Los
ataques terroristas del 11 de Septiembre de 2001 centraron nuestra
atención sobre cómo una perspectiva conductual podría ayudarnos
a trabajar con niños que se enfrentan a las consecuencias asociadas
a la muerte súbita y traumática. La siguiente información proviene
de los estudios en Irlanda del Norte, donde conocemos este problema
tristemente bien.
Las teorías tradicionales del duelo (pérdida de un
ser querido) han llevado a multiplicar las aproximaciones de aconsejamiento
sobre el duelo en los niños. Típicamente, se nos advierte que demos
tiempo a los niños para hablar, que les escuchemos cariñosamente,
que les ofrezcamos confort y seguridad. Sin embargo, la investigación
revela que este tipo de cuidado amoroso por sí sólo no es suficiente
para enfrentarse a las necesidades de los niños que encaran la crisis
de una muerte súbita y traumática (Dillenburger, 2001).
Los estudios sobre los efectos de la muerte traumática
en Irlanda del Norte demuestran que una aproximación conductual
para consolar a los niños puede hacer mucho para ayudarles a tratar
con la pérdida y separación de un ser querido (Dillenburger, 1992;
Dillenburger y Keenan, 1993; Dillenburger y Keenan, 1994; Dillenburger,
1996).
Lo primero que hacen los analistas de conducta o
los consejeros que usan una aproximación conductual es ayudar a
definir las conductas en cuestión. El término conducta se
refiere a cualquier cosa que hace una persona, y eso incluye
las conductas públicamente observables así como otras conductas
privadas tales como sentimientos y pensamientos. Los términos como
duelo, trauma y pena son etiquetas que se utilizan
para resumir un amplio conjunto de conductas.
¿Qué tipo de conductas podemos esperar en los niños
después de acontecimientos traumáticos?. Estos son los más comunes
(Gibson, 1991):
1.- Trastornos del sueño, que a menudo aparecen
en las primeras semanas, incluyen informes de miedo a la oscuridad,
malos sueños, pesadillas, y pueden persistir varios meses.
2.- Dificultades de separación, tales como hablar
sobre el miedo a quedarse solo, apegarse a los adultos, y el miedo
a perder algún familiar.
3.- Pueden ocurrir dificultades de concentración
que lleven a un deterioro en los resultados escolares del niño.
4.- Pueden experimentarse dificultades para recordar
nuevo material, así como la pérdida de habilidades ya adquiridas
como la lectura, la música, etc.
5.- Pensamientos intrusivos y un hablar repetitivo
sobre el incidente ocurrido, a menudo desencadenados por cosas
que le recuerdan al niño el incidente traumático.
6.- Algunos niños se vuelven monosilábicos, y ya
no hablan abiertamente con sus padres u otras personas.
7.- Otros niños casi presumen de su trauma y hablan
mucho más.
8.- Algunos niños se muestran miedosos, con un
estado de alerta ante el peligro y las situaciones de riesgo.
9.- Otros dicen que quieren vivir cada día
al máximo, realizando conductas arriesgadas.
10.- Los niños a menudo vuelven a problemas anteriores,
tales como chuparse el dedo o mojar la cama.
Una buena regla general para reaccionar con los niños
que han experimentado un trauma es ignorar las conductas indeseables,
y al mismo tiempo prestarles mucha atención a las conductas deseables
que muestren. Obviamente, la naturaleza exacta de las conductas
deseables o no deseables depende de las circunstancias y la cultura,
así como de los padres y el propio niño o niña. (Ashkenazi, 1977).
Entre las recomendaciones más específicas y prácticas
se incluirían las siguientes:
1.- Comunique pronto la información personal importante
al niño, no lo demore.
2.- Utilice un lenguaje sencillo y breve.
3.- Evite explicaciones repetitivas, si éstas no
incrementan la comprensión del niño sobre la situación; las continuas
aclaraciones provocan continuas preguntas, que posiblemente puedan
llevar a otras conductas problemáticas de llamar la atención.
4.- Ponga atención en aquellas conductas que ayuden
al niño a enfrentarse al trauma a largo plazo, e ignore aquellas
que no tienen utilidad. Aparecerán probablemente nuevas conductas,
o conductas que antes eran infrecuentes ahora serán más comunes.
5.- Los comportamientos agresivos o destructivos
deben pararse, utilizando la forma a la que el niño estaba acostumbrado.
Sea consistente en sus reacciones, defina claramente las líneas
entre las conductas “apropiadas” e “inapropiadas”.
6.- Vuelva a las rutinas normales tan pronto como
sea posible. No trate al niño de manera diferente o le evite las
tareas escolares o de la casa. No cambie los hábitos de sueño
y comidas anteriores. Alábelo con más frecuencia que antes
por las tareas bien hechas.
7.- No permita que el niño tenga una lluvia de
regalos, compórtese de manera tan normal como sea posible.
8.- Exprese sus propios sentimientos. Proteja al
niño sólo de los estallidos extremos que podrían asustarle.
No son los acontecimientos traumáticos por sí mismos
los que deberían enfatizarse, sino las reacciones de los niños y
de los adultos importantes en sus vidas. Ayude a todo el mundo a
“volver a la normalidad” tan pronto como sea posible, aunque ello
sea difícil de conseguir. Pero recuerde que el hecho de que los
niños tengan ya conductas “normales” observables, eso no significa
que hayan olvidado su sufrimiento y que se sientan bien.
Los cambios en sus sentimientos, emociones y pensamientos
estarán ligados a sus experiencias de volver a patrones normales
de conductas observables. Nuestra tarea es construir un entorno
social que apoye esos cambios. Para identificar esos cambios específicos
podemos responder de manera selectiva, inmediata y positiva para
apoyar la vuelta de los niños a conductas normales. (Esto es lo
que los analistas de conducta llaman responder positiva y contingentemente
a la conducta. Ello implica construir y manejar un ambiente social
que de forma específica y cuidadosa apoye los cambios positivos
de la conducta de los niños que queremos provocar a través de nuestro
aconsejamiento).
Ashkenazi (1977) encontró que los padres y otros
adultos que utilizaban las recomendaciones anteriores incrementaron
la probabilidad de que los niños fuesen capaces de llevar la muerte
y la pérdida traumática de un ser querido.
En resumen, las recomendaciones para los padres y
otras personas que cuidan de los niños que han sufrido experiencias
traumáticas son similares a éstas.
1.- Mantenga un punto de vista normal. No haga
sentirse al niño diferente ante sí mismo o ante los demás.
2.- Mantenga las rutinas de todos los días. No
cambie las rutinas regulares en la casa o en la escuela.
3.- Sea tan consistente como sea posible
en sus reacciones con las conductas del niño.
4.- Sea generoso elogiando las tareas bien hechas.
B.F. Skinner (1980, p.127) dijo una vez: “Uno
puede trazarse una buena vida analizando sus propios sentimientos,
pero sólo puede conseguirlo organizando las contingencias ambientales”.
Desde luego tenía razón, incluso cuando los niños se enfrentan al
cambio de tratar con los acontecimientos más traumáticos, devastadores
e inimaginables posible. Nuestro cambio en el aconsejamiento va
más allá de nuestra comprensión privada y personal del impacto de
la pérdida, por nosotros mismos y por los niños. Como consejeros
hemos de hacer cosas para desarrollar un ambiente social y personal
para los niños que responda de forma específica, positiva e inmediata
a sus necesidades, y construya una vía conductual para volver a
la vida normal.
REFERENCIAS:
- Ashkenazi, Z. (1977).
The application of principles of operant conditioning to war
widows and their children. En C.D. Spielgelgerger, I.G. Sarason
y N.A. Milgram (Eds.) Stress and anxiety. Washington, D.C.: Hemisphere.
- Dillenburger,
K. (1992). Violent bereavement: Widows in Northern Ireland.
Aldershot: Avebyry.
-
Dillenburger, K. (1996). Helping children in care deal with trauma.
Northern Ireland Journal of Multidisciplinary Child Care Practice,
4, 40-45.
-
Dillenburger, K. (2001). Discovery and treatment of trauma.
Response. En B. Hamber, D. Kulle y R. Wilson (Eds.) Future
policies for the past (pp.65-72). Belfast: Democratic Dialogue.
-
Dillenburger, K. y Keenan, M. (1993). Mummy don’t leave me. The
management of brief separaton. Practice, 1, 66-69.
-
Dillenburger, K. y Keenan, M. (1994). Bereavement: A behavioural
process. The Irish Journal of Psychology, 15, 524-539.
- Gibson,
M. (1991). Order from chaos. Responding to traumatic events.
Birmingham: Venture Press.
- Skinner,
B.F. (1980). Notebook. (Editado por R. Epstein). Englewood
Cliffs, NJ: Prentice Hall.
(1)
Traducción del artículo: Dillenburger, K.
(2001) “How can we help children deal with sudden and violent death?”,
Living & Learning, 1, 2, 1-5.
Autorización:
Living & Learning, Boletín del Cambridge Center for Behavioral
Studies.
(2)
Karola Dillinburges es
conferenciante en School of Social Work en Queen’s University
of Belfast, Irlanda del Norte. Es
conocida por su investigación sobre el ajuste y el tratamiento de
los supervivientes de pérdidas violentas en Irlanda del Norte. Es
también co-autora del primer CD-Rom multimedia sobre Análisis de
Conducta.