RESUMEN: Ubicados
en la problemática de la educación especial, en el
presente trabajo se analizan tres aspectos importantes de la actitud
ecléctica: 1.- Cuando se respetan los planteamientos teóricos
de un sistema resulta prácticamente imposible ser eclécticos.
2.- La exposición a diferentes aproximaciones teóricas
sin llegar a profundizar en ninguna, conduce a una actitud pragmática,
no habiendo entonces diferencia entre un Psicólogo y un terapeuta
empírico. 3.- Tener pocas restricciones para incorporar aspectos
heterogéneos de diferentes Sistemas teóricos conduce
a formas de trabajo no evaluables, ni perfeccionables. Palabras
Clave: rehabilitación conductual, programas eclécticos,
construcción teórica, enseñanza, psicología.
ABSTRACT: Three
important aspects of an eclectic attitude are analyzed within the
especial education context: 1.- It is practically impossible to
be eclectic when the original theoretical principles are respected.
2.- Getting exposed to different theoretical approaches without
a deep knowledge of each, results in a pragmatic attitude, which
implies no difference between a psychologist and a mere empirical
therapist. 3.- Having few o no restrictions when incorporating heterogeneous
aspects from different theoretical systems leads to working activities
non amenable of assessment and devoid of the eventual possibility
of theoretical perfection. Keywords: behavioral rehabilitation,
eclectic training, theory construction, teaching, psychology.
Con mucha frecuencia se escucha como una demanda generalizada en las
Escuelas de Psicología, la necesidad de contar con planes de
estudio eclécticos o asumir una actitud de este tipo, ya que
se supone es la posición más provechosa para al formación
profesional de quien ahí estudia. Ante el variado panorama
de aproximaciones al estudio general del comportamiento humano, cada
una de ellas con coberturas diferentes a problemas y áreas
de aplicación, así como un rango amplio de enfoques
para abordar situaciones y campos específicos del quehacer
humano, hacen pensar en la conveniencia de que el estudiante conozca
este panorama de la manera más amplia posible, para que en
un momento dado, con una actitud Ecléctica, pueda escoger lo
que considere más adecuado de acuerdo a sus intereses y conveniencia.
En mi opinión este asunto requiere de un análisis más
detallado que permita deslindar diferentes aspectos del problema,
pues entre otras cosas es frecuente que se confunda Eclecticismo,
con Pragmatismo, o que no se valore con justeza la conveniencia de
una preparación teórica sólida.
El presente trabajo tiene como finalidad hacer
algunas reflexiones en torno a este problema tomando como ejemplo
el caso de la Educación Especial. Se analizarán diferentes
posibilidades de Eclecticismo, para que de esta manera se proporcionen
elementos de juicio que contribuyan a un análisis más
cuidadoso de este tópico.
La coherencia
teórica.
Para el presente trabajo parto del supuesto
de que un Sistema de Educación Especial se caracteriza por
estar constituido de un conjunto de elementos interdependientes jerarquizados
y coherentes entre sí, de tal forma que llegan a formar una
unidad. Cuando se altera uno de estos elementos se afecta a los demás
y al conjunto en total.
Esta condición de coherencia es la que
en un momento dado permite que el sistema sea evaluado y retroalimentado
para poder perfeccionarse en sus diferentes niveles. Pero una genuina
evaluación parte a su vez de otro sistema, un meta-sistema,
o bien de una revisión cuidadosa de los postulados propios.
De cualquier manera, estamos hablando de un marco de referencia coherente,
el cual debe contener una serie de criterios desde donde se analizan
los diferentes aspectos del sistema evaluado. Cuando no se cumplen
estas condiciones la evaluación o crítica, se cae en
un anecdotario carente de seriedad con una serie de consecuencias
que trataremos de ilustrar.
Se expondrá el aspecto de la coherencia
teórica mediante dos ejemplos: Un sistema de educación
especial derivado de los planteamientos teóricos de Jean Piaget
y por otro lado uno derivado de una lógica conductual.
El sistema de Jean Piaget podría tipificarse
por varios supuestos y postulados teóricos, así como
por diversos propósitos de los que se han derivado ciertas
prácticas educativas y en algunos casos rehabilitativas (Inhelder,
1968; Paín y Echevarría, 1981; Woodward, 1963). Así,
el interés fundamental de Piaget se puede resumir en las siguientes
premisas: 1. ”Interés por la investigación teórica
y experimental del desarrollo cualitativo de las estructuras intelectuales
y procesos cognoscitivos” (Flavell, 1963); 2. Se plantea que
la inteligencia es un proceso adaptativo dado por la interacción
continua con el medio ambiente; 3 El niño constantemente desarrolla
asimilaciones internas y adaptaciones al exterior haciendo sus procesos
de pensamiento más elaborados y organizados a través
de una relación de desequilibrio-equilibrio, aumentando su
capacidad de aprendizaje y solución de problemas; 4. Un esquema
es la manifestación conductual de las estructuras del equipo
mental de un individuo con el cual se enfrenta a los problemas que
le plantea su medio; 5. Los esquemas tienden a repetirse cuando el
individuo se enfrenta a situaciones similares y esta repetición
produce esquemas más estables y mejor integrados; 6. Los esquemas
tienden a integrarse entre sí, formando esquemas más
complejos y de orden superior; 7. Los esquemas sirven para definir
un aspecto medular de su sistema: las etapas del desarrollo o estadios.
Una etapa consiste en un período de adquisición u organización
de operaciones mentales; 8. El paso por una etapa es la condición
necesaria para evolucionar a la siguiente. Las estructuras de pensamiento
de las etapas iniciales se integran a las estructuras subsecuentes.
De las características anteriores del
Sistema de Piaget se desprenden las siguientes consideraciones:
a) La conducta en sí misma no es importante, lo es sólo
en tanto que revele la organización y desarrollo de las estructuras
intelectuales. b) Si parte del instrumental analítico son los
estadios, etapas y sub-etapas de desarrollo, entonces en el momento
de definir a un sujeto con problemas de retardo en su desarrollo se
hará en términos del período en el que se encuentre
o de la clase de esquemas intelectuales que pone en operación;
de ahí que no resulte disparatado definir a un niño
retardado con una evolución semejante a las del niño
normal sólo que con mayor lentitud y con algunos rasgos distintivos.
c) El rol asignado al medio ambiente es el de un perturbador o desequilibrador;
pero de la relación con él se desarrollan las capacidades
de aprendizaje y procesos más complejos de pensamiento. El
esfuerzo analítico está puesto en el individuo el medio
es visto más bien de una forma global. d) Con la lógica
que se sigue no se ponen muchas restricciones a las diferentes clases
de actividades de aprendizaje que se pudieran programar, salvo la
de su adecuación al nivel cognoscitivo del individuo para el
ejercicio de los esquemas correspondientes, favoreciendo de esta manera
su integración y estabilidad (ver Paín y Echeverría,
op. cit. pp. 72-77). e) Dado que el énfasis Piagetiano se pone
en el proceso más que en el resultado, el profesor debería
poner más atención en los métodos que usa el
educando para alcanzar una solución y no en lo correcto o incorrecto
de la misma. f) Si se plantea que el desarrollo cognoscitivo ocurre
de manera ordenada, con una secuencia donde se requiere de lo “previo”
para acceder a lo “futuro”, eso significa que se debe
evaluar con claridad el grado de desarrollo alcanzado antes de avanzar
a la siguiente etapa. g) Como corolario de todos estos aspectos se
podría señalar que en esta aproximación se enfatiza
lo que el sujeto SI puede hacer.
Las siguientes citas sirven para ilustrar la
correspondencia entre una decisión pedagógica y un entendimiento
del problema teóricamente orientado (en este caso siguiendo
la lógica Piagetiana):
“…Parecería que al pasar
de un sistema de razonamiento a otro el niño oligofrénico
no logra la superación completa del sistema más agresivo
y por lo tanto coexisten en el ambos sistemas desintegrados entre
sí. Ante esta situación concreta, el niño duda
sobre el punto de vista y el recurso a adoptar, y casi siempre tiende
a usar mecanismos de regresión, a menudo llevado por la exigencia
inadecuada del ambiente” (Inhelder 1968, citado por Paín
y Echevarría, op cit.).
“…Dado que la viscosidad supone una falta de superación
de las etapas, se impone ejercitar de tal manera cada proceso mental
y relacionarlo tan fuertemente con el siguiente, como para evitar
no sólo la confusión en la selección de la técnica
a emplear, sino la que se produce al querer el niño encuadrar
los problemas presentados” (Paín y Echeverría,
op cit .p.11).
En otra parte de su trabajo, los autores arriba
citados, hacen algunos señalamientos más concretos que
también ilustran esta relación entre concepción
teórica y decisiones pedagógicas. Así por ejemplo
plantean que:
“…Resulta clave para la toma de
decisiones considerar el estudio de madurez del niño…
cuando se le plantean problemas en el plano sensoriomotor exclusivamente,
el aprendizaje comienza con la ejercitación de dos actitudes
básicas para toda la educación motriz diferencial. Nos
centramos en un primer momento en el logro por parte del niño
de la consecuencia de sus propios movimientos. …En una segunda
etapa se ejercita especialmente el ajuste de la presión multiplicando
los estímulos y las posiciones de los mismos en el espacio
para que el niño aprenda a tomar las cosas en función
de la forma, el tamaño, y el peso” (Paín y Echeverría,
op cit. P 26).
Hay que hacer notar cómo las anteriores
consideraciones guardan una correspondencia con los postulados que
se señalaron al hacer la caracterización del sistema
teórico de J. Piaget. En las anteriores citas puede observarse
cómo lo que se enfatiza es la ejercitación de lo que
el niño puede hacer para que con eso se favorezca su desarrollo,
y aunque no se mencionan explícitamente los esquemas, éstos
se sobre entienden.
En contraste en el Sistema Piagetiano tenemos
algunas de las premisas y derivaciones propias del sistema conductual
que estaba en auge en los años 70: 1. Se concibe a la conducta
como un acontecimiento molecular repetible determinado por eventos
ambientales presentes (antecedentes y consecuentes), por la historia
individual de relación con el ambiente, y por determinantes
biológicos del pasado y actuales. El énfasis se pone
en los eventos ambientales presentes. 2. Su meta es descubrir las
relaciones entre variables objetivas. Se busca la predicción
y el control de la conducta. 3. Enfatiza las causas externas y observables
de la conducta, constituye un enfoque objetivo en tanto que describe
acontecimientos evaluables empíricamente, y es funcional por
que procura relacionar la conducta con varios estímulos o viceversa
y formula la relación en forma de una función. La conducta
resulta ser una función de los estímulos previos y de
las consecuencias ambientales. La relación funcional se provoca
a través de la manipulación de los eventos ambientales
involucrados (Ribes, 1974). 4. El entendimiento de la conducta se
logra identificando los factores que en forman confiable modifican
a la misma, por lo tanto el control real de la conducta y su predicción
constituyen la parte esencial del proceso de explicación, de
ahí que se diga que es un enfoque que se concentra en las variables
independientes. 5. Su herramienta analítica fundamental es
la triple relación de contingencia, relación que se
da entre un estímulo previo que influye al organismo, el comportamiento
observable de dicho organismo y finalmente un cambio en el medio en
forma de objeto o acontecimiento. 6. Su dato o unidad de análisis
es la probabilidad de que una porción dada de conducta ocurra
en un momento determinado. 7. El desarrollo de habilidades más
complejas o la capacidad de solución de problemas estaría
dada por la suma cuantitativa de habilidades, o el aprendizaje de
reglas.
En el caso particular de la Educación
Especial se ha trabajado con una serie de conceptos y procedimientos
vinculados con los anteriores planteamientos. Algunos de ellos podrían
ser los siguientes:
a) Un individuo con retardo en el desarrollo es una persona para quien
las condiciones de estimulación educativa (en el sentido amplio
del término) normal no han resultado suficientes o adecuadas
para que los diferentes aspectos de su ambiente adquieran la función
que deben cumplir, de ahí que se deba hacer una programación
de estímulos especial y un control sobre el ambiente que maneje
las variables importantes y elimine las variables extrañas.
b) Se enfatizan las definiciones exentas de ambigüedad acerca
de las metas educativas que se deben alcanzar. Los objetivos educacionales
deben plantearse especificando la clase de conductas que sirven como
evidencia del cumplimiento del objetivo; las condiciones de su ejecución
y el criterio mínimo de aceptación. c) De los objetivos
se deriva una estrategia indispensable para el trabajo en educación
especial: El Análisis de Tareas, que consiste en el desglose
de todos los posibles componentes conductuales y ambientales necesarios
para alcanzar una meta, así como su organización de
lo más simple a los más complejo. d) Los prerrequisitos
conductuales se plantean en unidades mínimas a ser aprendidas,
esta dosificación proporciona máxima retroalimentación
de la ejecución del individuo y de la efectividad de los procedimientos,
lo que a su vez favorece la inclusión oportuna de medidas de
rectificación o apoyo. e) La intervención del terapeuta
conductual se da para: 1 Crear nuevas conductas. 2 Aumentar o mantener
la frecuencia de conductas ya existentes. 3 Poner bajo un control
de estímulos pertinente algunos repertorios presentes en el
individuo, y 4 Suprimir conductas indeseables o perturbadoras. f)
Contrariamente al Sistema Piagetiano, lo que aquí se enfatiza
es lo que el individuo NO puede hacer.
Dado este panorama, considérese la posibilidad
de ser Eclécticos… Todo conduce a la conclusión
de la imposibilidad de serlo en el terreno teórico e inclusive
en el aspecto de intentar rescatar y tratar de mezclar estilos de
intervención de diferente origen.
¿Eclecticismo
o Pragmatismo?
A continuación se explora la factibilidad
de ser Eclécticos en el terreno aplicado, en el ámbito
de las técnicas y estrategias, y analizar las implicaciones
y consecuencias que ésto acarrea.
La diferencia ente un psicólogo y un
terapeuta empírico, consiste en que el primero es quien se
supone debe dominar un sistema conceptual que oriente su actividad
para hacerla coherente, analítica y sistemática; los
requisitos para alcanzar dicho estatus requieren, entre muchas otras
cosas, de tiempo, disciplina y perseverancia. En cambio un terapeuta
empírico es quien se ha ido forjando en la práctica;
para él lo que importa de las diferentes teorías, son
sus productos aplicables, sus rutinas o técnicas que a su vez
resulten accesibles, económicas y efectivas; el ideal es contar
con una especie de “vademecum” psicológico donde
se pueda consultar qué técnicas o procedimientos se
deben aplicar para qué clase de problemas. Esta forma de trabajo
corresponde a lo que llamaría Pragmatismo. En ocasiones bajo
estas condiciones se llega a configurar un modo estable de trabajo
al cual se le construye una racionalidad a posteriori, lo cual difícilmente
se puede considerar como una teoría.
Dada la carencia de los criterios de orientación,
el terapeuta pragmático, suele adoptar una premisa básica
para su quehacer: “A mayor cantidad y variedad de actividades
de enseñanza y experiencias que se programen, mayor probabilidad
de que existan cambios favorables; pues de entre todo lo que se hace,
algo tendrá que dar resultado”; esta premisa sustituye
el criterio de pertinencia por el de abundancia, (puesto que puede
haber estimulación abundante pero no pertinente).
Del psicólogo se espera no sólo
que pueda ser tan eficaz como un terapeuta empírico sino que
conozca el porqué algo funciona o porqué no, que maneje
criterios de pertinencia para que pueda además crear nuevas
técnicas y estrategias de entrenamiento y rehabilitación,
más económicas y eficaces.
Un terapeuta empírico pudo prescindir
de asistir a una Universidad, y sin mucha dificultad también
puede desligarse del dominio o conocimiento de cualquier aproximación
teórica al problema del retardo en el desarrollo. Pero también
es cierto, que podemos hablar de egresados de Instituciones de Educación
Superior que actúan como “terapeutas empíricos”,
que asistieron a la Universidad y cursaron la Carrera de Psicología,
donde escucharon o leyeron acerca de diferentes teorías pero
sin profundizar en ninguna, no apreciaron la vinculación de
ellas con problemas prácticos, no se les entrenó para
establecer la relación entre postulados teóricos, derivación
de criterios y normas de intervención, y la relación
de todo ello con los productos (técnicas, procedimientos, etcétera.)
ni a crear nuevas estrategias. En una buena parte por la dificultad
que esto representa y por lo tanto, el tiempo de entrenamiento necesario
para lograrlo, tiempo del que no se dispuso porque había que
dar paso a la exposición de las demás teorías,
paradoja con la cual se produce justamente lo que se quería
evitar: la teoría y la practica llegan a ser dos aspectos desvinculados
e independientes. La teoría no cumple su función, se
convierte en una cultura general mal digerida, más no en una
estructura conceptual que oriente, vincule y dé coherencia.
A mayor cantidad de teorías expuestas, su conocimientos es
más superficial, la confusión mayor y más notoria
la desvinculación con la práctica. El resultado es casi
siempre un egresado con actitud empírica, un pragmático
con titulo de Psicólogo a quien sólo le interesa aprender
aquello que funcione.
La actitud pragmática es la más
favorecida y estimulada por varias condiciones (aparte de las señaladas),
entre ellas estarían: 1) La presión social que se ejerce
sobre quien se inicia en la práctica profesional pues se le
piden resultados prácticos, de tal forma que si no existe una
preparación teórica sólida, la inclinación
es hacia el consumo indiscriminado de técnicas de origen diverso.
2) Para esto tenemos un mercado de libros propicio que ofrece una
serie de manuales y volúmenes dedicados a la educación
especial o preescolar, que cubrirían la demanda práctica
antes señalada, ya que proporcionan, por ejemplo, un buen número
de actividades para desarrollar habilidades de aprendizaje (Adkin,
1972) o experiencias y ejercicios dirigidos al desarrollo de algún
aspecto de la conducta (Complo, 1984), etcétera. 3) Cuando
no se ha dominado una lógica teórica, acaba imponiéndose
el sentido común como herramienta analítica fundamental
(por ser lo más conocido y practicado), mismo que, aparte de
su falta de rigor y coherencia, resulta muy proclive al pragmatismo.
Debemos preguntarnos ¿Qué es lo
que se demanda en realidad en las escuelas de Psicología cuando
se pide ser Ecléctico? ¿El aprendizaje de una serie
de rutinas o de técnicas “descerebradas” en nombre
de un inminente ingreso al mercado de trabajo? Eso implica aceptar
un pragmatismo claro y a su vez aceptar que no habría diferencias
entre un psicólogo y un trabajador empírico. ¿O
plantear el Eclecticismo en el terreno teórico como la apertura
a… y explosión de… las diferentes aproximaciones
al fenómeno estudiado? si es esto último, resulta que
la consecuencia también es la misma, pues se conduce a una
actitud pragmática. ¿ser Ecléctico en el terreno
teórico? es algo simplemente impensable: Como aquí se
ha ilustrado, no se puede conciliar lo molar con lo molecular, el
proceso con el resultado, lo cualitativo con lo cuantitativo.
¿Eclecticismo
o Sincretismo?
El tercer aspecto a analizar son las consecuencias
de un aparente eclecticismo que parte de criticas anecdóticas
y superficiales a un determinado sistema.
Cuando claramente se tiene una posición
teórica, ¿resulta factible tomar aspectos o productos
de otras aproximaciones? Aunque se antoja que al respuesta sea afirmativa,
la pregunta crucial debería ser ¿cómo y en qué
condiciones? Por ejemplo: ¿se podría hacer esto con
cualquier otra aproximación? Entonces la respuesta resulta
negativa; se puede hacer pero sólo con aquellas con las que
se comparten raíces, donde existe una afinidad en relación
al cómo se concibe la naturaleza del fenómeno estudiado
y hay un lenguaje teórico compatible, susceptible de traducción
al propio. El segundo aspecto a considerar es que, en la incorporación
debe existir una transformación, una reformulación importante
del elemento incorporado, de tal forma que haya un cambio intelectual
importante. El nuevo elemento se transforma a la lógica del
sistema que se maneja. Guardando proporciones, pero es como la transformación
de los planteamientos de Newton a la luz de la teoría de Einstein;
o la trasformación de los de Pavlov cuando Skinner construye
su sistema. La tarea no es fácil, se requiere antes que nada
un buen conocimiento de los fundamentos, lógica y categorías
claves del marco teórico con que se trabaja. Es más,
este buen conocimiento del propio marco teórico, es el que
ayuda a percibir con mayor claridad las propias deficiencias, y posibilita
encontrarlas muchas veces a partir de planteamientos ajenos a dicho
marco, y a su vez proporciona algunos elementos para saber como subsanarlas.
Como se podrá observar, desarrollar esta actividad no se parece
mucho al concepto usual de Eclecticismo.
Cuando NO se denomina un sistema teórico
y se hacen incorporaciones de productos provenientes de varias fuentes,
el resultado es una mezcla sincrética, es decir, la coexistencia
de varios elementos de suyo incompatibles entre si, en aparente convivencia
y conciliación.
Imaginemos a alguien que se pretende conductista,
que trabaja en educación especial, y que en nombre del eclecticismo
decide realizar algunos cambios al sistema conductual por considerar
que este tiene limitaciones importantes como pudieran ser: 1. El ambiente
tan controlado para trabajar resulta muy artificial y desmotivante
para el niño con retardo. 2. Se están dejando fuera
muchas actividades que pudieran ser útiles, simplemente por
el hecho de que no se les pueda evaluar cuantitativamente, o que por
dejar que ocurran de manera natural acarrearía problemas de
evaluación. 3. Existen aspectos importantes del desarrollo
que no pueden traducirse a conducta observable, ni tampoco podrían
formar parte de una meta educativa concreta y por lo mismo se están
descuidando. Por lo demás, esta hipotética persona,
considera que el Conductismo resulta la manera más conveniente
de trabajar en esta área.
Por las anteriores críticas decide revisar
a varios autores dedicados al estudio del desarrollo infantil a fin
de incluir dentro de sus programas aspectos que juzgue importantes
para el desarrollo. Autores ideales para estos fines podrían
ser, por ejemplo: Gesell, llg, y Ames (1979), Piaget (1980), Wallon
(1976, 1979). De dichos autores obtiene una lista de aspectos del
desarrollo que considera dignos de atender en su trabajo. Resulta
que ahora se puede considerar importante que el niño imite
movimientos corporales, doble papel, construya torres con cubos, pida
objetos mediante gestos, represente a los personajes de un cuento
que vio o escuchó, camine por una línea sin perder el
equilibrio, haga burbujas de jabón, etc., etc,. Por otro lado,
como se trata de que la situación cotidiana de enseñanza
resulte atractiva y motivadora para el niño, qué mejor
que revisar libros que contengan guías y actividades propias
para este fin, de ahí que se consulten obras como las de Hainstock
(1972), Adkins (op. cit.), Complo (op. cit), November (1983), etc.,
de donde se obtiene también un catálogo de actividades
posibles.
Dado que ahora se cuenta con un abundante catálogo
de comportamientos, surge el problema de organizarlos para volverlos
más manejables, por lo que impone la necesidad de clasificarlos.
Sólo que ya no se podría hacerlo de acuerdo a una serie
de metas educativas específicadas sin ambigüedad, ahora
incluso, se pretende adiestrar o ejercitar comportamientos no dirigidos
a una meta en especial. ¿Clasificarlos según los esquemas
cognoscitivos que intervienen? En primer lugar es algo no imaginable
pues se pretendía continuar dentro de la línea conductual;
en segundo, lugar tampoco es factible hacerlo porque fueron muy heterogéneos
los criterios que se siguieron por cada uno de los autores consultados
para decidir la inclusión de un determinado comportamiento.
Si se siguiera la lógica de algunos de ellos, eso necesariamente
conduciría a una selectividad, que es justamente lo que se
quiere evitar. De tal forma que se tiene que adoptar una clasificación
de sentido común, por lo que se eligen rubros como: “Conductas
de Socialización”; “Lingüísticas”;
“Académicas”; de “Conductas motoras tanto
gruesas como finas”; etcétera, quedando entonces el catálogo
dividido de esta manera, y recibiendo cada rubro el nombre genérico
de “Área de desarrollo”.
Esta clasificación difícilmente
pudo hacerse de otra manera, primeramente por la paternidad heterogénea
de las conducta incluidas en el catálogo, lo que imposibilitaba
seguir alguna lógica teórica; en segundo lugar, por
haber intentado modificar sólo algunas partes aisladas del
sistema conductual; y en tercer lugar, ocurrió que se desintegró
el sistema original, sin que otro sistema tomara su lugar, sólo
se incorporaron algunos de los productos, por lo que el sentido común
se volvió el criterio de organización predominante.
Una vez hecha esta clasificación se dejaba
abierta esta posibilidad de incluir nuevos comportamientos, con la
única preocupación de ubicarlos en el “área”
correspondiente; deja de preocupar especificar metas educativas concretas
y resulta superfluo hacer un análisis de las funciones que
pudieran cumplir los estímulos ambientales en una situación
de enseñanza. Al tratar de incluir aspectos del desarrollo
no contemplados por el Conductismo, se presenta el problema de la
exhaustividad o de los límites para la inclusión de
comportamientos a entrenar. ¿Cuáles podrían ser
los criterios para incluir o excluir conductas del catálogo?
¿Cuándo dar por concluido el trabajo o cuándo
considerar que se alcanzaron ciertas metas? Si ya no se plantean metas
educativas específicas y bien definidas ¿cómo
se podría justificar el entrenamiento de unos comportamientos
y no de otros? ¿O es que acaso se pretende una exhaustividad
utópica? La justificación tendría que ser en
términos del supuesto de que se está propiciando un
desarrollo global, entendido en un sentido molar, como proceso, lo
cual ya resulta diametralmente diferente a la lógica conductual,
puesto que ahí los criterios de selección son más
estrictos y moleculares.
La programación de actividades cotidianas
carece de criterios serios de inclusión y secuenciación,
dichas actividades tienden a justificarse por sí mismas, basta
decir que su inclusión está favoreciendo un área
de desarrollo. Resulta entones, que lo que en un principio fue un
concepto para organizar el amplio catálogo de comportamientos,
adquiere el carácter de un sustantivo, se le convierte en “cosa”
y se le usa como un recurso para justificar actividades de enseñanza
heterogéneas. Así, se puede poner a los niños
a ensartar pasta de sopa en un hilo, a escuchar la narración
de un cuento o a disfrazarlos como animales del bosque, según
eso, para favorecer el desarrollo de la coordinación motora
fina; su lenguaje receptivo; su socialización, y así
sucesivamente, puesto que cada actividad que se ocurra, necesariamente
se ubica en algunas de las categorías de clasificación.
La susodichas “Áreas de Desarrollo” se han transformado
de conceptos organizativos a una especie de entidades cognoscitivas
que se fortalecen mediante el ejercicio. En algún momento dado
estas actividades pudieran parecer razonables si se les ubica dentro
de una lógica Piagetiana y se trata de justificarlas en términos
de la ejercitación de esquemas, en cuyo caso se tendría
que respetar la lógica correspondiente, para evitar problemas
de programación.
Como se recordará todos estos problemas
surgen por la decisión de cambiar algunos rasgos del sistema
conductual que se juzgaron inconvenientes, pero al mismo tiempo se
pretende mantener los aspectos “positivos” del Conductismo
tratando de hacer análisis de tareas de las actividades que
se programen y elaborándoles objetivos que cumplan con los
criterios de conducta observable por un lado, y condiciones y criterio
de ejecución, por el otro.
Muchas veces se llega a suponer que dos aproximaciones
tienen aspectos en común por el simple hecho de que comparten
algunos términos que se juzgan equivalentes, por ejemplo, ambas
hablan de aprendizaje, plantean actividades de enseñanza y
ambas consideran la necesidad de tener objetivos. Pero un análisis
cuidadoso mostrará que las connotaciones de dichos conceptos
son inconmensurables, las coincidencias sólo son aparentes.
Para un conductista un objetivo y un método de enseñanza,
están contemplados dentro de una visión de más
corto plazo, con comportamientos explícitos, más moleculares
y en relación a ciertas condiciones ambientales. En cambio
para un Piagetiano, estos cambios de comportamiento tienen una importancia
secundaria, y los mismos términos tendrían un significado
y connotaciones diferentes.
¿Cómo pudiera evaluarse la efectividad
de esta manera sincrética de trabajar? ¿Cuáles
podrían ser las vías para su perfeccionamiento? Nuevamente
esto nos enfrenta al problema de la falta de coherencia. Se podría
elegir una cuantificación sin sentido, de objetivos cumplidos
en alguna unidad de tiempo (semana, más, día, etc.)
puesto que se pudieron seguir criterios muy precisos para decidir
si se habían cubiertos los diferentes objetivos y eso facilita
su cuantificación. Obviamente que esto no es justificable y
solo serviría para la autocomplacencia; no se estarían
registrando los avances conductuales de los niños, sino el
propio comportamiento organizativo del terapeuta. Tampoco resulta
factible evaluar si se han logrado metas educativas específicas
puesto que esto pasó a un segundo término o definitivamente
desapareció. Si no hay coherencia entre la actividad cotidiana
y metas muy concretas, no tiene sentido evaluar si se alcanzaron dichas
metas. Para contestar la pregunta de ¿qué sabe hacer
ahora el niño que antes no supiera? se tendría que hacer
una evaluación general, global, de avances en el desarrollo,
puesto que el entrenamiento fue igualmente abierto. ¿Pero qué
instrumento o escala de desarrollo sería el idóneo para
realizar la evaluación? ¿Qué aspectos debería
contemplar dicha escala? ¿La escala Uzigiris & Hunt, (1974)
basada en el trabajo de Piaget, sería la adecuada? ¿O
un examen a la manera de Gesell et al. (op. cit.)? Como a estas alturas
lo único que resulta claro es la falta de coherencia, ya no
importaría el énfasis u orientación del instrumento
de evaluación, ni los supuestos teóricos que orientaron
su construcción; puede ser cualquiera, varios, o incluso uno
que diseñe el propio terapeuta de acuerdo a su buen sentido
común. En los hechos se pasó a operar bajo la premisa
del Pragmatismo de que “A mayor cantidad de estimulación,
mayor probabilidad de que algo produzca un cambio”. Nuevamente
no hay diferencia entre un trabajador empírico y un Psicólogo
con cuatro o más años de estudio en la Universidad.
Son lejanas las posibilidades de retroinformación adecuada
a esta forma de operar.
CONCLUSIONES
Cuando se trabaja dentro de un sistema de educación
especial, se conocen sus fundamentos y se cuida la coherencia entre
sus elementos, resulta prácticamente imposible ser ecléctico.
El incorporar elementos pertenecientes a otro sistema, sólo
es factible cuando se trata de sistemas compatibles, además,
el elemento incorporado tendría que sufrir una transformación
conceptual importante, de ahí que la condición necesaria
para poder incorporar elementos de diverso origen sea el dominar previamente
una lógica teórica.
Al parecer en la enseñanza de la Psicología
se enfrenta al siguiente dilema: por un lado se reconoce la importancia
de la formación teórica, pero dada la variedad de aproximaciones
se toma una actitud ecléctica, la cual paradójicamente
conduce a no dominar ninguna y a desembocar en el pragmatismo.
Sólo un manejo superficial de las diferentes
teorías conduce a la creencia de que no presenta gran dificultad
trabajar con elementos heterogéneos, el resultado más
que un eclecticismo es una especie de sincretismo.
REFERENCIAS
BIBLIOGRÁFICAS