| ETIQUETAS
Y DIAGNÓSTICOS

José
Mª San Román Sevillano 
"El
proceso de medicalización se refiere a un fenómeno que incluye
diversos procesos históricos de largo alcance, y a través del
cual, podemos detectar que ámbitos cada vez más amplios de la
vida personal y social de la gente van siendo objeto de preocupación,
estudio, orientación y, en definitiva control, por parte de la
corporación médica" (Romaní, 1999).
Como
señala el autor citado, en curso del proceso anteriormente referido,
el científico decimonónico trata de rescatar del oscurantismo religioso
una categoría del sufrimiento humano que denominará "enfermedades
mentales", sin embargo y paradójicamente, este médico ilustrado
acabará ejerciendo "él el mismo ministerio sacerdotal que
combatía" (sic).
A
lo largo de la Edad Media y Moderna, los problemas de conducta fueron
considerados formas de expiación de la culpa por los pecados cometidos,
castigos divinos. La manera de abordarlos, consiguientemente reflejaba,
sobre esa base anteriormente señalada, la ideología del agente que
trataba de resolver el problema; esta podía llevar a la represión
del individuo -desde las posturas más claramente inquisitoriales-
o, más adelante, a su institucionalización en asilos desde
posturas ideológicas caritativas.
Ya
en los antecedentes de la Revolución Industrial se produjo un progreso
de las ciencias, incluidas las biomédicas. Gracias a estas se reconoció
que una causa interna al organismo -un agente infeccioso por ejemplo-
se podía manifestar en una serie de síntomas reconocibles, asociados
y clasificables por el observador preparado. Los síntomas podían
agruparse, clasificarse, y esta tarea, cuya culminación era el diagnóstico
clínico, se demostró útil en el posterior tratamiento de la
enfermedad. Dentro de esquemas cartesianos del conocimiento y la
psicología, se estableció el paralelismo de que, al igual que el
cuerpo podía enfermar por una causa interna, lo mismo podía pasar
con el alma, con la psique, llegándose a la conclusión de que el
comportamiento anómalo era un síntoma, una manifestación
externa de un proceso interno de enfermedad. La peculiaridad del
asunto era que, en este caso, lo que enfermaba era la mente;
en algunos casos esta seguía siendo inextensa, en otros se identificaba
con el cerebro o el sistema nervioso. Por pura lógica social, el
problema de conducta pasó a ser entonces un problema médico
-profesión emergente en aquel momento- y se intentó abordar por
los mismos procedimientos que habían sido eficaces en el tratamiento
de las enfermedades del soma; el paso subsiguiente fue la búsqueda
de nosologías psiquiátricas.
Sin
embargo, la lógica de los procesos biomédicos y la lógica de los
eventos psicológicos son inconmensurables, así el único resultado
posible de esta búsqueda de diagnósticos mentales fue la substitución
de un juicio de valor religioso-moral por un juicio de valor medicalizado
y pseudocientífico.
Esta
cualidad de juicio de valor de la etiqueta diagnóstica se identifica
claramente en el curso histórico que siguen los términos psiquiátricos.
En un primer momento son utilizados en contextos de uso limitados
y profesionales para, poco a poco, irse popularizando y despojándose
de sus vestimentas cientifistas y mostrar su cualidad pura. Este
es un proceso claro que ha afectado a palabras como "idiota",
"imbécil", "histérica", "neurótico",
"psicópata" o, uno que actualmente está en proceso
de transformación , "anoréxica". Se han devaluado
desde la categoría de entidad psiquiátrica y esotérica para convertirse
primero, en términos de sabiduría convencional y luego, en pura
y llanamente insultos comunes del lenguaje ordinario. No obstante
en el proceso han conservado su cualidad original de juicios
de valor.
A
día de hoy la psicología no se ha despojado del peso muerto que
supone la terminología psiquiátrica: términos como "psicología
clínica o psicoterapia", o manuales diagnósticos como el
CIE-10 o el DSM-IV lo atestiguan claramente; si bien, por pura urgencia
comunicativa, los manuales diagnósticos han evolucionado desde categorías
globalizadoras hacia categorías cada vez más descriptivas. A pesar
de lo anterior, el diagnóstico psiquiátrico sigue siendo inútil
para el analista conductual dado que se basa en las características
morfológicas de la conducta y no en las propiedades funcionales
de esta, conocimiento sin el cual se hace imposible la modificación
del comportamiento. Sirven para hacer informes y comunicarnos con
entidades y grupos profesionales imbuidos de una concepción mentalista
y dualista de la conducta humana, en ese sentido su conocimiento
debe ser considerado como una "habilidad profesional"
que el analista de conducta habrá de dominar y ejercer en determinadas
ocasiones.
Pero,
aparte de la inadecuación científica y tecnológica de la nosología
psiquiátrica al campo del análisis y modificación de conducta, la
utilización de etiquetas puede tener graves riesgos e inconvenientes.
Los señalamos a continuación:
- No
proporcionan información útil. Como señalábamos arriba solo
informan de morfologías de comportamiento, no de relaciones
funcionales. Por ello no sirven para modificar el comportamiento
de las personas.
- Dificultan
la comunicación profesional al prestarse a múltiples interpretaciones.
Esto en contra del argumento habitual a su favor que se suele
utilizar.
- Ensombrecen
comportamientos competentes que pueden desmentir la etiqueta
por ser estas generalizaciones.
- Son
explicaciones tautológicas. Se muestran como explicativas
pero en realidad son explicaciones circulares. A partir de
lo que vemos deducimos la etiqueta y después es la misma etiqueta
la que nos explica lo que vemos.
- Los
comportamientos que refieren reciben gran atención social
lo que puede, a su vez, reforzar esos comportamientos.
- No
nos informan de comportamientos alternativos disponibles en
el repertorio de las personas.
- Focalizan
la atención en déficits o problemas de conducta más que en
habilidades y competencias.
- Pueden
convertirse en "profecías autocumplidas", justificando
ante la persona y los demás algunas formas de conducta.
- Inducen
fatalismo y desresponsabilización.
- Y
sobre todo: son socialmente conservadoras por desconectar
la conducta del entorno en que esta tiene lugar. Ensombrecen
el origen ambiental y social de los problemas de las personas.
Si el problema es del individuo huelga actuar sobre su entorno.
La
utilización de categorías lógicas y procedimientos propios de disciplinas
ajenas, por su inadecuación para el análisis del propio objeto de
estudio, solo puede dificultar el avance en el conocimiento de la
ciencia psicológica. La psicología debe referirse a/y mejorar su
propio acervo de categorías, terminología, procedimientos etc… no
importarlos de otras áreas. Los grandes saltos en el conocimiento
acerca de la conducta y en los procedimientos aplicados en psicología
solo se han producido cuando esta ha procurado alejarse de concepciones
medicalizantes y dualistas.
Así,
para finalizar, afirmamos que la utilización de etiquetas psiquiátricas
por parte del analista/modificador de conducta deberá restringirse
a un mínimo, limitándose a las ocasiones que sean necesarias en
una relación interprofesional o a las ocasiones en las que el proceso
de intervención concreta así lo aconseje, que serán pocas. Afirmamos,
así mismo, que, en el ejercicio de la profesión de analista/modificador
de conducta el del etiquetaje no es una habilidad básica a manejar
y menos aún podemos pensar que su conocimiento puede ser un substituto
de un estudio y conocimiento profundo de los procedimientos del
Análisis Funcional de la Conducta.
Reivindicamos,
por otro lado, la independencia epistemológica, científica y tecnológica
de la psicología como ciencia del comportamiento. Si la psicología
vive momentos de estancamiento y falta de ideas es debido, fundamentalmente,
a la utilización de un ropaje que no es el suyo. La ciencia de la
conducta debe desligarse de concepciones decimonónicas -en el estricto
sentido de la palabra- del comportamiento humano. Sin embargo, la
psicología es una entidad social que vive en un momento sociohistórico
del que tal vez no se pueda zafar. En caso de que esto sea así quizá
sea la ciencia de la conducta la que deba desligarse de la psicología.
Pero esto sería motivo de otro escrito.
BIBLIOGRAFÍA
- COSTA
y LÓPEZ (’91): Manual del Educador Social. vol 1 y 2. Ed.
Ministerio de Asuntos Sociales.
- LÓPEZ
PIÑERO, NAVARRO y PORTELA ‘(89): La Revolución Científica.
Ed. Historia 16
- ROMANÍ,
O (’99): Las Drogas. Sueños y Razones. Ed Ariel.
- RIBES,
E. (’90): Psicología y Salud: Un análisis Conceptual. Ed.
Mtnez-Roca
COMENTARIOS
Y PREGUNTAS REALIZADOS POR LOS LECTORES DEL ARTÍCULO:
Comentario:
Me gustaría
saber cómo abordáis un trastorno como la psicosis
en terapia conductual; estoy convencida de que los dos años
de tratamiento que se le han dado a un familiar mío podrían
haber sido sustituidos por una buena terapia. No se asta que punto
es efectivo ese tratamiento y menos llevado por un psiquiatra de
la seguridad social. No se han ocupado en absoluto de averiguar
de dónde procede el problema... Hay límites claros
entre la psicología y la psiquiatría?
Respuesta:
(Chema San Roman)
Desde la modificación de conducta los trastornos de tipo
psicótico se tratan como cualquier otro problema de conducta:
mediante el análisis funcional de la conducta y la consecuente
aplicación de los procedimientos que después sean
necesarios. De todos modos es un hecho establecido que en este tipo
de problemas la medicación "antipsicótica"
es casi siempre necesaria (por no decir siempre) pero casi nunca
suficiente. Parece claro que existen alteraciones biológicas
en el sistema nervioso aunque los neurólogos no se ponen
muy de acuerdo en qué consisten estas -creo, no te lo aseguro,
que la hipótesis más testada es la de que existe una
mayor concentración de la habitual en los receptores D-2
de la neurona postsináptica en el área prefrontal.
No obstante esto anterior, esa alteración ¿es "causa
o consecuencia"? Si tenemos un coche al que le falla la caja
de cambios, pongamos por caso, puede ser que sea porque viene mal
de fábrica o porque lo hemos sobrerrevolucionado... o por
ambas cosas. De todos modos una vez que ya no funciona bien hay
que arreglarla. Pero una vez que el mecánico ha hecho su
trabajo, si el trabajo está bien hecho y si queremos que
el coche siga funcionando bien, conviene que no lo sobrecarguemos,
que no lo metamos por caminos excesivamente duros, que no lo pongamos
por encima de revoluciones, que lo llevemos a cambiar la valvulina
cuando sea necesario... y esto no lo puede hacer el mecánico.
Así, a mi modo de ver, el psiquiatra es necesario para ajustar
la medicación lo mejor posible y a la baja siempre que sea
posible dado que los neurolépticos son medicaciones que suelen
tener bastantes efectos secundarios. El resto del trabajo corresponde
al psicólogo -y esto no lo digo por corporativismo, lo digo
porque normalmente es el que suele saber de estas cosas, si encontramos
un torero que sepa hacerlo muy bien que lo haga el torero, a mí
me da igual. Desde la psiquiatría los problemas psicóticos
se entienden como "enfermedades mentales", con su causa
interna correspondiente -que puede ser desde el dichoso citomegalovirus
que sirve pa casi tó, hasta un trauma infantil que se traduce
en un conflicto intrapsíquico pasando,
últimamente cada vez más, por un fallo en los mecanismos
de procesamiento de información sobre la realidad. Desde
la psicología conductual el problema se entiende como el
resultado de la interrelación de una persona -que puede tener
una alteración del sistema nervioso sí pero persona
de todos modos: con sus competencias, su historia de aprendizaje,
su contexto social...- con un mundo que no se lo pone fácil.
¿Qué cosas no se lo ponen fácil? Unos ejemplos:
En
primer y principal lugar, el modelo médico de entender el
problema. Te cuento un ejemplo, me viene a consulta un chico de
20 años tras salir de un ingreso que se había efectuado
por vía judicial, el chico fumaba demasiados porros, leía
a risnamurti, hablaba de temas metafísicos con la gente del
pueblo, hacía una dieta vegetariana, pasaba de ir a clase
(todo poco recomendable la verdad).... pero no oía voces,
no deliraba, tenía una buena red social y se divertía
con sus amigos. Y un día se pelea con su padre en la plaza
del pueblo, tenían muy mala relación. Resultado: Guardia
Civil, psiquiátrico, diagnóstico de esquizofrenia
e ingreso obligatorio. "Lo que no sé es porqué
no ingresaron también a mi padre" me decía. ¿Por
qué no ingresaron a su padre? Porque no daba el perfil, así
de fácil. A día de hoy ES un esquizofrénico,
la etiqueta lo ha convertido en tal. Lo han metido en un programa
de "rehabilitación laboral" de enfermos mentales
(hacen cerámica, macramé...) por el que le dan un
sueldecito, está bien medicadito, y se porta muy bien en
casa, y si no se porta bien tiene su ingreso correspondiente. Sus
padres están encantados. Ahora ya hasta delira de vez en
cuando, ha aprendido durante los ingresos. A esto se le llama psiquiatrización.
Cuando les conté a los padres mi punto de vista del tema
no quisieron saber nada más de mí, ¡ellos tenían
que ponerse a currar también, solo faltaba eso: pagar y encima
tener que hacer tare as! ¡Y encima se lo dice uno que no lleva
ni bata! Ellos lo que querían que hiciera es que yo arreglara
la cabeza de su hijo: comulgaban con el modelo médico predominante.
Relacionado
con lo anterior: los estereotipos sociales al respecto. Prueba a
hacer un experimento: dile a tus amigos que eres una esquizofrénica,
si te queda algún amigo ese es que es un amigo de verdad.
La gente tiene miedo de los locos y sin embargo el porcentaje de
delitos violentos que cometen es inferior al de la población
normal (esto son datos empíricos). Si estás etiquetado
de "esquizo" no encuentras trabajo, los vecinos te rehuyen
o te tratan como si fueras tonto, los servicios sociales te dan
una pensión de miseria que te sirve lo justo para que no
te busques la vida etc, etc...
Como
ves, o como quiero exponer, la esquizofrenia no está solo
en la cabeza del loco, también está fuera. Y aquí
es donde trabajamos los conductistas. Existe toda una bibliografía
de rehabilitación psicosocial que explica muy bien lo que
se tiene que hacer, la comunidad de Madrid es modélica al
respecto en este aspecto, por cierto. Son todos conductistas, obtienen
tan buenos resultados que ni el PP ha podido rebajarle los presupuestos,
¡los han aumentado! Por otro lado, también
últimamente se están desarrollando mucho las técnicas
psicológicas para tratar los delirios y las alucinaciones,
procede de la terapia cognitiva, pero lo que hacen, no puede ser
de otro modo, es análisis y modificación de conducta.
Bueno Mesalina, que tengo que currar. Si quieres bibliografía
-o alguno de los apuntes que utilizo para explicar esto a mis alumnos-
seguro que sabes donde encontrarla ;-).
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