conocimiento a algo accesible
[e.j. la conducta]. (Skinner, 1987b p.785)
Para Skinner, el primer
paso para desarrollar una teoría útil para el entendimiento
científico es la identificación la naturaleza de los
eventos fundamentales. La psicología tenía que comenzar
con la idea inequívoca de que estos eventos son de naturaleza
conductual. Esto colocaba a Skinner dentro del movimiento conductista
que se gestó a principios del siglo XX. Junto con la visión
pragmática de que la predicción y control son los propósitos
de la ciencia, el valor y el éxito de cualquier conocimiento
está determinado por el grado en el cual éste conocimiento
es útil para predecir y controlar la conducta. La otra alternativa
a la conducta como materia de conocimiento, implica optar por la mente
o la vida mental, lo cual nos lleva a las explicaciones mentalistas
de la conducta. Skinner (1963) consideró que dar un énfasis
básico a la mente no era algo deseable porque esta estrategia
no contribuye a la predicción y control de la conducta.
Todos en algún
momento hemos escuchado que la psicología contemporánea
es al menos en parte conductista, en el sentido de que, en una forma
u otra, se da algún tipo de medición como resultado
de la observación de la conducta de los individuos, ya sean
sus expresiones verbales, su escritura en un papel, o algo más.
Skinner (1974) objetó esta visión metodológica
de conductismo porque ve a la conducta como una simple variable dependiente
que es un indicador de algo más aparte de la propia conducta
(p.e., la mente, la cognición, la actividad cerebral), y por
lo tanto alienta la idea de que la psicología es la ciencia
de la conducta y de la vida mental. El resultado es que la conducta
acaba subordinándose a los aspectos mentales o al sistema nervioso.
La posición de Skinner (1938), reiterada frecuentemente, era
que “la conducta debía ser tratada como materia de conocimiento
por derecho propio” (p.440) sin que esto significara cuestionar
la importancia de las neurociencias del comportamiento (Skinner, 1989,
p.130). Él sostenía que “podemos predecir y controlar
la conducta sin saber nada de lo que está pasando dentro [aunque]
un análisis completo requeriría la acción conjunta
de ambas ciencias, cada una con sus propios instrumentos y métodos”
(Skinner, 1989, p. 130).
Existen dos subtemas
principales que se deben considerar cuando se discute el énfasis
conductual en Skinner. El primero tiene que ver con la definición
de conducta, lo cual es más bien abstracto. Por ejemplo, la
conducta es la acción del organismo completo y no partes de
él: “lo que se comporta es el organismo como un todo”
(Skinner, 1975, p. 44); y por otro lado, considera que para describir
un episodio de conducta, uno no puede restringirse únicamente
al organismo que se está comportando. “La conducta es
lo que un organismo está haciendo” (Skinner, 1938, p.6)
lo cual podemos determinarlo observándolo pero en relación
con su ambiente, es decir, “la acción del organismo sobre
el mundo exterior” (Skinner,1938, p. 6). El rechazo de Skinner
a la actividad de los músculos y órganos per se como
la esencia de la conducta psicológica, se abordará más
adelante en la sección sobre: La clasificación de la
conducta como respondiente y operante.
El segundo punto importante
que surge de la posición conductista de Skinner se refiere
a su aparente rechazo a todo lo mental. La historia del movimiento
conductista está lleno de confrontaciones entre lo mentalista
y lo conductual, tanto en los intentos de explicación como
en la investigación. Skinner consideraba que el enfoque conductista
estaba mal orientado pues (a) se ignoran los eventos que sirven como
variables manipulables y que han dado lugar para hablar de la mente
y la conciencia, (b) plantean los auto reportes para referirse a los
eventos de tipo mental, y (c) usan la conducta como un indicador de
la actividad mental a la que consideran como algo fundamentalmente
diferente de la conducta. Él distinguió los eventos
privados de los públicos, aunque no consideraba que fueran
diferentes en cuanto a la materia de la que estaban hechos (ver la
sección sobre “El Materialismo”). Los eventos públicos
son aquellos que son accesibles a otros observadores, mientras que
los eventos privados se caracterizan por su accesibilidad limitada.
Esto es, los eventos privados (p.e un dolor de muelas) son observables
sólo para el individuo en cuyo cuerpo está ocurriendo
dicho evento. Dado que otros no pueden observar directamente ciertos
eventos psicológicos, los eventos observables de tipo conductual
(públicos) se separan de los llamados eventos mentales (privados),
de este modo se mantiene una posición completamente conductual
respecto a los aspectos psicológicos. Por supuesto que con
esto Skinner no estaba incluyendo como materia de estudio los eventos
mentales per se, sino simplemente se ocupaba del análisis de
aquellos eventos conductuales que se describen en la psicología
convencional y en el sentido común como de naturaleza “mental”.
Skinner señalaba que “el problema de lo privado se puede
abordar desde una perspectiva más prometedora tomando como
punto de partida la conducta más que la experiencia inmediata”
(p.953) y que
Es particularmente
importante que una ciencia del comportamiento enfrente el problema
de la privacidad. Y esto puede hacerse sin abandonar la postura
básica del conductismo. Dentro de la ciencia se habla frecuentemente
de cosas que no se pueden ver ni medir. Cuando alguien lanza una
moneda al aire y esta cae, debemos asumir que también hay
una sacudida de la tierra. Está fuera de discusión
si se debe ver y medir el efecto sobre la tierra, pero se debe asumir
dicho efecto simplemente por el asunto de la consistencia de los
datos. Una adecuada ciencia de la conducta debe contemplar los eventos
que tienen lugar debajo de la piel, no como mediadores fisiológicos
de la conducta, sino como parte de la conducta misma. Esto puede
ayudar a lidiar con estos eventos sin tener que asumir que tienen
una naturaleza especial o que deben ser estudiados de manera especial.
La frontera de la piel no es un límite tan importante. Los
eventos privados y públicos tienen la misma clase de dimensiones
físicas. (p. 953)
De esta manera, Skinner,
alentó las investigaciones de las llamadas sensaciones, percepciones,
imágenes, pensamiento, conciencia y cosas similares, pero no
trató estos eventos privados como fundamentalmente diferentes
de cualquier evento público organísmico y ambiental
de los que fueron la clase original de eventos que se estudiaron en
el conductismo.
REDUCCIONISMO
Y NO REDUCCIONISMO.
La postura de Skinner
parece ser más ambigua en el tema del reduccionismo, tanto
así, que presentamos dos concepciones divergentes.
Reduccionismo:
el objeto de estudio de la psicología es reductible (al menos
en cuanto a la biología)
Eventualmente
debemos asumir, que los hechos y principios de la psicología
podrán ser reductibles no solo a la fisiología, sino
a la bioquímica y de la química a la física
subatómica. (Skinner, 1947, p. 31)
El organismo que
se comporta, eventualmente podrá describirlo y explicarlo
el anatomista y el fisiólogo. Hasta donde tenga que ver con
la conducta, ellos nos darán información de la dotación
genética de las especies y explicarán cómo
esta dotación cambia durante la vida del individuo, y por
qué, como resultado de esto, el individuo responde de una
determinada manera en ciertas ocasiones. (Skinner, 1975 p.42)
El fisiólogo
del futuro nos dirá todo lo que se puede conocer sobre lo
que está pasando en el interior del organismo que se comporta.
Su explicación constituirá un importante avance sobre
el análisis comportamental porque éste último
es necesariamente “histórico” -es decir, reducido
a relaciones funcionales que poseen lagunas temporales-. Hoy se
hace algo que mañana afecta el comportamiento de un organismo.
Al margen de la claridad con que pueda establecerse el hecho, se
pierde un paso y debemos esperar a que el fisiólogo lo suministre.
Podrá mostrar como se cambia un organismo cuando se le expone
a las contingencias de refuerzo, y por qué el organismo cambiado
se comporta de una manera diferente, posiblemente en un momento
muy posterior. Lo que él descubra no puede invalidar las
leyes de una ciencia del comportamiento, pero ayudará a tener
un cuadro de la acción humana más completo. (Skinner,
1974, p.215)
No reduccionismo:
la conducta no puede ser explicada completamente en términos
de la biología o cualquier otra disciplina de niveles “más
básicos”.
[Este trabajo]
no es necesariamente mecanicista en el sentido de que en última
instancia no se reduce el fenómeno de la conducta al movimiento
de partículas, puesto que no es algo que se haga ni algo
que se considere esencial. (Skinner, 1938, p.433)
La conducta es
una materia de conocimiento por derecho propio, y …se le puede
estudiar con métodos aceptables sin detenerse en explicaciones
reduccionistas. (Skinner, 1961, p 64)
No necesitamos
una descripción explícita, sea anatómica o
fisiológica de la dotación genética para describir…la
conducta…Ni necesitamos considerar la anatomía ni la
fisiología para observar cómo la conducta del individuo
cambia por su exposición a las contingencias de reforzamiento
durante su vida, y cómo, resultado de ello, acabe comportándose
de cierta manera en determinadas circunstancias. (Skinner, 1975,
p.42-43)
Una ciencia de
la conducta es necesaria tanto para propósitos teóricos
como prácticos aun cuando en otro nivel se entienda completamente
al organismo que se comporta. (Skinner, 1975,p.43)
Discusión
La concepción
reduccionista establece que un evento de un nivel se puede explicar
en términos de otro que se supone más simple o de un
nivel más básico. Sin embargo, la posición no
reduccionista argumenta en contra de estos supuestos que remiten la
explicación del evento psicológico a los eventos de
la biología o cualquier otra disciplina, alegando que la conducta
puede y debe tratarse como un objeto de estudio válido por
derecho propio sin apelar a otro nivel de explicación.
Si la postura de Skinner
fuera inequívocamente reduccionista, entonces estaría
de acuerdo con el materialismo científico convencional, de
acuerdo con el cual, la ciencia trata con el mundo material, en contraste
con el mundo espiritual o idealista, y donde es posible y deseable
intentar explicar los eventos en términos de conceptos materialistas
que están en los niveles más básicos. De acuerdo
a esta visión, una forma extrema de reduccionismo materialista
consideraría a la física subatómica como la base
explicativa de los eventos psicológicos.
Skinner mostró
un lado no reduccionista de su conductismo, tal como lo ilustramos
en el apartado sobre “No reduccionismo:...” En un punto
del libro Sobre el conductismo, explícitamente desaprobaba
el reduccionismo, alegando que en su aproximación de ninguna
manera se reducía ningún aspecto humano y subrayaba
que, por ejemplo, el conductismo no “reduce los sentimientos
a estados corporales... no reduce a comportamiento los procesos de
pensamiento... o reduce la moralidad a ciertos rasgos del ambiente
social” (Skinner, 1974, p. 241).
En la posición
aparentemente anti reduccionista de Skinner se introduce cierta ambigüedad,
cuando hace referencia a la fisiología del futuro, pues él
afirma que “Su explicación constituirá un importante
avance para el análisis conductual, porque este último
es necesariamente ‘histórico’ –es decir,
reducido a relaciones funcionales que poseen lagunas temporales-.”
(Skinner, 1974, p. 215). ¿Esto implica que algún día
la psicología se verá reducida a la fisiología?
Parece que hay afirmaciones del autor que apoyan esta idea:
En general rechazo
cualquier apelación a la fisiología para explicar
el comportamiento, sobretodo en los terrenos en donde la fisiología
está [en el momento actual] menos avanzada que el análisis
de la conducta y no ha abordado los procesos [¿lo podrá
hacer algún día?] responsables de la conducta que
se atribuye a las contingencias de reforzamiento. (Skinner, 1982,
p.190)
Parece que la clave
para entender la posición de Skinner en cuanto al reduccionismo,
es que apoya el análisis fisiológico en la medida que
demuestre ser útil para llenar las lagunas temporales en el
análisis funcional de las relaciones que se dan entre la exposición
individual a las contingencias ambientales y la conducta resultante.
En la medida en que el propósito del análisis de la
conducta es la predicción y el control de la conducta, (ver
el inciso: “Propósito de la ciencia.”), un análisis
funcional definitivamente tiene una prioridad más alta que
el análisis fisiológico. Aunque esto último sólo
es una posibilidad, no puede excluirse.
EL ORGANISMO
COMO EL CENTRO DEL CAMBIO BIOLÓGICO: EL ORGANISMO CAMBIA A
TRAVÉS DE LA HISTORIA AMBIENTAL Y EVOLUTIVA, Y LOS CAMBIOS
SON BIOLÓGICOS.
Las historias
evolutiva y ambiental cambian al organismo (Skinner, 1971, pp. 195-196)
[El fisiólogo
del futuro] será capaz de mostrar cómo cambió
un organismo cuando se le expuso a las contingencias de reforzamiento
y por qué el organismo cambiado se comporta de una manera
diferente, posiblemente en un momento muy posterior. Lo que él
descubra no puede invalidar las leyes de una ciencia de la conducta,
pero ayudará a tener una imagen más clara y completa
de la acción humana. (Skinner, 1974, p. 215)
Ambas clases de
contingencias [filogenéticas y ontogenéticas] cambian
al organismo de tal manera que éste se ajusta a su ambiente
en el sentido de comportarse de manera más efectiva. (Skinner,
1966b, pp. 1211-1212)
La gente cambia
por las contingencias de reforzamiento, pero no almacenan información
acerca de ello. (Skinner, 1988e, p. 53)
Las contingencias
de reforzamiento cambian al individuo; como resultado, ahora éste
se comporta de manera diferente. (Skinner, 1988d, p. 409)
La relación entre
la historia ambiental y el comportamiento actual es tan importante
que abordaremos este punto a la luz de otra suposición. Esta
tiene que ver con el locus y la forma de los cambios inducidos por
las consecuencias selectivas, esto aclara por qué Skinner subraya
las relaciones biológico-conductuales en primer lugar. Pero
no aclara dónde se colocó Skinner con respecto al reduccionismo
o no reduccionismo.
Más allá
de la conducta, ¿qué es lo que cambia en un organismo
cuando está expuesto a contingencias efectivas? La respuesta
de Skinner era que el organismo cambiaba, pero no del modo psicológico
convencional (p. ej. psíquicamente, mentalmente, cognitivamente).
En el caso de la selección natural, el organismo cambia en
el sentido que queda dotado de una fisiología que hace posible
el condicionamiento: “Lo que se ha seleccionado parece sensible
a las contingencias ontogenéticas” (Skinner, 1966b, p
1208). En el caso del condicionamiento operante, las contingencias
de reforzamiento cambian biológicamente al organismo durante
el transcurso de su vida.
El énfasis de
Skinner en las contingencias selectivas que cambian a los organismos
biológicamente, contrasta con las explicaciones dadas en términos
de los conceptos de una psicología tradicional que plantea
dispositivos de adquisición y almacenamiento. Si restringimos
nuestra atención a las contingencias ontogenéticas,
el problema de explicación que surge, tiene que ver con el
hueco temporal entre la exposición a las contingencias de reforzamiento
y el cambio conductual subsiguiente. Skinner consideraba insatisfactoria
la visión de un organismo biológicamente vacío
para manejar el asunto de la mediación de los efectos del reforzamiento
en el tiempo, pero para ser consecuentes con los supuestos básicos
de una posición materialista (ver la discusión previa),
también consideraba igualmente equivocadas las explicaciones
no físicas (ej. mentalistas). Él rechazó la noción
de un organismo que internaliza cognoscitivamente las contingencias
de reforzamiento, ya sea en forma de información, conocimientos
o expectativas que requieren de un mecanismo de almacenamiento desconocido
el cual se puede activar posteriormente cuando ocurre de nuevo la
conducta. La alternativa a estos procesos y estructuras mentales modificadas
por las contingencias de reforzamiento, es un organismo afectado biológicamente.
Negar la alteración de condiciones mentales, no significa negar
que las contingencias de reforzamiento modifiquen algo “lo que
es sentido como sentimientos u observado introspectivamente como estados
mentales... (éstos) ... son los productos de ciertas contingencias
de reforzamiento”. (Skinner, 1988b, p. 175).
CLASIFICACION
DE LA CONDUCTA EN RESPONDIENTE Y OPERANTE: HAY DOS GRANDES CLASES
DE CONDUCTA, O MÁS ESPECÍFICAMENTE, DE RELACIONES FUNCIONALES:
RESPONDIENTE Y OPERANTE.
La clase de conducta
que se correlaciona con un estímulo provocador específico,
puede llamarse conducta respondiente y la correlación misma
denominarse respondiente. El término implica el sentido de
una relación con un evento previo. La conducta que no está
bajo esta clase de control le llamaremos operante y cualquier caso
específico una operante (Skinner, 1938, p. 20)
[Hay dos procesos
involucrados] a través de los cuales los organismos individuales
adquieren conductas apropiadas en ambientes nuevos. A través
del condicionamiento respondiente (pavloviano), las respuestas confeccionadas
previamente por la selección natural pueden ponerse bajo
el control de nuevos estímulos. A través del condicionamiento
operante, pueden fortalecerse (“reforzarse”) nuevas
respuestas mediante acontecimientos que ocurren enseguida de la
conducta. (Skinner, 1981, p. 501)
Esta noción amplía
la definición de la conducta considerada como objeto de conocimiento.
La clasificación nos remite a la distinción original
entre la conducta voluntaria e involuntaria. De acuerdo con Skinner,
el término involuntario, cuando se usa de manera adecuada,
se refiere a conducta provocada o a los reflejos que están
más asociados al trabajo de Pavlov. La causalidad mecánica
se aplica a esta clase de conducta; las respuestas involucradas en
una relación funcional de este tipo son verdaderas respuestas
en la medida que dependan de eventos inmediatos previos. (Skinner,
1953, p. 64). El término respondiente se aplica a esta clase
de relaciones funcionales estímulo-respuesta, y se modifican
sólo en la medida que se pueda cambiar el estímulo que
provoca la respuesta. El condicionamiento respondiente se refiere
precisamente a este proceso de cambio del estímulo provocador.
Skinner incluyó en su trabajo las ideas de Pavlov pero encontró
que la clase de conducta conocida comúnmente como “voluntaria”
era de mayor interés y relevancia para la psicología.
Quizá una de
las contribuciones más novedosas de Skinner a la ciencia de
la conducta se encuentre en la clase de comportamiento llamada operante,
donde se aplica el modelo de causalidad por las consecuencias (ver
la sección previa “Causalidad por las consecuencias”).
La conducta operante se define por las relaciones funcionales que
se dan entre clases de respuestas (no de casos específicos
de respuesta) y las consecuencias ambientales. El término operante
“enfatiza el hecho de que la conducta opera sobre el ambiente
generando consecuencias”. (Skinner, 1953, p. 65)
Una definición
más completa de la conducta operante requiere distinguir entre
lo que es una clase de respuestas y lo que son casos particulares
o instancias de una respuesta (p.e., Skinner, 1953, p. 65, 1969, p.
131). Esta última se especifica en términos de una estructura
o topografía y se refiere a una ocurrencia específica
y particular de una respuesta. Por ejemplo: “El pichón
picó la tecla a las 12:53 p.m.” y “Eduardo bebió
el día de hoy un vaso de agua entre las 4:00 y las 4:02 p.m.”
En cambio cuando se trata de definir la clase de respuesta “picar
una tecla”, se hace independientemente del momento específico
en que ocurrió una instancia. Se le define como aquel conjunto
de conductas que tienen un determinado impacto sobre el medio ambiente
(como puede ser el cierre de un switch) lo cual va más allá
de instancias particulares y de la forma de la respuesta. En razón
de esta distinción entre clases de respuesta e instancias de
respuesta, Skinner define la operante de la siguiente manera:
El término
pone de relieve el hecho de que el comportamiento opera sobre el
medio ambiente para producir consecuencias. Las consecuencias definen
las propiedades respecto a las cuales las respuestas se llaman de
manera similar. El término se utilizará tanto como
adjetivo (conducta operante), como sustantivo para designar la conducta
definida por una consecuencia dada. (Skinner, 1953, p. 65)
De acuerdo con esta
definición, una operante se define como una clase de respuesta
que puede fortalecerse por los eventos (reforzadores) que le siguen
inmediatamente; pero el hecho de que se fortalezca o no, no tiene
que ver con la definición.
En los aspectos teóricos,
de investigación y de aplicaciones prácticas del constructo
de la operante, Skinner subrayó que las contingencias entre
las operantes y los eventos consecuentes resultaba crucial para la
predicción y el control de la conducta operante. De hecho,
Skinner, (1969) también vinculó la definición
de conducta operante a demostraciones experimentales en las que se
modifica una clase de respuesta como función de sus consecuencias.
Por ejemplo.
[En la discusión
del acto de “encender la luz”:] la topografía
de la respuesta se describe adecuadamente como “encender la
luz”. Si la aparición de la luz es reforzante [cursivas
nuestras], entonces “encender la luz” se hace más
probable;. . la topografía y las consecuencias definen la
operante. (p. 128)
Es siempre una
respuesta [instancia] sobre la cual, un reforzamiento dado (consecuencia)
es contingente sobre las cualidades que definen las particularidades
de la operante. De esta manera, un conjunto de contingencias define
una operante. (p. 131)
Describir el hecho
del paso del agua por nuestras manos, puede representar adecuadamente
una definición de la topografía de la respuesta, pero
“lavarse las manos” es una “operante” en
el sentido de que cuando uno se comportó de dicha manera
en el pasado, nuestras manos quedaron limpias – una condición
que ha llegado a ser reforzante [cursivas nuestras] porque ha reducido
la probabilidad de que nos critiquen o nos contagien. Una conducta
con la misma topografía de las manos, puede ser parte de
otra operante si el reforzamiento hubiera consistido de la simple
estimulación (p.e., hacer “cosquillas”) (p. 130)
Catania (1973) se refirió
a este último uso del término operante como funcional,
el cual se usa habitualmente en las discusiones teóricas. Él
notó que en la sección del método de los reportes
experimentales, el término se usaba descriptivamente, es decir,
sin hacer referencia a su modificación en función de
las consecuencias.
LA TASA DE RESPUESTA
COMO DATO FUNDAMENTAL.
Skinner propuso la probabilidad
de respuesta como el concepto básico de medida de su ciencia.
Sin embargo la probabilidad no es algo que se pueda medir directamente,
y mediciones como la latencia y la magnitud no son apropiadas para
la conducta operante porque tales conductas no son provocadas por
estímulos antecedentes. Skinner sugería que “En
el condicionamiento operante ‘fortalecemos’ una operante
en el sentido de hacer que la respuesta sea más probable o,
de hecho más frecuente.” (Skinner, 1953, p.65). De esta
manera, la solución de Skinner al carácter único
de la operante fue medir la probabilidad primaria a través
de la frecuencia de la respuesta, o más precisamente, “el
tiempo que transcurre entre una respuesta [instancia] y la respuesta
[instancia] que le precede inmediatamente, o en otras palabras, la
tasa de respuesta” (Skinner, 1938, p.58)
PROPÓSITO.
El concepto de operante,
conjuntamente con varios de los supuestos que hemos presentado hasta
este punto, resultan cruciales para entender el manejo que hace Skinner
de nociones como propósito, significado e intención
en la conducta. Consideremos un episodio en el que el individuo “se
lavó las manos”. Esta instancia de respuesta es parte
de una historia y no es una operante. De cualquier manera, lo que
el individuo hizo puede verse con toda propiedad como una conducta
operante basándonos en que cuando la persona se ha comportado
de manera similar anteriormente, sus manos quedaron más limpias,
situación que se convirtió en reforzante, porque socialmente
ha sido elogiado, ha reducido la posibilidad de que lo critiquen o
ha hecho menos probable un posible contagio. En este caso, podríamos
hablar de la clase operante “lavarse las manos”. Es posible
que la misma topografía participe en la definición de
otra conducta operante, como lo podrán constatar aquellos que
trabajan con personas con alguna discapacidad, donde, por ejemplo
la misma topografía puede verse involucrada en una clase de
conducta denominada “estimulación corporal” sobre
la base de que las consecuencias críticas de instancias pasadas
no han sido aquellas que definen el lavarse las manos, sino simplemente
las de la estimulación táctil. La intención y
el propósito se entienden mejor en términos de las variables
que controlan la conducta (ver la sección sobre Metodología):
El propósito
no es una propiedad de la conducta en sí misma; es una manera
de referirse a variables que controlan el comportamiento (Skinner,
1953, p.88)
Cuando alguien
dice que puede saber el significado de una respuesta, quiere decir
que es capaz de inferir algunas de las variables de las cuales la
respuesta generalmente es función. (Skinner, 1957, p.14)
El lavarse las manos
y la estimulación corporal tienen consecuencias muy diferentes
aunque compartan las mismas topografías; la orientación
futura (propósito) de las dos operantes es lo que las distingue.
Reemplazar el propósito
por la selección, en combinación con la causalidad por
las consecuencias (ver discusión previa), llevó a Skinner
a una propuesta concerniente a la evolución de las prácticas
culturales. Las implicaciones de esto (p.e., 1953, 1969, 1971, 1972,
1981, 1987ª), las discutió ampliamente comenzando con
su novela utópica Walden dos (1948). En nuestra discusión
previa de la causalidad por las consecuencias, señalamos que
Skinner aplicó este modelo a la filogenia (selección
natural en la biología) y a la ontogenia (la conducta de los
individuos). Al nivel de la evolución de las prácticas
culturales características de un grupo de gente, Skinner sugirió
que las consecuencias selectivas son aquellas que contribuyen a la
sobrevivencia del grupo. Así, la evolución cultural
es un tercer tipo de selección natural. Él argumentaba
que en este contexto las consecuencias demoradas de las prácticas
culturales (e.g., el control sobre el fuego) “son muy remotas
como para reforzar la conducta de cualquier miembro del grupo”
(Skinner, 1989 p.117)
EL CONTROL DE
ESTÍMULOS EN LA CONDUCTA OPERANTE: LA CONDUCTA OPERANTE PUEDE
PONERSE BAJO EL CONTROL DE ESTÍMULOS ANTECEDENTES, Y LA DESCRIPCIÓN
DE LA CONDUCTA OPERANTE REGULARMENTE REQUIERE TRES TÉRMINOS
ELEMENTALES Y SUS INTERRELACIONES FUCIONALES.
La ocasión
en la cual ocurre el comportamiento, el comportamiento mismo y sus
consecuencias, se interrelacionan en las contingencias de reforzamiento
…Como resultado del lugar que ocupa en estas contingencias,
un estímulo que está presente cuando se refuerza una
respuesta, adquiere cierto control sobre la respuesta. En este caso
no desencadena la respuesta como en el reflejo; simplemente hace
más probable que vuelva a ocurrir. (Skinner, 1974, p.73-74)
Una formulación
adecuada de la interacción entre un organismo y su ambiente
siempre debe especificar tres cosas: (1) la circunstancia en la
cual ocurre la respuesta (2) la respuesta en sí misma, (3)
las consecuencias reforzantes. Las interrelaciones entre ellas son
las “contingencias de reforzamiento.” (Skinner, 1969,
p. 7)
Bajo ciertas condiciones,
los experimentadores pueden “activar” o “desactivar”
confiablemente la conducta operante presentando y retirando estímulos.
Tales relaciones estímulo-respuesta pueden incluso tener la
apariencia de relaciones respondientes; sin embargo un análisis
más detallado revelará que estos efectos son el resultado
sistemático de una exposición previa del organismo a
contingencias respuesta-consecuencia condicionales a la presencia
o ausencia de un estímulo particular. En el caso más
simple, la ocurrencia de instancias particulares de una clase de respuesta,
son seguidas por el reforzamiento únicamente en la presencia
de un estímulo. Se dice que este estímulo adquiere control
discriminativo sobre la operante. Una vez que se ha desarrollado el
control de estímulos discriminativos, el experimentador puede
manipularlos como variables independientes para controlar la conducta
operante. En este sentido, el estímulo es definitivamente una
variable que puede controlar la conducta en cuestión. Sin embargo,
su estatus como variable controladora es condicional en tanto que
las relaciones funcionales entre estímulos discriminativos
y conducta dependen en una historia de relaciones selectivas conducta-consecuencia
en presencia de un estímulo. En contraste con la función
desencadenadora de los estímulos en las relaciones respondientes,
en las relaciones operantes se dice que el estímulo discriminativo
“establece la ocasión” para la respuesta. Aun cuando
un estímulo discriminativo tenga la apariencia de un estímulo
provocador, se pueden rastrear sus orígenes funcionales en
las relaciones operantes conducta-consecuencia, no es apropiado encuadrarlo
dentro del modo causal de una relación reflejo estímulo-respuesta.
Para tomar en cuenta
el desarrollo del control del estímulo discriminativo en la
conducta operante, la descripción de la conducta requiere no
sólo de las relaciones funcionales respuesta-reforzador, sino
también las relaciones estímulo discriminativo-respuesta.
El resultado es la contingencia de “tres términos”
–estímulo discriminativo; respuesta; y consecuencia reforzante.
La contingencia de tres términos constituye la unidad de análisis
fundamental de la conducta operante.
La noción skinneriana
de la contingencia de tres términos como la unidad básica
del control de estímulos, fue una salida radical del modelo
reflexológico estímulo-respuesta, de acuerdo con el
cual, el organismo solo puede responder (en el sentido convencional
del término) a estímulos previos, ya sean físicos
o mentales. En términos del esquema operante, en su nivel más
elemental, la clase de comportamiento llamada voluntaria es aquella
que es susceptible de alterar su probabilidad de ocurrencia en presencia
de estímulos discriminativos, pues en la historia del organismo,
ante la presencia de estos estímulos la conducta ha sido seleccionada
por sus consecuencias.
SOBRE LA GENERALIDAD
DE LOS PRINCIPIOS CONDUCTUALES: TODA COMPLEJIDAD DE LA ACTIVIDAD HUMANA
-INCLUYENDO EL LENGUAJE, EL PENSALMIENTO, LA CONCIENCIA Y LA CIENCIA
- SON CONDUCTAS A LAS CUALES SE APLICAN ESTOS PRECEPTOS.
Esta suposición
final de la psicología de Skinner quizá revela la porción
más revolucionaria de toda su carrera; su intento por lograr
que ningún rasgo de la experiencia humana permaneciera sin
ser abarcado por el entendimiento científico. La amplitud de
las aplicaciones que se muestran en esta sección, se puede
complementar con sus artículos referentes a la tecnología
de la educación, el comportamiento psicótico, la creatividad
artística, la génesis de un poema, los productos literarios
y los experimentos de telepatía (Skinner, 1972).
En cuanto al
lenguaje
Nuestra primera
responsabilidad es la simple descripción: ¿cuál
es la topografía de este importante aspecto de la conducta
humana? Una vez que hemos respondido esta pregunta, al menos en
forma preliminar, podemos pasar al estadio llamado explicación:
¿qué condiciones son relevantes para que se presente
la conducta?, ¿cuáles son las variables de las que
es función? Una vez que las hayamos identificado, podremos
explicar las características dinámicas de la conducta
verbal dentro de un marco de referencia apropiado para considerar
la conducta humana como un todo. (Skinner, 1957, p.10)
Al lenguaje se
le da el carácter de cosa, algo que la persona adquiere y
posee. Los psicólogos hablan de la “adquisición
del lenguaje” en la infancia. Se dice que las palabras y frases
de las cuales se compone el lenguaje son instrumentos utilizados
para expresar significados, pensamientos, ideas, proposiciones,
emociones, necesidades, deseos y muchas otras cosas que están
en la mente del que habla. Un punto de vista mucho más productivo
es considerar que el comportamiento verbal es únicamente
comportamiento. Sólo que tiene un carácter especial
porque lo refuerzan sus efectos sobre las personas (inicialmente,
otras personas, pero más adelante la misma persona que habla).
Como resultado, está libre de las relaciones espaciales,
temporales y mecánicas que se dan en el comportamiento operante
donde intervienen consecuencias no sociales. (Skinner, 1974, pp.
88-89)
En el último
apartado sobre la generalidad de los principios conductuales, Skinner
(1945a, 1945b) incluyó cuatro clases de comportamiento complejo
con lo cual configuraba una psicología conductual completa.
En ella se presenta un primer bosquejo de una aproximación
al lenguaje que no es ni mentalista ni está en términos
de un conductismo estímulo-respuesta y que Skinner subsecuentemente
utilizó como punto de partida para abordar el pensamiento,
el significado de ser conciente y la naturaleza de la ciencia. Skinner
(1957) rechazó las perspectivas tradicionales acerca del lenguaje
visto como “el uso de las palabras”, “la comunicación
de ideas” “el compartir significados”, “la
expresión del pensamiento” y cosas por el estilo. Fue
consistente con su postura acerca del objeto de estudio de la psicología
(ver la sección de: La conducta como objeto de conocimiento),
Skinner tomó el lenguaje como una conducta por derecho propio.
Por esta razón consideró que (a) es preferible el término
de conducta verbal, (b) esta conducta pertenece a la clase de conducta
voluntaria (operante), (c) las consecuencias del ambiente la seleccionan
diferencialmente, (d) dicha conducta es susceptible de análisis
funcional y (e) el punto de partida para su descripción es
la contingencia de tres términos (ver la sección: “Control
de estímulos en la conducta operante”).
La conducta verbal funciona
de un modo diferente a la conducta no humana de presionar una palanca
o picar una tecla a pesar de presentar ciertas semejanzas superficiales.
Podemos describir la conducta no humana de presionar una tecla en
términos físicos, o una conducta humana en una situación
no social como el caminar hacia un objeto y tomarlo. En contraste,
los humanos frecuentemente actúan “sólo en forma
indirecta sobre el ambiente del cual surgen las últimas consecuencias
de su conducta... en vez de ir a un bebedero, una persona que tiene
sed simplemente ‘pide un vaso de agua’” (Skinner,
1957, p. 1). El rasgo especial de la conducta verbal es que otras
personas están involucradas de modo crucial, al menos de manera
indirecta, mediando las consecuencias de la conducta del hablante.
Como tal, la conducta verbal tiene variables de control especiales
(como las sociales). Se da un peso fundamental al rol que juegan las
demás personas, en vez de dárselo a la referencia o
a la correspondencia con la realidad, que se plantea en las teorías
del lenguaje. Skinner objetó la perspectiva convencional de
que las palabras o grupos de palabras significan o se refieren a objetos.
Fue consistente con la lógica que siguió para la clasificación
de la conducta en respondiente y operante, y con esta lógica
analizó temas como los propósitos, la intención
y el significado. Skinner trató el significado de las palabras
en términos de las variables que determinan su ocurrencia en
algún momento dado. De acuerdo a su enfoque, se dice que explicamos
algún concepto y entendemos lo que significa cuando identificamos
las variables involucradas en su control. Por ejemplo, el significado
de la palabra “fuego” es diferente cuando se trata de
una orden para un cuerpo de bomberos; cuando se dice ante un edificio
en llamas, o cuando previamente se mencionaron las palabras “viento
y lluvia”.
El análisis de
Skinner acerca del rol de la conducta verbal lo llevó a reconocer
la naturaleza compleja de las relaciones que controlan aquellas operantes
que tienen que ver con lo que los psicólogos llaman procesos
cognoscitivos. Específicamente, él propuso que la conducta
operante puede clasificarse en dos categorías; las moldeadas
por las contingencias y las gobernadas por reglas.
Aquella conducta
que satisface un complejo conjunto de contingencias, y de este modo
permite resolver un problema, puede verse como el resultado directo
del moldeamiento por las contingencias …o la conducta puede
ser evocada por estímulos relacionados a dicha contingencia,
ya sea que los haya construido la misma persona que enfrenta el
problema o por otros. La diferencia entre el seguimiento de una
regla y la conducta moldeada por las contingencias se hace obvia
cuando contrastamos instancias particulares que son muy claras en
un caso y en el otro. (Skinner, 1966 p.241)
Una persona que
está siguiendo instrucciones, aceptando consejos, considerando
advertencias u obedeciendo reglas o leyes, no se comporta exactamente
de la misma manera que la que se ha encontrado expuesta directamente
a las contingencias, porque una descripción de las contingencias
nunca es completa o exacta (usualmente se le simplifica para poder
enseñarla y que se comprenda fácilmente) y porque
las contingencias que sustentan la regla rara vez se cumplen completamente.
(Skinner, 1974, p.125)
En este punto, hemos
discutido una de las dos clases de conducta operante. La conducta
moldeada por las contingencias es la clase que con mayor claridad:
(a) sigue el principio de la selección por las consecuencias,
y (b) se puede poner bajo un control de estímulos y se describe
usando la contingencia de tres términos. Con el agregado de
la conducta gobernada por reglas como una clase operante, Skinner
(1966ª) extendió en gran medida el panorama de su aproximación
al mundo de la conducta humana. La conducta gobernada por reglas ocurre
cuando el individuo se está comportando de acuerdo a reglas
explícitas, consejos, instrucciones, modelamiento, planes,
máximas y cosas semejantes. Las reglas son estímulos
que especifican contingencias; ya sea directamente o como implicaciones
derivadas de la experiencia, la regla especifica una consecuencia
ambiental si se da cierto modo de comportamiento (e.g., “Se
dará un regalo gratis a las primeras 100 personas que entren
a la tienda” y “El estudiante que quiera aprobar el curso
debe asistir a todas las clases”).
Si le damos un consejo
a alguien de “como hacer amigos e influir en las personas”
su comportamiento puede cambiar hasta el punto de actuar de acuerdo
a nuestras reglas. Sin embargo, el efecto último del consejo
descansa en las contingencias ambientales anunciadas en nuestra advertencia
para comportarse de acuerdo a ciertas reglas. Las reglas funcionan
como un estímulo discriminativo (ver la sección: “Control
de estímulos en la conducta operante”), y una persona
seguirá las reglas en la medida “que se haya reforzado
el comportamiento previo en respuesta a un estímulo verbal
semejante” [i.e. reglas, consejos, etc.] (Skinner, 1966a p 244).
De esta manera, la selección por las consecuencias es un punto
central en el desarrollo y mantenimiento del comportamiento gobernado
por reglas aunque no de manera tan directa como en los casos de conducta
fortalecida por las contingencias. La profunda incidencia de los factores
sociales en la conducta humana hace que muchos casos de conducta humana
sean el producto tanto de las contingencias como de las reglas.
Sobre el pensamiento
La perspectiva
más sencilla y satisfactoria consiste en considerar al pensamiento
como conducta, ya sea verbal o no verbal, encubierta o descubierta.
El pensamiento no es un proceso misterioso responsable de la conducta,
sino que es la conducta misma en toda la complejidad de sus relaciones
de control, la relacionada con un ser humano que se comporta y con
un ambiente en el cual vive. (Skinner, 1957, p. 449)
La vida mental
y el mundo en el que existe son invenciones. Se han inventado como
analogías del comportamiento externo que ocurre en condiciones
externas. Pensar es comportarse. El error consiste en ubicar la
conducta dentro de la mente. (Skinner, p. 104)
En la interpretación
de la conducta verbal, se plantea implícitamente un escucha
que responde a los estímulos verbales de un hablante (Skinner,
1957). Ese “logro humano fundamental al que llamamos ‘pensamiento’”
tiene que ver (aunque no completamente) con los casos en los que el
hablante también funciona como escucha (e.g. como cuando uno
habla consigo mismo), y en especial cuando los demás no pueden
observar esta conducta. (Skinner, 1957 p. 433) Esto no significa que
Skinner haya tomado la vieja posición conductista que identificaba
el pensamiento con el habla sub-vocal. Su visión fue considerablemente
más sofisticada. La principal característica del pensamiento
es que las personas se comportan con respecto a sí mismas,
lo cual significa que las relaciones de control no involucran a otras
personas. De este modo la propia conducta tiene, tanto un efecto cubierto
como descubierto de auto estimulación; lo cual ilustra nuevamente
que el marco teórico skinneriano no se apega a un modelo superficial
E-R. Aunque frecuentemente el pensamiento es tanto cubierto (no observable
para otros) como verbal, éste se puede hacer abierto (si alguien
está en la presencia del que se comporta, y pude realmente
observarlo) y no está restringido a la conducta verbal. El
punto crítico del pensamiento no se relaciona con las distinciones
entre verbal y no verbal, abierto o cubierto, privado o público,
ni a la fuerza o debilidad de la conducta (Skinner, 1957, 1989). De
acuerdo con Skinner el pensamiento es conducta, tanto verbal como
no verbal, abierta o cubierta, débil o fuerte.
En nuestra opinión
uno de los rasgos más sutiles y significativos del conductismo
de Skinner se refiere a la noción de que el pensamiento puede
ser encubierto o conducta no verbal abierta. Recordemos que la definición
de la conducta verbal tiene un carácter especial: la participación
de consecuencias sociales que puede incluir también a los propios
hablantes. El comportamiento no verbal implica que no participan las
consecuencias sociales; sino los componentes del ambiente no social
de la persona que se comporta. Lo que resulta de esto es que
Pensar es hacer
algo que hace posible otras conductas. Resolver un problema es un
ejemplo. Un problema es una situación que no evoca una respuesta
efectiva; solucionamos el problema cambiando la situación
hasta que ocurre una respuesta. Llamar por teléfono a un
amigo es un problema cuando no sabemos el número, y lo resolvemos
buscándolo en algún registro. (Skinner, 1989 p. 20)
A nosotros nos parece
que Skinner tomó la posición radical de que todo el
pensamiento es conducta operante y toda conducta operante es pensamiento.
“La tradición y la conveniencia parecen estar de acuerdo
al confinar el análisis del pensamiento humano a la conducta
operante” (1957, p. 449). Parece que este es el mensaje que
está “detrás” de su aseveración de
que “En lo que respecta a la ciencia de la conducta, el hombre
pensante es simplemente el hombre que se comporta” (p. 452)
y en expresiones como “En el sentido más amplio posible,
el pensamiento de Julio Cesar fue simplemente la suma total de las
respuestas que emitió ante el complejo mundo que le tocó
vivir” (Skinner, 1957, p. 451-452) y “los procesos cognitivos
son procesos conductuales; se refieren a las cosas que la gente hace”
(Skinner, 1989,.p 23). Si estamos en lo correcto, la conducta operante
–el tema más sobresaliente de toda su obra— abarca
completamente las principales preocupaciones de la psicología
mentalista a la que aspiraba remplazar con su conductismo.
Sobre la conciencia
Ser consciente,
como una forma de reaccionar a nuestra propia conducta, es un producto
social. . . El individuo se vuelve consciente de lo que está
haciendo sólo después que la sociedad ha reforzado
las respuestas verbales respecto a su comportamiento como fuente
de estímulos discriminativos. El comportamiento que se describe
(la conducta de la cual uno es conciente) posteriormente puede volverse
encubierta y (para agregar una dificultad más) así
volverse una respuesta verbal. Considerando la historia de la revolución
conductual, no deja de ser irónico que conforme desarrollamos
un vocabulario teórico más efectivo para el análisis
de la conducta, también ampliamos las posibilidades de entender
la conciencia, definida como lo hemos venido señalado (Skinner,
1945a, p. 277)
Yo creo que todas
las especies no humanas son concientes en el sentido [de que ven,
oyen, sienten, etc.] tal como lo hacen todos los humanos antes de
adquirir la conducta verbal... Pero ellos no se dan cuenta que lo
están haciendo... Una comunidad verbal le hace preguntas
al individuo como las siguientes, “¿Qué estás
haciendo?” “¿Ves esto?” “¿Qué
vas a hacer?” y cosas por el estilo, y de este modo presenta
las contingencias para que pueda haber el comportamiento auto-descriptivo
que es el aspecto medular de una clase diferente de conciencia (Skinner,
1988a, p. 306)
En la discusión
previa acerca de la posición de Skinner en cuanto a la conducta
como objeto de estudio de la psicología, se mostró que
no se evitaba el asunto de los eventos privados. Su análisis
del pensamiento es un ejemplo de cómo afrontó con decisión
el problema de los aspectos privados. La conciencia o el darse cuenta
de... es otro aspecto de la experiencia humana que frecuentemente
se considera como algo privado. Skinner interpretó la conciencia
como algo que no se restringe a los humanos, pero aceptó el
carácter único de la conciencia humana. Lejos de tratar
a los seres humanos como ratas o pichones más complejos, Skinner
señaló que había algo distintivo en la conducta
humana.
Skinner (1974) distinguió
entre dos clases de consciencia. La conciencia1 que forma parte del
darse cuenta del ambiente del organismo, como cuando decimos que “se
tiene conciencia del entorno que nos rodea”. Las personas a
las que se considera inconscientes ya no están bajo el control
de estímulos de los eventos que ocurren tanto dentro como fuera
de su cuerpo, y pueden hablar sin ser “conscientes del efecto
que producen en quienes las escuchan.” Tanto los humanos como
los no humanos son conscientes en este sentido.
Las diferentes
especies sienten dolor en el sentido de responder a los estímulos
dolorosos, lo mismo que ven una luz u oyen un sonido en el sentido
de responder apropiadamente a esos estímulos, pero no hay
contingencias verbales que les hagan concientes del dolor, entendiendo
por ello el percatarse que sienten dolor, o de la luz o el sonido,
en el sentido de darse cuenta que están viendo o que están
oyendo. (Skinner, 1974, p. 220)
Así, para Skinner,
la conciencia, estaba (probablemente), restringida a los humanos debido
a su naturaleza social-verbal. Las demás personas arreglan
las contingencias verbales para que podamos describir nuestro comportamiento,
permitiéndonos establecer reglas entre este comportamiento
y las variables que lo controlan. Este intento de vincular la especificidad
de la conciencia2 humana con las contingencias verbales que siempre
son sociales, hicieron que el conductismo skinneriano tuviera un rasgo
“radicalmente” social, que no parece haber sido muy valorado
por la psicología social convencional.
En cuanto a
la ciencia
El comportamiento
del lógico, el matemático y el científico es
la parte más difícil del campo del comportamiento
humano y posiblemente el fenómeno más sutil y complejo
que se haya sometido al análisis lógico, matemático
o científico, pero no porque todavía no se le haya
analizado bien debemos concluir que se trata de una clase de campo,
al cual sólo podemos aproximarnos con una clase diferente
de análisis. (Skinner, 1974, p. 235)
El conocimiento
científico es comportamiento verbal aunque no necesariamente
lingüístico. Es un cuerpo de reglas para una acción
efectiva, y en un sentido especial puede ser “verdadero”
cuando se traduce en la acción más efectiva posible.
(Skinner, 1974, p. 235)
El científico
primero interactúa con el mundo igual que las demás
personas, y tiene un comportamiento moldeado por las contingencias.
Se convierte en científico cuando comienza a describir las
contingencias y a diseñar experimentos que las hagan más
claras. El producto último, las “leyes” de la
ciencia, gobiernan el comportamiento del científico como
un cuerpo de reglas que deben seguirse. La conducta del científico
se refuerza por las mismas consecuencias que se dan en la conducta
original moldeada por contingencias, pero ahora el control se da
por estímulos diferentes. (Skinner, 1988c, p. 197)
En el artículo
“El análisis operacional de los conceptos psicológicos”,
Skinner (1945a) tomó como punto de partida el análisis
funcional (ver la sección sobre Metodología) para su
cuestionamiento a los términos, conceptos y constructos psicológicos.
Básicamente, su posición planteaba que, dado que los
productos de la ciencia eran el resultado de la conducta verbal, la
mejor forma de aproximarse a una epistemología era describiendo
la conducta del científico. De esta manera el conocimiento
o los conceptos científicos tendrían el mismo estatus
que cualquier otro segmento de conducta humana. En otros escritos
posteriores planteó las implicaciones de esta epistemología
empírica (e.g., Skinner, 1957, 1963, 1974). De acuerdo con
esta manera de aproximarse al conocimiento, los conceptos no son tan
importantes, lo que es importante son las condiciones bajo las cuales
el científico usa los términos (i.e., las variables
controlantes). En otras palabras, el significado de los términos
científicos, se maneja de la misma manera que cualquier otro
episodio conductual (ver: “Clasificación de la conducta
en respondiente y operante”). Los conceptos y el conocimiento
no significan otra cosa más que sus variables de control. No
implican alguna otra información desconocida sobre las cosas.
Este enfoque epistemológico
radicalmente naturalista de Skinner, ha recibido poca atención
hasta la fecha, y dudamos que pocos o solo los más dedicados
estudiantes del conductismo estén familiarizados con él.
Sin embargo, algunos trabajos teóricos han elaborado algunas
extensiones de la epistemología de Skinner hacia temas de filosofía
de la ciencia (Hineline, 1980; Lamal, 1983; Malagodi, 1986; Malagodi
y Jackson, 1989; Schnaitter, 1978, 1984; Williams, 1986; Zuriff, 1980,
1985) tomando como punto de partida el enfoque operante, para de ahí
ahondar en las complejidades del comportamiento (p.e., en lo relacionado
con la distinción entre el comportamiento moldeado por las
contingencias o el gobernado por reglas). Muy posiblemente escucharemos
todavía más de esta interpretación biológico-psicológica
de aspectos que faltan por conocer.
Eventualmente
seremos capaces de incluir, y tal vez comprender, nuestra propia
conducta verbal como científicos. Si finalmente encontramos
que nuestra idea sobre la conducta verbal invalida nuestra estructura
científica desde el punto de vista de la lógica y
el valor-verdad, peor para la lógica, la cual también
quedará abarcada por nuestro análisis (Skinner, 1945ª,
p.277)
CONCLUSIÓN.
El propósito
del presente trabajo fue examinar los supuestos básicos del
conductismo de Skinner. Esto dejó en claro un conjunto coherente
de supuestos fundamentales. Para aquellos interesados en profundizar
su conocimiento sobre esta influyente y compleja perspectiva de la
psicología, recomendamos tener presentes los supuestos básicos
mientras examinen otras obras de reconocida autoridad como las de
Catania (1980), Day, (1975, 1983), Michael, (1985), y Reese, (1986),
y sobre todo, los propios escritos de Skinner (p.e., 1953, 1957, 1974)
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fundamentales del pensamiento de Skinner.
Autor: Gerardo Primero Los
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D.J. y Midgley, B.D.
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