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EL PERRO INTELIGENTE

El perro inteligente

Jorge Campo jorge@conducta.org

 

Hace ya algunos meses mi amigo John me invitó a su casa para pasar un rato, darme a conocer el sitio donde vivía y también ver a su famoso perrito del que solía hablar a menudo.

John estaba muy orgulloso de su pequeño perro, de lo inteligente que era y de su capacidad para aprender. Tendía a considerar a su perro como muy inteligente, en el sentido de ser capaz de aprender rápidamente las cosas y aplicarlas en su propia beneficio.

Nuestro perrito en cuestión, como mi amigo dijo, parecía bastante vivo, despierto y juguetón. También su inteligencia parecía fuera de cuestión. Al movimiento circular de la mano de su dueño respondía prontamente con una serie constante y graciosa de vueltas sobre sí mismo. Parecía que iba a volverse loco. Atendía también bien a la voz de su amo: "sit" era el comando preciso con el que el perro se sentaba automáticamente y sin vacilar. "Jump" y el perro saltaba endiabladamente lo más que podía. Efectivamente nuestro perrito era sumamente inteligente. Aprendía rápidamente y estaba siempre atento a los movimientos y la voz de John.

La siguiente demostración de sus habilidades mereció mi atención. Nuestro perrito empezó a jugar con John utiliznado para ello una pelota de tenis que John lanzaba y el perro recogía y traía de nuevo a la altura de su amo. No obstante, cuando el animal llegaba hasta John, no soltaba la pelota y se producía un forcejeo muy gracioso e intenso al que John estaba acostumbrado y que al perrito parecía encantar. Era una parte más del juego y aquí estaba el "problema".

Le comenté a John que por qué no se enseñaba al perro a soltar la pelota cuando la traía de vuelta, a lo que John con una sonrisa de condescendencia me respondió que el perro era inteligente por eso: Le gustaba aprender rápido sí, pero también le gustaba elegir cómo los juegos se llevaban a cabo.

Entonces fui yo el que le sonreí a él y le dije: si el perro es tan inteligente como me parece aprenderá a traerme la pelota en unos pocos intentos y la depositará dócilmente en mi mano cada vez que la traiga.

"De acuerdo, inténtalo", dijo John.

Agarré la pelota y al instante el perro estaba mirándola fijamente en mi mano mientras seguía los movimientos de la misma. La lancé al otro lado de la habitación y nuestro perrito corrió raudo a recuperarla. Llego a mí en unos pocos segundos con su trofeo en la boca y preparado para el forcejeo. Yo extendí mi mano en señal de recogerla, pero el animal por supuesto se negaba a dármela: "quería que yo se la quitara". Ante la negativa del animal a devolver la pelota, opté por no hacer nada y quedarme quieto, esperando.

Nuestro perrito me miraba y seguía esperando el ansiado forcejeo que no llegaba. Al cabo de unos veinte segundos optó por soltar la pelota. El forcejeo deseado era evidente que no se iba a producir. En ese preciso instante fue cuando recogí la pelota y la lancé de nuevo. Otra vez estabamos enganchados en el juego. La acción de no soltar la pelota cuando el perrito llegó a mi altura se repitió, pero esta vez sólo duró unos diez segundos.

Un tercer intento bastó para que el inteligente animal soltara la pelota en mi mano sin mediar retraso alguno.

John me miraba a mí y especialmente al perro, sorprendido por la rapidez como una conducta que el creía imposible se instauraba en unos par de minutos. "Espera que se lo cuente a mi esposa, no se lo va a creer" me dijo todavía incrédulo.


Si se observa atentamente la interacción con el perro se pueden sacar las siguientes lecturas:

  • La conducta que no es reforzada tiende a extinguirse (es importante entender que el "no hacer nada" en esta situación sí produce consecuencias, esto es, someter la conducta de forcejeo a extinción). Nuestro perrito cambió su modo de hacer a partir de dicha extinción 
  • Asimismo, y como paso lógico subsiguiente, la conducta adecuada, esto es, soltar la pelota, fue reforzada inmediatamente después de producirse mediante la vuelta al juego.
  • Es interesante también entender que mi persona estaría actuando como un estímulo discriminativo que señala el tipo de juego (sin forcejeo) que el perro podía hacer. Invité a John no obstante a intentar el mismo tipo de acción por sí mismo y ver los resultados. Nuestro perrito después de recoger la pelota acudió rápidamente a la altura de John e " incitó" a John a pelear con él por la pelota. Unos pocos segundos de inactividad por parte de John fueron suficientes para que el animal "comprendiera" que el juego del forcejeo no iba a aparecer. Devolvió pues la pelota en la orgullosa mano extendida de mi amigo a los pocos segundos.

-Para pensar: 

  • ¿Crees que sería posible volver a la situación de forcejeo? ¿Cómo?
  • ¿Se pueden explicar las acciones del animal mediante la inteligencia, la personalidad o el deseo, por ejemplo?

John tenía razón, su perro era muy inteligente: su conducta se adaptaba a los cambios del medio con suma rapidez. Es más que probable que otros perros sean también fácilmente adiestrables sin que sus amos lo sepan. Quizá piensan que son sumamente inteligentes y que no es posible "engañarlos" y quizá sea también por ello por lo que no intentan eliminar, potenciar, evitar, castigar, etc,  ciertas conductas que parecen ser obra del más profundo interior del ser.

La inteligencia se conceptualizaría más adecuadamente si en vez de considerarla como una aptitud o facultad poseída e inherente a los animales o a las personas, la consideraramos como el nombre que le damos a determinadas conductas en determinadas situaciones en las cuales se demuestra una buena adaptación al medio, entendiendo con ello que dicho nombramiento de inteligencia no es sino el resultado o si se quiere, el producto de la interacción y la historia de un organismo con su medio. 

La idea de que somos nosotros o los mismos animales quienes controlan la conducta puede parecernos obvia y cara de principio, pero este es un camino imperativo de dos direcciones. Nosotros condicionamos al medio en la medida en la que el medio nos condiciona a nosotros a su vez. No hay uno sin otro, pero a la vez es imperativo entender que la labor del modificador de conducta se produce sobre dicha conducta a través del medio y no sobre la persona, su interior o su mente.

Cambia el medio y cambiarás la persona...y seguramente, su "mente".


PREGUNTAS FORMULADAS EN RELACIÓN CON ESTE ARTÍCULO

Pregunta: ¿Quién es inteligente el animal o la conducta?

Respuesta: (Julio Varela)
Esta es una confusión que posiblemente pueda quedar clara mediante las siguientes preguntas. El mensaje que enviaste: ¿Lo escribió tu mano o lo escribiste tú? Esta respuesta, ¿la están leyendo tus ojos o la estás leyendo tú? Trata de que solo sean tus ojos los que se comportan, sin que Tú participes de ello. No se puede, verdad? La confusión consiste en pretender explicar y UBICAR el comportamiento a partir de la geografía de la respuesta específica. Esto es, si con las manos se toca el piano, la conducta es la de las manos. La conducta de los futbolistas está en las piernas y principalmente en los pies. Etcétera! Recordemos que es EL ORGANISMO el que se comporta, no sus órganos o partes.

Pregunta: Estoy investigando sobre las conductas negativas infantiles y me resulto interesante su texto utilizándolo como una posible metáfora.

Respuesta: (Jorge Campo)
Sí María José, Se puede utilizar el texto como ejemplo de aplicación de los principios de conducta, lo cual hace a estos más inteligibles y por ello más fáciles de extrapolar (con cierto cuidado) a otras situaciones. Esta era precisamente la intención.

En el artículo se toca la extinción de conductas no deseadas y la presentación de reforzadores positivos alternativos a la conducta indeseada. Se trata pues no sólo de conseguir que desaparezcan las “malas” conductas si no también de conseguir otras que las reemplacen.

Pregunta: Inteligencia Humana Vs Inteligencia Animal. Si bien es cierto que tanto se ha teorizado sobre inteligencia desde las teorías cognoscitivas, ¿De qué forma pueden los hallazgos de este experimento contrarrestar con argumentos las teorias tradicionales -cognoscitivas- sobre inteligencia?. Tengase en cuenta que aquí se estudia la inteligencia como conducta pero, al expresarla de esta forma la conducta inteligente sigue sometida sobre las variables contextuales y no sobre el sujeto aunque se mencione la existencia del control y el contra-control.

Respuesta: (Jorge Campo)
El problema con desgajar contexto de sujeto es precisamente ese, que no es desgajable. No es desgajable de su historia, ni de su contexto, ni de sus aspectos disposicionales. No es desgajable en fin del mundo en el que habita y en el que se compone a cada momento. Este es el problema de base de la aproximación cognitiva, tanto a la inteligencia como a cualquier otro aspecto del ser humano: el presentarlo como un ente autónoma que actúa sobre el mundo.

Desde nuestro punto de vista, el sujeto no es objeto de investigación. Nuestro punto de vista es más natural y parsimonioso desde el momento en que tratamos de la relación de cada sujeto con su entorno. Con ello evitamos explicaciones ad-hoc que no son comprobables y que llevan al circularismo o el recurrir a instancias inexistentes que pseudoexplican un fenómeno. Con ello evitamos el homocentrismo que se encuentra tan arraigado en la práctica psicológica.

En definitiva, cualquier acto del sujeto tomado como tal, no es posible si no es en "referencia a" y sin ese-os referente-s, es simplemente imposible cualquier análisis...bueno sí, está la invención de poner en el sujeto ideas y pensamientos que al parecer surgen de algún interior desconocido (con ello se suele perder un tiempo precioso y un desdeño por los aspectos funcionales de la conducta).

No se está diciendo con esto que la investigación y experimentación llamada cognitiva sea desechable, sólo se pone en tela de juicio la interpretación de los hallazgos que parten de supuestos ya dados más que dudosos.

Lo más que se llega a acercarse uno a un, llamémoslo así, punto de vista homocéntrico, sería el hablar del lenguaje desde el lenguaje, pero esto, sí efectivamente, también es conducta a pesar de su desgajamiento.

Pregunta: ¿Es posible que al darle un estimulo a un perro este siempre responda sea entrenado o no? Ej. llamarlo por su nombre o un simple darle un bocado de comida.

Respuesta: (Luis Varela)
Estimada C. y otros consultantes:

En el entrenamiento de perros, como en otros animales, hace falta realizar varios ensayos de cada comportamiento para que se produzca ese "aprendizaje".

Habitualmente en el entrenamiento de animales se trata de asociar una estimulacion antecedente (una palabra, un sonido, un gesto, un click) con la respuesta requerida (acercarse, sentarse, tumbarse) a lo que debe seguir inmediatamente algo de comida (trozo de galleta u otro alimento en muy pequeñas porciones), pero tambien puede ir seguirda de caricias, cosquillas o juego con el animal.

Al primer estimulo tecnicamente se le denomina "estimulo discriminativo", y al ultimo "reforzador positivo". Cuando se han realizado varios ensayos, al presentarse esa palabra o sonido, el perro realizara inmediatamente la respuesta, que debera ser reforzada por el entrenador. En los primeros ensayos se puede utilizar comida, pero combinar progresivamente con caricias y juego, por lo que despues del entrenamiento ya no haran falta tantas "galletitas".

Lo que no se puede hacer es pretender que por hablarle al perro, o darle indicaciones, el perro haga a la primera lo que nosotros queramos. Como todos los animales (humanos incluidos) aprendemos por las consecuencias, y hace falta un periodo de entrenamiento o enseñanza. De igual forma, los perros pueden aprender donde acostarse, donde comer, donde defecar, y se les puede enseñar todas las habilidades necesarias para una convivencia positiva con los humanos. Pero necesitan tiempo y ensayos, no es algo automatico o instintivo.

ENLACES SOBRE APRENDIZAJE CON CLICK

Consultar videos en YouTube con "clicker" o "training dog"

 

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