En su libro de 1954,
Skinner ya señalaba que dividiendo las etapas de aprendizaje
de una tarea en pequeños pasos, y que estos recibiesen reforzamiento
contingente, podría incrementar la frecuencia de respuestas
correctas, y por tanto facilitar el proceso de aprendizaje con los
mínimos errores posibles. Para ello sugirió que las
“maquinas de enseñanza” podrían presentar
ese material en pequeños pasos y proporcionar reforzamiento
inmediato sobre cada respuesta del alumno. En aquellos momentos
la tecnología de ordenadores no se había iniciado
siquiera, sólo se utilizaban relés y mecanismos semi-eléctricos.
La "maquina
de enseñanza" diseñada por B.F. Skinner era un
artefacto que hoy veríamos como primitivo (igual que el primer
ordenador de Pascal), pero que utilizaba los principios de conducta
para mejorar el proceso de aprendizaje de conceptos y términos
escolares. Su mayor aportación fue el concepto de "enseñanza
programada" que creó con esa maquina.
Precisamente ha sido
su hija, Julie Vargas Skinner quien se ha especializado en la enseñanza
programada, especialmente en la llamada “Instrucción
Directa”, como forma de diseñar un programa educativo
individualizado, definiendo objetivos, tareas y actividades en un
determinado contenido educativo. Ella narra en una pequeña
biografía cómo Skinner tuvo la idea de las “máquinas
de enseñanza” al visitar la escuela (11-11-1953) de
uno de sus hijos, en la clase de matemáticas, donde se dio
cuenta que el profesor hacía todo lo contrario a los principios
de aprendizaje, los niños hacían problemas de matemáticas
uno tras otro, sin recibir feedback alguno, hacían cuentas
una tras otra sin saber si los resultados estaban bien o no. Aquella
misma tarde ya había diseñado su primera maqueta de
“máquina de enseñar”.
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Fotos
de dos ejemplares de máquinas de enseñanza donde
el alumno puede escribir la respuesta en un lateral, y hacer
avanzar los siguientes ítems o tareas programadas. |
Básicamente
consistía en una caja sobre la que el alumno situaba la hoja
de los conceptos para aprender, y sobre ella otra lamina ocultaba
parte del texto. El alumno iba leyendo el texto, y aparecía
una pregunta que debía contestar por escrito, eligiendo entre
varias alternativas o rellenando una palabra. Una vez contestado
perforando el espacio correcto, el propio alumno rodaba la lámina
y descubría la respuesta correcta. Si era así, la
maquina continuaba al siguiente concepto y anotaba un punto como
reforzador; si la respuesta no era correcta no dejaba avanzar, ya
que el texto debía leerse y contestarse de nuevo. Una variación
de ese tipo de máquinas educativas de la época, y
que todavía está entre los juguetes actuales que se
regalan a los niños, es el "conector" (o similar
nombre comercial). En una lamina con dibujos o colores, el niño
conecta un pequeño lápiz con electrodo sobre un punto
(el dibujo) y otro sobre la palabra, si la respuesta es correcta
se enciende una luz o un sonido.
Esa primera máquina
no hacía sino presentar los problemas o cuentas matemáticas
una tras otra, pero dando feedback sobre la solución en cada
una. Tres años después había desarrollado la
secuencia en pasos para que el alumno aprendiese progresivamente.
Había nacido la instrucción programada. Durante diez
años estuvo trabajando en diversas máquinas para enseñar
a los estudiantes de Harvard. Las máquinas eran puramente
mecánicas, no había nada de electrónica en
ellas. Como producto de los diversos materiales educativos, Holland
y Skinner publicaron un libro programado en 1974 para enseñar
los principios del comportamiento a los estudiantes. En este libro
el alumno debía tapar la respuesta y consultarla sólo
una vez respondida la pregunta (algunos mirábamos la solución
antes…). El desarrollo posterior de esas máquinas más
sofisticadas, ya no permitían ver las soluciones, y sólo
aparecían al responder y mover la rueda de avance del texto,
presentando así las contingencias oportunas.
El hecho fundamental
es que cada respuesta del alumno deber recibir contingencias inmediatas.
Pero las “máquinas de enseñanza” que ideó,
y que llegó a construir, no estaban pensadas como elemento
único del aprendizaje, sino como un apoyo a la programación
que hubiese realizado el profesor. De esta forma, mientras la máquina
proporcionaba la tarea programada en los conceptos de lectura o
aritmética, el profesor podía proporcionar apoyo o
autorización a varios alumnos. La máquina no enseñaba
por sí misma, sino que ponía en contacto al alumno
con el material de una forma estructurada, y le ayudaba en el aprendizaje
progresivo de conceptos más complejos. De esta forma, pensaba
que la instrucción mecanizada y la instrucción programada
podrían integrarse en la escuela, no reemplazando al profesor,
sino proporcionándole un instrumento para el aprendizaje
progresivo, con los mínimos errores y con reforzamiento contingente.
Skinner desarrolló
su “máquina de enseñanza” en 1958, basada
en un modelo previo de Pressey, pero con notables cambios. Por un
lado, la máquina presentaba información y textos que
leyera el alumno, y por otro el alumno debía componer su
respuesta escribiendo, es decir, no meramente señalar o seleccionar
una respuesta ya dada. Además, la máquina presentaba
las tareas para aprender en pequeños pasos progresivos, diseñados
en una secuencia programada de lo más fácil a lo más
difícil. Se utilizaban los principios de reforzamiento diferencial,
moldeamiento progresivo, análisis de tareas, ayuda y desvanecimiento,
aprendizaje-sin-error, etc., conceptos todos ellos utilizados posteriormente
en la enseñanza más habitual.
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Máquina
de enseñanza que Skinner utilizó en un proyecto
para enseñar ciencias naturales en Harvard. Imagen
procedente del National Museum of American History. |
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En una máquina
utilizada para enseñar ciencias naturales (en la foto), los
textos con preguntas y respuestas estaban escritos en un disco,
colocado dentro de la caja, a través de una pequeña
ventana el alumno podía leer y ver la pregunta, escribía
la respuesta en un lateral de otra ventana, y giraba el disco que
hacía aparecer la respuesta correcta. Al avanzar el mecanismo,
la respuesta escrita por el alumno ya estaba cubierta y no podía
cambiarla. Posteriormente el profesor verificaba las respuestas,
y si había errores presentaba de nuevo el mismo material
de estudio, sólo cuando se superaba esa lección el
alumno podía poner el siguiente disco, y ser reforzado por
su progreso.
Con esas experiencias,
Skinner publicó su libro "Tecnología de la Enseñanza"
(1968) con la idea de aplicar los principios de conducta para mejorar
el proceso de enseñanza escolar. Otros autores desarrollaron
posteriormente muchos de esos principios en la enseñanza
de niños con retraso, la escuela primaria, secundaria y también
en la universidad. Entre esos principios se encuentra el de "Enseñanza
Programada", que consiste en la elaboración de un texto
para aprender de forma autónoma por el alumno, pero programado
de forma tal que haya contingencias de reforzamiento inmediatas
sobre cada nuevo concepto aprendido, y que el proceso de aprendizaje
de produzca de forma gradual, de más sencillo a más
difícil.
Muchos de los cursos
actuales por ordenador o por Internet siguen estos mismos principios.
El texto está previamente programado, pero el alumno no puede
ir a cualquier parte del texto, sino que ha de seguir los pasos
predeterminados, y ha de contestar a preguntas y demostrar que ha
asimilado los conceptos anteriores; y además el programa
presenta reforzamiento positivo sobre los avances conseguidos en
cada capítulo. La dificultad está en el profesor que
realiza esa programación, puesto que ha de estructurar los
contenidos, dividir en etapas cada contenido, analizar las tareas
en cada concepto, imaginar formas de comprobar la asimilación
de ese contenido, y de reforzar positivamente cada nuevo concepto.
En castellano se
tradujeron en su momento dos textos programados (que hoy son casi
incunables) para aprender el propio Análisis de Conducta:
Holland y Skinner (1980), y Sidman y Sidman (1978). Hoy son cientos
los libros programados que intentan enseñar diversas materias
escolares y técnicas, basta realizar una búsqueda
en Internet sobre “programed text” o “texto programado”
para encontrar cantidad de ejemplos. En ingles en la página
www.behavior.org puede encontrarse algunos cursos on-line para aprender
Análisis de Conducta según este sistema. Actualmente,
el uso del ordenador ha permitido realizar esa programación
de una forma más automática, más estructurada,
y sobre todo más atractiva (reforzante) para el alumno que
aprende. La cuestión es que sólo algunos de los programas
educativos por ordenador que actualmente existen siguen esos criterios
conductuales. Muchos no tienen unas pautas predefinidas para que
se produzcan el aprendizaje, permiten cualquier variación
y exploración del texto, de las fotos, etc., abusando del
"hipertexto". Para que se produzca aprendizaje nuevo y
permanente, ha de ser progresivo y ha de ser reforzado positivamente
(Donald y Cook, 1998)..
Muchos de los conceptos
actuales que manejan los programadores de software educativo y los
propios psico-pedagogos, critican este formato por su “linealidad”,
es decir, todo está programado y “se lleva de la mano”
al alumno por un camino trazado. Otras teorías psicológicas
prefieren el auto-aprendizaje considerado como un descubrimiento
propio, una construcción nueva que realiza el alumno y un
carácter más abierto en los programas educativos por
ordenador. Lo cual no significa que no utilicen también el
reforzamiento inmediato, el análisis de contenidos para aprender,
y la programación previa, aunque no sea lineal.
Pongamos por ejemplo,
un programa de autoaprendizaje por ordenador sobre fotografía
digital. Los capítulos del texto, fotos y prácticas,
deberían estar ordenados de menos a más, no permitir
pasar al alumno a leer un capítulo si previamente no ha superado
y contestado correctamente los conceptos del primero. También
debería presentar preguntas, espacios en blanco, señalar
respuestas, etc., en cada sub-capítulo de forma que si el
alumno responde correctamente consiga reforzadores (puntos, alabanzas,
ver fotos o videos especiales, o pasar automáticamente al
siguiente capítulo). Desgraciadamente muchos de los cursos
actuales para aprender fotografía digital (como cualquier
otro tipo de curso por ordenador) presenta un esquema de libro,
con un conjunto de lecciones, con una gran capacidad multimedia,
pero donde el alumno puede saltar hipertexto libremente entre capítulos,
entre conceptos, entre fotografías o videos, etc. Lo habitual
es que apenas se produzca nuevo aprendizaje con este sistema. El
alumno explora, se divierte un rato, pasa páginas y páginas,
lee algunas líneas sueltas, y los ejercicios al final de
cada lección nunca los termina. En estos programas educativos
el alumno es “libre” y “construye” su aprendizaje,
el problema es que no se produce aprendizaje alguno. Quizás
sean necesarios estudios comparativos serios sobre lo que el Análisis
de Conducta puede hacer para mejorar los programas informáticos
actuales.
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Fotos
de dos ejemplares de máquina de enseñanza con
un procedimiento de igualación a la muestra, donde
el alumno señala la alternativa correcta entre las
posibles. |
BIBLIOGRAFÍA: