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COMENTARIOS SOBRE LA DIFUSIÓN
DE LA TECNOLOGÍA CONDUCTUAL
(1)

Comentarios sobre la difusióon de la tecnología conductual

Richard Malott (2) e-mail Dick Malott

Trad.: Manuel García Silvente
e-mail William Montgomery



Problema: El Análisis de Conducta tiene muy poco impacto.

El interés por la difusión de la tecnología conductual proviene de la preocupación por el limitado impacto del Análisis de Conducta. Antes de considerar el impacto del Análisis de Conducta en el mundo de la acción, dejadme primero estudiar su impacto en el mundo de las ideas, si me perdonáis el dualismo. Sería interesante seguir una perspectiva histórica sobre cuánto impacto ha tenido el Análisis de Conducta. Haciendo esto, deberíamos tener en mente su reciente emergencia, su reducido número de participantes, y los escasos recursos invertidos en él. ¿Estamos detrás, a la cabeza o al mismo nivel que otras disciplinas con un comparable estado de desarrollo? Por ejemplo, ¿cuál es el resultado si nos comparamos con la ciencia médica del siglo diecinueve? Y ¿cómo es el impacto de ‘La conducta de los organismos’ de Skinner si se compara con ‘La Evolución de las Especies’ de Darwin, en un número equivalente de años después de su publicación y por qué es así? No tengo respuestas para esas preguntas y las planteo a la espera de que alguien si pueda responderlas. Sin embargo, podríamos obtener una indicación del impacto intelectual absoluto del Análisis de Conducta (Laties y Mace, 1993). En 1992, las suscripciones a siete de las principales revistas conductuales eran 17.081. Además, en torno a 1986, había alrededor de 40 revistas conductuales aplicadas (Barlow, 1993). Esta buena noticia es un poco atemperada por la realidad ya que hay considerables duplicidades entre las suscripciones de las siete revistas, y una buena cantidad del trabajo está mas orientado hacia la terapia de conducta que hacia un análisis de conducta skinneriano. También podemos obtener una medida relativa del impacto intelectual del análisis de conducta. Para ello comparamos la suscripción de 1992 del Journal of Applied Behavior Analysis (JABA) (4.636) con dos de las revistas aplicadas que no están especializadas en investigación analítico conductual, aunque pueden publicar algunos artículos analítico conductuales: la American Journal on Mental Retardation (AJMR) (11.600) y la revista de la Asociación Americana de Psicología, el Journal of Consulting and Clinical Psychology (JCCP) (10.488). Igualmente, puede medirse el impacto de JABA en términos del numero y la frecuencia relativa de sus artículos citados. En 1982, había un total de 1.486 referencias medidas a artículos de JABA y un promedio de 1.39 referencias por articulo de JABA publicados en los dos años previos. Esto contrasta favorablemente con 1.310 y 0.89 para el AMJR y algo menos favorable con 5.898 y 2.01 para el JCCP. Entonces en el mundo académico de la investigación, parece que el análisis de conducta juega un papel mas importante aunque no dominante. ¿Qué contribución ha realizado el análisis de conducta al contexto aplicado? Frente al cuadro razonablemente optimista sobre el impacto del análisis de conducta en el mundo académico, podríamos comparar los 2.500 miembros de la ABA (R. Schnarrs) con los 132.000 miembros de la APA (Whitaker, comunicación personal, 5 de diciembre de 1995), la gran mayoría de los cuales no son profesionales analítico conductuales. O, como Baer, Wolf y Risley (1987) señalan, el análisis de conducta supone un 2% de la psicología americana. Esto puede indicar que el impacto del análisis de conducta es mucho menor en el mundo profesional. El contraste sería peor si nos comparáramos con el número de trabajadores sociales, trabajadores de instituciones penitenciarias, gerontólogos, profesores, rehabilitadotes, especialistas en adicciones, y consultores de empresas pertenecientes a ABA frente a aquellos pertenecientes a las correspondientes organizaciones profesionales tradicionales. Además la mayoría de nuestro trabajo aplicado se concentra en un campo importante pero relativamente pequeño. El cincuenta y ocho por ciento de los artículos de investigación publicados en una muestra de cuatro números recientes de JABA se dedicaban a la discapacidad del desarrollo. Aunque éste en un problema importante, seguramente el resto del mundo merece más del 42% de nuestro esfuerzo experimental. Además, el desequilibrio en el porcentaje de artículos dedicados a la discapacidad del desarrollo se ha incrementado en lugar de descender a lo largo de la historia de JABA, aunque sólo el 1% de nuestra población se clasifica como discapacitada en el desarrollo (Northup, Vollmer y Serrett, 1993). Laties y Mace (1993) sugieren que el análisis de conducta ha realizado contribuciones a otros servicios psicológicos y a la educación. El análisis de conducta ha aportado procedimientos tales como el reforzamiento social diferencial, la economía de fichas, las jerarquías de ayudas, el automanejo, el tiempo fuera efectivo y no intrusivo, o el análisis funcional; el análisis de conducta ahora está haciendo contribuciones preliminares a la seguridad vial, intervención comunitaria, deporte y ejercicio, competencia social y los negocios y la industria. Pero nuestra tecnología deber ser todavía bien difundida en esos otros campos.

Causas del problema.

Para difundir el análisis de conducta más ampliamente, necesitamos más analistas de conducta para realizar esta difusión. No somos bastantes; los ‘pocos contentos’ de Skinner son muy pocos. Tanto el agotamiento como la baja producción son unas de las principales razones de que haya tan pocos analistas de conducta. Muchos, tal vez la mayoría, de los pocos de nosotros que nos entrenamos como analistas de conducta dejamos de practicas el análisis de conducta poco después de la graduación de la universidad, especialmente aquellos alumnos entrenados conductualmente que trabajan fuera de la universidad.

Para apreciar el agotamiento dentro de las filas del análisis de conducta, consideremos estos datos: sobre el 50% de los asistentes a la conferencia anual de la Asociación para el Análisis de Conducta (Association for Behavior Analysis, ABA) son miembros estudiantes. A lo largo de los 23 años de ABA y desde su gestación se han celebrado reuniones anuales; y durante este tiempo, la asistencia ha crecido desde unos 900 hasta 1.750 asistentes. Asumiendo que los estudiantes asisten a la convención durante los dos años siguientes a su graduación. Si no sumamos a los miembros estudiantes, el número de asistentes debería rondar los 15.400 en lugar de los 1.750. Un amplio porcentaje de los 13.650 miembros perdidos son alumnos que se han graduado en la universidad y han entrado en el mundo profesional. A menudo, graduarte supone abandonar un conjunto de contingencias sociales que apoyan el análisis de conducta y encontrarse con un conjunto de contingencias sociales que extingue e incluso castiga el análisis de conducta. Aquellos que tienen que hacer una vida basada en lo que ellos difunden a menudo encuentran conveniente hacerlo en términos de la moda del momento, por ejemplo realizando aventuras extremas con experiencias de vinculación para ejecutivos en lugar de utilizar el análisis de conducta para facilitar la aplicación del análisis de conducta. Y contrariamente a lo que podríamos esperar, las pequeñas aunque acumulativamente significativas consecuencias prácticas de aplicar el análisis de conducta no apoya tal modo de actuar.

Parte del problema es que los candidatos analítico-conductuales no están disponibles cuando trabajos para analistas de conducta lo están o viceversa. Y parte del problema es que no hay ni bastantes trabajos para analistas de conducta ni tampoco Analistas de Conducta. Esto puede explicar muchos de los abandonos de los miembros alumnos de ABA. La mayoría de alumnos se colocan en empleos que no apoyan el análisis de conducta, y la comunidad conductual no hace un adecuado trabajo de mantenimiento del enganche conductual de nuestros alumnos en esos puestos. En resumen, hay muy pocas ofertas de empleo para analistas de conductas y muy pocos analistas de conducta para cubrir dichos puestos. No hay suficientes organizaciones que estén utilizando eficientemente el análisis de conducta. Esto es debido a que no hay suficientes organizaciones contratando analistas de conducta, lo cual, a su vez, es debido a que esas organizaciones no están buscando analistas de conductas para contratarlos, y porque que no hay suficientes analistas de conducta para contratar cuando las organizaciones los buscan. Pero hay también otro problema. Los analistas de conducta puede que no sean suficientemente efectivos al animar a otros para utilizar la tecnología conductual; así fallan en la posterior difusión del análisis de conducta.


Análisis.

Conducta gobernada por reglas o Control del Ello frente al control del Yo.

Como señala Shimamune (1996), no deberíamos confundir la actuación indirecta gobernada por reglas análogo de las contingencias complejas, verbales, de ‘toma de decisión’ humanas con las simples contingencias de actuación directa de la rata en la caja de Skinner. Sin embargo, tales contingencias de actuación directa conforman la base de toda conducta humana. En otras palabras, los resultados de la adopción de una tecnología en particular son casi siempre demasiado demorados para reforzar o castigar tales adopciones; entonces sería metafórico, a lo mejor, el extrapolar de unos pocos segundos de demora del reforzamiento del intervalo fijo en la investigación sobre la ley de la igualación a los días, semanas, meses y años de demora entre la adopción de la tecnología conductual y el reforzamiento que dicha tecnología podría eventualmente producir. Sin embargo no solo deberíamos evitar la excesiva simplificación que plaga mucho del análisis de conducta, sino que los analistas de conducta deberíamos también ser cautelosos con el seductor atractivo de la racionalidad implícita en la psicología cognitiva. En otras palabras, justo porque un potencial adoptante tacta (3) toda clase de características de la tecnología, Freud podría estar en lo cierto en el sentido de que muchos de esos tactos podrían no ser más que racionalizaciones decorativas; y las variables que realmente controlan la conducta de los adoptantes serían las sonrisas y los fruncimientos de entrecejo del diseminador de la tecnología. No estoy sugiriendo que el ser humano sea incapaz de la decisión racional, sino sólo que tal decisión racional puede ser más rara de lo que asumimos. Por lo tanto, la mayor parte de las afirmaciones y tactos de los adoptantes potenciales describiendo la tecnología en cuestión podría ser intraverbales debidas al contacto con la propia tecnología actual. Es decir que nuestro análisis debería sopesar delicadamente el control potencial de las reglas verbales por acción indirecta y las contingencias de acción directa del castigo y el reforzamiento social – la batalla constante de las contingencias del ego y el ello de Freud.

Compromiso frente a adherencia.

Al considerar la difusión del análisis de conducta tendemos a cometer el error de concentrarnos en el compromiso ignorando la adherencia. Mientras que esto es un problema especial para los cognitivos, los conductistas también tienen esta confusión. Con un modelo racional de la conducta humana, los cognitivos habitualmente pasan por alto la distinción crucial entre compromiso y adherencia. De manera que constantemente se están sorprendiendo al encontrar que el acuerdo racional con un curso de acción particular a menudo no asegura el seguir dicho curso de acción; el estar de acuerdo con una dieta y el adherirse a la dieta son dos conductas diferentes. Aunque afortunadamente para los lectores japoneses, este ejemplo puede ser más relevante para la cultura americana que para la japonesa (4). Generalmente nos ajustamos a nuestros compromisos, hasta tal punto que cada ejemplo de tal adherencia resulta en un resultado probable y mensurable. Pero fallar en seguir una dieta de reducción de peso por sólo un plato de helado tendrá un infinitesimal impacto en nuestra cintura, aunque la repetición de estos fallos tiene un efecto acumulativamente significativo en más que nuestra cintura. De manera parecida, un ejemplo concreto de adherencia a la implementación de muchas tecnologías conductuales resultan en sólo un infinitesimal resultado beneficioso, por ejemplo, un solo caso de un maestro reforzando la conducta apropiada de un alumno tendrá un impacto inapreciable en la conducta del niño; sin embargo, el reforzamiento consistente de la conducta apropiada del niño puede tener el resultado acumulativo de cambiar el fracaso académico en éxito académico. Aunque debido al pobre control generado por las reglas que describen pequeños resultados, aunque acumulativamente significativos, muchos maestros fracasan al adherirse a la tecnología conductual en sus clases aunque hayan dejado el aula de la Escuela universitaria firmemente comprometidos con dicha tecnología.

Soluciones.

Desde la perspectiva del diseño de sistemas dirigidos a las metas, los profesores de universidad de análisis de conducta pueden contribuir enormemente a la meta de aumentar el impacto de B.F. Skinner en el siglo XXI. Hay varias vías que podrían seguir para realizar tal contribución. Quizás los estudiantes podrían aprender más sobre la difusión efectiva de la tecnología estudiando la conducta empleada por los vendedores de coches y leyendo Cómo ganar amigos e influir en la gente de Dale Carnegie (1982) que de lo que podemos estudiando modelos matemáticos de toma de decisiones. Por ejemplo, después de retirarse de la Universidad de Columbia, Fred S. Keller difundió por toda Latinoamérica su sistema personalizado de instrucción, tecnología instruccional de inspiración conductual; en el proceso también difundió el análisis de conducta en general por todo el continente. A mi modo de ver su secreto fue que era tan querido que a cualquiera le gustaría como abuelo; y que tenía una forma efectiva de mover la cabeza en profundo, solícito acuerdo con lo que decías; que a ver quién se atrevería a ofender a tan maravillosa persona negándose a adoptar la tecnología que él defendía. De forma semejante, después de haberse retirado de la Universidad de Illinois, Sydney Bijou ha dedicado de manera efectiva mucho de su tiempo a la difusión internacional del análisis de conducta, simplemente concentrándose en él, yendo a donde era invitado, y estando disponible. Los profesores de universidad pueden alcanzar la submeta de facilitar la difusión de la tecnología analítico-funcional a través de la consecución de una submeta de bajo nivel: asegurando que analistas de conducta bien entrenados ocupan puestos para hacer un más amplio uso del análisis de conducta. Ellos contribuirán a dicha submeta, de nuevo, produciendo un número más amplio de analistas de conducta bien entrenados. Sin embargo, los datos sobre la permanencia en ABA sugieren que únicamente produciendo un amplio número de alumnos de análisis de conducta no es suficiente. Deberíamos emplear todo el esfuerzo que pudiéramos en apoyar el uso continuado del análisis de conducta, una vez que nuestros estudiantes se gradúan. Los profesores de análisis de conducta deberían fomentar también alternativas al modelo tradicional de analista de conducta como consultor. El analista de conducta consultor trata de persuadir a los directores y gerentes de recursos humanos, educativos, y organizaciones empresariales para que adopten y mantengan la tecnología conductual, a menudo una meta difícil o imposible. Una alternativa para los analistas de conducta es llegar a ser ellos mismos directores y gerentes de tales organizaciones, divisiones, departamentos, plantas, etcétera. Entonces ellos mismos pueden adoptar y mantener la tecnología conductual para cuya utilización han sido entrenados. Aunque el modelo de ‘analista de conducta como administrador’ puede reducir los problemas de la difusión de la tecnología, no los elimina. Y el problema que aún queda es asegurar que nuestros alumnos se defiendan bien en dichas aproximaciones de gestión. Al trabajar con la adherencia, una vez que se obtiene el compromiso, es casi siempre esencial establecer un sistema efectivo de manejo de la ejecución– uno que mantenga la adherencia a una aceptada tecnología conductual. Los analistas de conducta tienen casi la misma probabilidad de mantener la adherencia que los cognitivos.

Conductualizando la Cultura.

Algunos han defendido que deberíamos diseminar la tecnología conductual conductualizando la cultura. Un ejemplo sería el enseñar primeramente el análisis de conducta en preescolar y de ahí hasta el instituto, e incluso hasta la universidad, como parte de una abundante educación en las ciencias sociales y naturales. En la misma línea, los analistas de conducta periódicamente sugieren que deberíamos infiltrarnos en los medios populares tales como las películas, shows televisivos, y columnas de periódicos con temas del análisis de conducta. Mientras que todos esos esfuerzos de conductualizar la cultura podrían ser valiosos, su impacto sería demasiado difuso y su implementación tan costosa que no sería rentable. Por ejemplo, lo que yo he observado es que sin un sistema de mantenimiento efectivo, un curso completo sobre análisis de conducta, sin importar lo efectivo y bien recibido que sea por parte del estudiante, calará poco en éste, si no acaba en un ambiente que explícitamente apoye el uso del análisis de conducta. (Este es nada más que otro ejemplo de la dicotomía entre compromiso y adherencia). Por supuesto que si la enseñanza del análisis de conducta en el instituyo fuera seguida por un efectivo encauzamiento de los estudiantes hacia un programa universitario analítico conductual, la rentabilidad del curso en el instituto se vería enormemente incrementada.

Tal vez tendríamos más éxito dirigiendo diferentes tecnologías específicas según la audiencia, en lugar de intentar conductualizar la cultura. Yo encuentro poca resistencia hacia el análisis de conducta como tecnología en mi curso de licenciatura sobre principios de conducta y poco necesito conductualizar a mis estudiantes para prepararlos para aceptar la tecnología conductual. Sin embargo, encuentro mucha más resistencia hacia el análisis de conducta como visión del mundo en un curso de postgrado; por ejemplo, pocos estudiantes son capaces de aceptar las implicaciones del análisis de conducta respecto al libre albedrío, la conciencia, religión, inteligencia, o valores sexuales.

Investigación y Desarrollo.

Shimamune (1996) sugiere que la investigación y el desarrollo en el área de la tecnología de la difusión puede tener también un amplio espectro para producir una adecuada frecuencia de publicaciones para asegurar la supervivencia académica del investigador (ver Hopkins, 1987, para una visión similar sobre las reservas respecto a la investigación a largo plazo). Creo que el secreto puede estar en publicar en revistas profesionales indicios de éxito a medida que el proyecto progrese hacia sus metas a largo plazo. Si los expertos se centran suficientemente en la investigación y la publicación, podrían tanto desarrollar una tecnología de amplio espectro como publicar por el camino, aunque esto no es fácil. Un ejemplo pueden ser los investigadores que desarrollaron el modelo ‘Achievement Place’ (Fixsen & Blase, 1993); ellos generaron muchas publicaciones al tiempo que difundían su tecnología. Por lo tanto, esfuerzos a pequeña escala en la difusión de la investigación podría no ser demasiando costoso. Por ejemplo, nosotros los académicos podríamos hacer investigación sobre la difusión de nuestra tecnología conductual hacia nuestros estudiantes para utilizar en sus vidas diarias, tecnologías como las técnicas de automanejo, contrato conductual y técnicas de estudio efectivas. Desde el nivel individual de difusión, podríamos ir al nivel organizacional de pequeña escala, tales como las organizaciones estudiantiles dentro de la universidad. Igualmente, muchos de nuestros estudiantes especialmente los graduados trabajan en contextos organizacionales, tales como el clínico, educativo o empresarial. Y por su puesto, la universidad en sí misma, es una organización marcadamente resistente a la innovación, especialmente a la de naturaleza conductual, una organización que puede ofrecer un riguroso lugar de pruebas para algunas de nuestras teorías y técnicas relacionadas con la difusión de tecnología, teoría, filosofía, e incluso de hechos. Muchos de los que enseñamos análisis de conducta a estudiantes universitarios trabajamos diariamente en un laboratorio natural pidiendo un esfuerzo sistemático en la difusión de la tecnología, ciencia y filosofía. En lugar de culpar al estudiante (la víctima) por no ser capaz de apreciar en lo tecnológico, filosófico, intelectual y espiritual el poder del análisis de conducta, deberíamos analizar sistemáticamente las variables que controlan el compromiso y adherencia de nuestro estudiante con el análisis de conducta en todas sus muchas ramificaciones. Entonces podríamos expandirlo gradualmente desde nuestra aula. Primero podríamos llevarlo a otras aulas y organizaciones dentro de la universidad, a aquellas organizaciones fuera de la universidad a las que nuestros estudiantes tienen rápido acceso; y como iremos adquiriendo una cada vez más efectiva tecnología de difusión, podríamos ampliar nuestros esfuerzos para incluir organizaciones y poblaciones de cada vez mayor impacto sobre nuestra cultura en general. Todo esto es más fácil de decir que de hacer, pero no habría hecho nada en mi vida que valiera la pena sin me hubiera planteado desde el principio lo difícil que iba a ser conseguirlo. Por lo tanto es mejor no ser demasiado sincero respecto a las dificultades previstas para conseguir cualquier nuevo proyecto, ¿podría ser esta leve decepción el primer paso en la difusión del análisis de conducta? De manera más general, podríamos desarrollar la tecnología para la difusión que Shimamune (1996) defendía mediante la puesta en marcha de varios estudios de caso. En dichos estudios de caso, podríamos seguir el proceso que él recomienda y documentar sus éxitos y fracasos, modificando sus recomendaciones según nos vaya surgiendo. Entonces deberíamos ofrecer a nuestros estudiantes graduados un entrenamiento práctico en la implementación de la tecnología de la difusión a pequeña escala, en una institución individual, departamento, aula, o sección dentro de una institución. Estas replicaciones a pequeña escala incluso podrían ser un buen punto de partida para la investigación empírica y el desarrollo de la tecnología de difusión de Shimamune. Quizás los profesores universitarios podrían añadir la difusión como un requisito para considerar aceptables ponencias y artículos. Esta adición podrían ser vista como una crueldad innecesaria, pero tal vez el alcance inicial de las disertaciones sobre análisis conductual aplicado podría reducirse para hacer difusiones más manejables dentro de un marco de tiempo razonable. Entonces no sería suficiente únicamente con mostrar que un ejemplo particular de tecnología conductual funciona, debería ser también necesario demostrar que la tecnología funciona en manos del usuario final, que es fácil de que la adopte, y que es probable que éste continúe utilizándola (una variable relevante debería ser probablemente lo fácil que resulta para el novato y el experto). Tales requerimientos centrados en las ya estrictas exigencias de publicación en la revistas de análisis de conducta podría también facilitar la difusión. Por su parte, estas revistas deberían fomentar activamente el seguimiento de la publicación de datos sobre el uso y difusión como medios para estimular tales investigaciones y esfuerzos desarrolladores.

Conclusiones

Para complementar los puntos que Shimamune (1996) señaló, deberíamos además considerar las siguientes cuestiones: la extensión de las contribuciones del análisis de conducta a nivel filosófico, teórico y práctico. El mantenimiento de los analistas de conducta ya entrenados. El entrenamiento de más analistas de conducta. El error de no valorar la importancia de la conducta gobernada por reglas en la adopción de la tecnología conductual. La irrelevancia de la racionalidad de cara a la adopción de la tecnología conductual. La distinción entre compromiso y adherencia. El impacto del rol de consultor frente al papel de gestor. El impacto de la conductualización de la cultura frente a la popularización de tecnologías conductuales específicas. Si deberíamos emplear un modelo de análisis de conducta tradicional o una extensión del modelo de estudio de caso extendido para la investigación y el desarrollo de una tecnología conductual para la difusión de la tecnología conductual.

Finalizado: 27 de Diciembre de 2007


Referencias.

  • Baer, D. M., Wolf, M. M., & Risley, T. R. (1987). Some still-current dimensions of applied behavior analysis. Journal of Applied Behavior Analysis, 20, 313 – 327.
  • Barlow, D. H. (1993). Foundation and Empire. Journal of Applied Behavior Analysis, 26, 527 – 537.
    Carnegie, D. (1982). How to win friends and influence people (Rev. ed.). New York: Pocket Books.
  • Fixsen, D.L., & Blase, K. A. (1993). Creating new realities: Program development and dissemination. Journal of Applied Behavior Analysis, 26, 597 – 615.
  • Hopkins, B. L. (1987). Comments on the futures of applied behavior analysis. Journal of Applied Behavior Analysis, 20, 339 – 346.
  • Laties, V. G., & Mace, F. C. (1993). Taking Stock: The first 25 years of the Journal of Applied Behavior Analysis. Journal of Applied Behavior Analysis, 26, 513 – 525.
  • Northup, J., Vollmer, T. R., Serrett, K. (1993). Publication trends in the 25 years of the Journal of Applied Behavior Analysis. Journal of Applied Behavior Analysis, 26, 527 – 537.
  • Shimamune, S. (1996). Dissemination of behavioral technologies: Demand for research and practice. Japanese Journal of Behavior Analysis, 10, 46 – 57.


(1) Traducido y publicado con permiso del autor. El original disponible en www.Dickmalott.com

(2) Richard W. Malott
Wertern Michigan University

(3) N.T.: En el original ‘Tacts’ en referencia a la función verbal denominada por Skinner como Tact (o Tacto, en español). Aquí se traduce como tactar lo que supone ajustarse al original pero introduciendo un término inexistente en castellano. Se entiende que Malott está haciendo referencia a que el hablante responde emitiendo un tacto (ver Conducta Verbal de B.F. Skinner).

(4) N.T.: Este artículo apareció publicado por primera vez en the Japanese Journal of Behavior Analysis, 10, 60.

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