Hace
ya algunos meses mi amigo John me invitó a su casa para pasar un rato,
darme a conocer el sitio donde vivía y también ver a su famoso perrito
del que solía hablar a menudo.
John
estaba muy orgulloso de su pequeño perro, de lo inteligente que era
y de su capacidad para aprender. Tendía a considerar a su perro como
muy inteligente, en el sentido de ser capaz de aprender rápidamente
las cosas y aplicarlas en su propia beneficio.
Nuestro
perrito en cuestión, como mi amigo dijo, parecía bastante vivo, despierto
y juguetón. También su inteligencia parecía fuera de cuestión. Al
movimiento circular de la mano de su dueño respondía prontamente con
una serie constante y graciosa de vueltas sobre sí mismo. Parecía
que iba a volverse loco. Atendía también bien a la voz de su amo:
"sit" era el comando preciso con el que el perro se sentaba
automáticamente y sin vacilar. "Jump" y el perro saltaba
endiabladamente lo más que podía. Efectivamente nuestro perrito era
sumamente inteligente. Aprendía rápidamente y estaba siempre atento
a los movimientos y la voz de John.
La siguiente
demostración de sus habilidades mereció mi atención. Nuestro perrito
empezó a jugar con John utiliznado para ello una pelota de tenis que
John lanzaba y el perro recogía y traía de nuevo a la altura de su
amo. No obstante, cuando el animal llegaba hasta John, no soltaba
la pelota y se producía un forcejeo muy gracioso e intenso al que
John estaba acostumbrado y que al perrito parecía encantar. Era una
parte más del juego y aquí estaba el "problema".
Le comenté
a John que por qué no se enseñaba al perro a soltar la pelota cuando
la traía de vuelta, a lo que John con una sonrisa de condescendencia
me respondió que el perro era inteligente por eso: Le gustaba aprender
rápido sí, pero también le gustaba elegir cómo los juegos se llevaban
a cabo.
Entonces
fui yo el que le sonreí a él y le dije: si el perro es tan inteligente
como me parece aprenderá a traerme la pelota en unos pocos intentos
y la depositará dócilmente en mi mano cada vez que la traiga.
"De
acuerdo, inténtalo", dijo John.
Agarré
la pelota y al instante el perro estaba mirándola fijamente en mi
mano mientras seguía los movimientos de la misma. La lancé al otro
lado de la habitación y nuestro perrito corrió raudo a recuperarla.
Llego a mí en unos pocos segundos con su trofeo en la boca y preparado
para el forcejeo. Yo extendí mi mano en señal de recogerla, pero el
animal por supuesto se negaba a dármela: "quería que yo se la
quitara". Ante la negativa del animal a devolver la pelota, opté
por no hacer nada y quedarme quieto, esperando.
Nuestro
perrito me miraba y seguía esperando el ansiado forcejeo que no llegaba.
Al cabo de unos veinte segundos optó por soltar la pelota. El forcejeo
deseado era evidente que no se iba a producir. En ese preciso instante
fue cuando recogí la pelota y la lancé de nuevo. Otra vez estabamos
enganchados en el juego. La acción de no soltar la pelota cuando el
perrito llegó a mi altura se repitió, pero esta vez sólo duró unos
diez segundos.
Un tercer
intento bastó para que el inteligente animal soltara la pelota en
mi mano sin mediar retraso alguno.
John
me miraba a mí y especialmente al perro, sorprendido por la rapidez
como una conducta que el creía imposible se instauraba en unos par
de minutos. "Espera que se lo cuente a mi esposa, no se lo va
a creer" me dijo todavía incrédulo.
Si se
observa atentamente la interacción con el perro se pueden sacar las
siguientes lecturas:
- La conducta que
no es reforzada tiende a extinguirse (es importante entender que
el "no hacer nada" en esta situación sí produce consecuencias,
esto es, someter la conducta de forcejeo a extinción). Nuestro
perrito cambió su modo de hacer a partir de dicha extinción
- Asimismo, y como
paso lógico subsiguiente, la conducta adecuada, esto es, soltar
la pelota, fue reforzada inmediatamente después de producirse
mediante la vuelta al juego.
- Es interesante
también entender que mi persona estaría actuando como un estímulo
discriminativo que señala el tipo de juego (sin forcejeo) que
el perro podía hacer. Invité a John no obstante a intentar el
mismo tipo de acción por sí mismo y ver los resultados. Nuestro
perrito después de recoger la pelota acudió rápidamente a la altura
de John e " incitó" a John a pelear con él por la pelota.
Unos pocos segundos de inactividad por parte de John fueron suficientes
para que el animal "comprendiera" que el juego del forcejeo
no iba a aparecer. Devolvió pues la pelota en la orgullosa mano
extendida de mi amigo a los pocos segundos.
-Para
pensar:
- ¿Crees que sería
posible volver a la situación de forcejeo? ¿Cómo?
- ¿Se pueden explicar
las acciones del animal mediante la inteligencia, la personalidad
o el deseo, por ejemplo?
John
tenía razón, su perro era muy inteligente: su conducta se adaptaba
a los cambios del medio con suma rapidez. Es más que probable que
otros perros sean también fácilmente adiestrables sin que sus amos
lo sepan. Quizá piensan que son sumamente inteligentes y que no es
posible "engañarlos" y quizá sea también por ello por lo
que no intentan eliminar, potenciar, evitar, castigar, etc,
ciertas conductas que parecen ser obra del más profundo interior del
ser.
La inteligencia
se conceptualizaría más adecuadamente si en vez de considerarla como
una aptitud o facultad poseída e inherente a los animales o a las
personas, la consideraramos como el nombre que le damos a determinadas
conductas en determinadas situaciones en las cuales se demuestra una
buena adaptación al medio, entendiendo con ello que dicho nombramiento
de inteligencia no es sino el resultado o si se quiere, el producto
de la interacción y la historia de un organismo con su medio.
La idea
de que somos nosotros o los mismos animales quienes controlan la conducta
puede parecernos obvia y cara de principio, pero este es un camino
imperativo de dos direcciones. Nosotros condicionamos al medio en
la medida en la que el medio nos condiciona a nosotros a su vez. No
hay uno sin otro, pero a la vez es imperativo entender que la labor
del modificador de conducta se produce sobre dicha conducta a través
del medio y no sobre la persona, su interior o su mente.
Cambia
el medio y cambiarás la persona...y seguramente, su "mente".
PREGUNTAS
FORMULADAS EN RELACIÓN CON ESTE ARTÍCULO
Pregunta:
¿Quién es inteligente el animal
o la conducta?
Respuesta:
(Julio Varela)
Esta es una confusión que posiblemente pueda quedar clara mediante
las siguientes preguntas. El mensaje que enviaste: ¿Lo escribió tu
mano o lo escribiste tú? Esta respuesta, ¿la están leyendo tus ojos
o la estás leyendo tú? Trata de que solo sean tus ojos los que se
comportan, sin que Tú participes de ello. No se puede, verdad? La
confusión consiste en pretender explicar y UBICAR el comportamiento
a partir de la geografía de la respuesta específica. Esto es, si con
las manos se toca el piano, la conducta es la de las manos. La conducta
de los futbolistas está en las piernas y principalmente en los pies.
Etcétera! Recordemos que es EL ORGANISMO el que se comporta, no sus
órganos o partes.
Pregunta:
Estoy investigando
sobre las conductas negativas infantiles y me resulto interesante
su texto utilizándolo como una posible metáfora.
Respuesta:
(Jorge Campo)
Sí
María José, Se puede utilizar el texto como ejemplo de aplicación
de los principios de conducta, lo cual hace a estos más inteligibles
y por ello más fáciles de extrapolar (con cierto cuidado) a otras
situaciones. Esta era precisamente la intención.
En el
artículo se toca la extinción de conductas no deseadas y la presentación
de reforzadores positivos alternativos a la conducta indeseada. Se
trata pues no sólo de conseguir que desaparezcan las “malas” conductas
si no también de conseguir otras que las reemplacen.
Pregunta:
Inteligencia Humana Vs Inteligencia Animal. Si bien es cierto que
tanto se ha teorizado sobre inteligencia desde las teorías
cognoscitivas, ¿De qué forma pueden los hallazgos de
este experimento contrarrestar con argumentos las teorias tradicionales
-cognoscitivas- sobre inteligencia?. Tengase en cuenta que aquí
se estudia la inteligencia como conducta pero, al expresarla de esta
forma la conducta inteligente sigue sometida sobre las variables contextuales
y no sobre el sujeto aunque se mencione la existencia del control
y el contra-control.
Respuesta:
(Jorge Campo)
El problema con desgajar
contexto de sujeto es precisamente ese, que no es desgajable. No es
desgajable de su historia, ni de su contexto, ni de sus aspectos disposicionales.
No es desgajable en fin del mundo en el que habita y en el que se
compone a cada momento. Este es el problema de base de la aproximación
cognitiva, tanto a la inteligencia como a cualquier otro aspecto del
ser humano: el presentarlo como un ente autónoma que actúa
sobre el mundo.
Desde
nuestro punto de vista, el sujeto no es objeto de investigación.
Nuestro punto de vista es más natural y parsimonioso desde
el momento en que tratamos de la relación de cada sujeto con
su entorno. Con ello evitamos explicaciones ad-hoc que no son comprobables
y que llevan al circularismo o el recurrir a instancias inexistentes
que pseudoexplican un fenómeno. Con ello evitamos el homocentrismo
que se encuentra tan arraigado en la práctica psicológica.
En definitiva,
cualquier acto del sujeto tomado como tal, no es posible si no es
en "referencia a" y sin ese-os referente-s, es simplemente
imposible cualquier análisis...bueno sí, está
la invención de poner en el sujeto ideas y pensamientos que
al parecer surgen de algún interior desconocido (con ello se
suele perder un tiempo precioso y un desdeño por los aspectos
funcionales de la conducta).
No se
está diciendo con esto que la investigación y experimentación
llamada cognitiva sea desechable, sólo se pone en tela de juicio
la interpretación de los hallazgos que parten de supuestos
ya dados más que dudosos.
Lo más
que se llega a acercarse uno a un, llamémoslo así, punto
de vista homocéntrico, sería el hablar del lenguaje
desde el lenguaje, pero esto, sí efectivamente, también
es conducta a pesar de su desgajamiento.
Pregunta:
¿Es posible que al darle un estimulo a un perro este siempre
responda sea entrenado o no? Ej. llamarlo por su nombre o un simple
darle un bocado de comida.
Respuesta:
(Luis Varela)
Estimada C. y otros consultantes:
En el entrenamiento
de perros, como en otros animales, hace falta realizar varios ensayos
de cada comportamiento para que se produzca ese "aprendizaje".
Habitualmente en el
entrenamiento de animales se trata de asociar una estimulacion antecedente
(una palabra, un sonido, un gesto, un click) con la respuesta requerida
(acercarse, sentarse, tumbarse) a lo que debe seguir inmediatamente
algo de comida (trozo de galleta u otro alimento en muy pequeñas
porciones), pero tambien puede ir seguirda de caricias, cosquillas
o juego con el animal.
Al primer estimulo tecnicamente
se le denomina "estimulo discriminativo", y al ultimo "reforzador
positivo". Cuando se han realizado varios ensayos, al presentarse
esa palabra o sonido, el perro realizara inmediatamente la respuesta,
que debera ser reforzada por el entrenador. En los primeros ensayos
se puede utilizar comida, pero combinar progresivamente con caricias
y juego, por lo que despues del entrenamiento ya no haran falta tantas
"galletitas".
Lo que no se puede hacer
es pretender que por hablarle al perro, o darle indicaciones, el perro
haga a la primera lo que nosotros queramos. Como todos los animales
(humanos incluidos) aprendemos por las consecuencias, y hace falta
un periodo de entrenamiento o enseñanza. De igual forma, los
perros pueden aprender donde acostarse, donde comer, donde defecar,
y se les puede enseñar todas las habilidades necesarias para
una convivencia positiva con los humanos. Pero necesitan tiempo y
ensayos, no es algo automatico o instintivo.
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