nicamente,
la cuestión ya no es que el conductismo hubiera desaparecido
sino que, en la actualidad del año 2000, después de
tanta revolución cognitiva, lo que hay es toda una variedad
de conductismos.
En principio,
esta variedad pudiera sugerir falta de unidad, pero lo que es seguro
que significa es una realidad o, dicho a lo Steiner, presencias reales.
Un manual de conductismo (O´Donohue y Kitchener (1999) presenta
catorce variedades, unas dadas ya en su época hegemónica
y otras desarrolladas en pleno cognitivismo, y no son todas, pues
el etnocentrismo de los autores parece que les ha impedido ir más
allá del continente estadounidense. Las variedades incluidas
en dicho manual son: el conductismo de watsoniano, el interconductismo
de Kantor, el conductismo propositivo de Tolman, el conductismo hulliano,
el conductismo radical de Skinner, el conductismo empírico
de Bijou, el conductismo teleológico de Rachlin, el conductismo
teorético de Staddon, el conductismo biológico de Timberlake,
el contextualismo funcional de Hayes y, dentro de la versión
filosófica, el conductismo de Wittgenstein, el conductismo
de Ryle, el conductismo lógico y el conductismo de Quine. Entre
otras variantes que se podrían añadir, además
de citar a H. J. Eysenck siquiera a propósito del conductismo
hulliano, figurarían el conductismo pionero de H. Pieron, el
conductismo psicológico de A. W. Staats, la teoría de
la conducta de E. Ribes y el conductismo social de H. G. Mead (inmerecidamente
propagado como interacionismo simbólico).
Aparte
quedarían la multitud de programas de investigación,
tanto del análisis experimental como del análisis aplicado
de la conducta, una muestra de los cuales, por dar solo una referencia,
sería la obra editada por Leslie y Blackman (1999). Así
mismo, se citarían como realidades vigentes del conductismo
la psicología del aprendizaje que no ha degenerado en el cognitivismo,
como la dada, por ejemplo, en el texto de Pierce y Epling (1995) y
la terapia de conducta, sin duda, la más efectiva de las que
se conoce (Giles, 1993).
Por
lo demás, esta carencia de unidad quizá haya que verla,
antes que nada, más que como falta, como la diversidad que
caracteriza a toda la psicología. El caso es que semejante
diversidad pone en juego las competencias de las diversas psicologías
y, a este respecto, habría que reconocer que el conductismo
ha subido el nivel de la psicología, tanto por sus aportaciones
positivas como por las críticas a los otros sistemas psicológicos.
Asimismo, la diversidad de conductismos obliga a sus detractores a
precisar sus objeciones, no vaya a ser que lo que reprochan, aun siendo
pertinente para una variante de conductismo, carezca de sentido para
otras. Permítase decir que muchos detractores del conductismo,
además del prejuicio de las imágenes erróneas
que tienen, disfrutan del perjuicio debido en este caso a la ignorancia
de las realidades conductistas.
Ahora
bien, las circunstancias que hacían necesario hace veinte años
un trabajo como el que se prologa, siguen vigentes en la actualidad
y aun se diría que acrecentadas. Efectivamente, todo parece
indicar que las realidades del conductismo siguen recubiertas de imágenes
erróneas y, por su lado, la diversidad señalada no deja
de revelar la ambigüedad de la posición conductista.
Por
anticipar imágenes que todavía siguen siendo prejuicio
se citarían dos más (aparte de la precipitada noticia
de la defunción). Una es la suposición de que el conductismo
estaba sustentado por cierta filosofía de la ciencia, en particular,
por el positivismo lógico, de manera que, con la decadencia
de éste, se dijo, se vendría abajo también aquél.
Como muestra Bélanger y ha demostrado por extenso Smith (1986/1994),
nada más erróneo que ver la suerte del conductismo a
la par de la del positivismo. Otra imagen es el reproche al conductismo
de adoptar una noción de sujeto pasivo. Tal reproche resulta
irónico, sabido que quienes lo hacen sitúan la actividad
en la presunta interioridad del sujeto. Aun cuando hablan de interacción
e, incluso, de interaccionismo recíproco, a la postre el mundo
se les interioriza de tal manera que se lo comen como postre. La ironía
completa es que el sujeto activo es, propiamente, un sujeto operatorio
(no una estatua pensante), donde la actividad se toma antes que nada
por su carácter operante.
Por
lo que respecta a la ambigüedad, Bélanger ofrece cuatro
enunciados (relativos al objeto, objetivo, método y tesis)
sobre los que establecer la posición conductista. De esta manera,
se percibe la lógica que sustenta las distintas variantes,
por decirlo así, el tronco bajo las ramas. Con este planteamiento,
los prejuiciados contra el conductismo y los perjudicados por la ignorancia
de su realidad, si es que no son los mismos, no tendrían por
qué seguir andando por las ramas.
Permítase
anticipar, también, que Bélanger se mantiene en una
postura meta-teórica, estableciendo el marco en el cual se
desarrolla y debe desarrollarse toda teoría que se precie de
ser conductista. Forma parte de este marco meta-teórico la
tesis según la cual la conducta se explica (predice y controla)
sobre la base de tres términos o categorías: la situación,
la respuesta y el organismo, no importando, tal como sostiene Bélanger,
el contenido que tomen. La cuestión es que este marco está
vacío y podría, entonces, desarrollarse de múltiples
maneras, como así parece ser en vista de los distintos conductismos
existentes.
Pues
bien, puesto que han pasado veinte años desde la publicación
original del texto de Bélanger, cabe reparar en el relleno
empírico y conceptual que ha tomado el marco conductista en
sus últimos tiempos. En este sentido, se puede hacer la siguiente
consideración, en la que no es seguro que Bélanger estuviera
de acuerdo. La consideración que se haría es que el
contenido con el que mayormente se ha ido desarrollando el proyecto
conductista (desde 1978 en que escribe Bélanger hasta 1999
en que se escribe este prólogo), es en la línea del
análisis experimental y aplicado de la conducta, esto es, dentro
del lineamiento del conductismo radical de Skinner. Como aval de esto,
valgan tres referencias en las que, por lo demás, son notables
las aportaciones de autores europeos (Lowe, Richelle, Blackman y Bradshow,
1985; Blackman y Lejeune, 1990; Leslie y Blackman, 1999).
Dentro
del esquema de Bélanger, se diría que la investigación
ha sido próspera por lo que respecta a la situación
(discriminación condicional, control contextual) y a la respuesta
(incluyendo programas y teorías del reforzamiento). Sin embargo,
donde el conductismo sigue cojeando, y de hecho no ha dado un paso
firme desde entonces, es en relación con el organismo, donde
Bélanger distingue, con buen criterio, su condición
b (biológica) y p (personal biográgica). En efecto,
sigue faltando una concepción de la persona o del sujeto, no
dada en términos conductistas pero pedida por los términos
en los que se establece el conductismo.
En este
mismo sentido, si se repara en el manual editado por O´Donohue
y Kitchener (1999), aun cuando Skinner está a título
de un autor más, pues los editores se rigen por la alineación
cronológica en vez de por la delineación lógica,
habría que reconocer también que los nuevos conductismos
(el empírico, el teleológico, el teorético, el
biológico y el contextual) son de paternidad skinneriana, aunque
de filiación edípica (pues sus autores se vuelven, a
menudo, contra el padre). Por ejemplo, el contextualismo funcional
(Functional contextualism: a pragmatic philosophy for behavioral science,
encabezado por S. C. Hayes), seguramente, la variedad conductista
más relevante, tiene un tronco skinneriano, sin perjuicio de
las contribuciones que incorpora. Sin embargo, es el caso que sus
autores, al igual que los autores de otras ramificaciones, parecen
resaltar más su pretensión de que están contra
Skinner que el hecho cierto de que están a su sombra. Quizá
ello se deba al mercado de la investigación científica
y la implantación tecnológica, ciertamente, no exenta
de la lógica del marketing. A propósito, puesto que
no deja de ser cierto que la gente reacciona con prejuicio y evitación
ante el estímulo ´conductismo´ y ya no se diga
si se añade ´radical´, una alternativa que no desdice
de su lógica conceptual y puede que se avenga mejor con la
lógica mercantil quizá sea, precisamente, la que viene
dada por el término ´contextual´ y sus derivados
y afines.
Una
segunda, y última consideración, en la que seguramente
Bélanger estaría en desacuerdo, apuntaría a su
exención del conductismo como filosofía, siquiera como
filosofía de la psicología. El punto es que esta exención
filosófica y su concepción únicamente como meta-teoría
vacía de contenido (en el sentido señalado), lleva,
en efecto, a que el conductismo sea compatible con doctrinas filosóficas
casi de cualquier tipo (materialistas de varias especies, paralelistas,
epifenomenalistas). Sin embargo, frente a Bélanger en este
aspecto, se defendería que el conductismo no sólo sería
ya una filosofía, el conductismo como filosofía (Fuentes
Ortega, 1986), sino que implicaría toda una ontología,
el conductismo ontológico que viene desarrollando este autor
(Fuentes Ortega, 1994).
Puesto
que el prólogo se queda corto respecto de lo que apunta y ya
que también Bélanger reconocía que el lector
se vería obligado a buscar en otra parte, permítase
dar unas cuantas referencias, complementarias a las ofrecidas por
el autor en la nota 43. En relación con contribuciones ejemplares
del análisis experimental y aplicado, se insistiría
en los textos ya citados de Lowe y col. (1985), Blackman y Lejeune
(1990) y Leslie y Blackman (1999). Para una reconstrucción
conceptual tratando de establecer la lógica del conductismo,
se citaría el libro de Zuriff (1985). Para aquellos que quieran
superar la concepción heredada sobre las relaciones del conductismo
con el positivismo necesitan el libro de Smith (1986/1994). La mejor
base y la mayor altura para ver el conductismo como filosofía
es el trabajo de Fuentes Ortega (1986). Una exposición en la
que el conductismo se pone más allá de si mismo se encuentra
en Lee (1988). Si uno es de aquellos cuya noticia del conductismo
es Walden Dos y el título ´Más allá de
la libertad y la dignidad´, quizá porque esto es todo
lo que le ´enseñaron´ en el colegio, le vendrá
bien el libro de Prieto (1989). En caso de querer apreciar las dimensiones
teóricas, aplicadas y sociales de Skinner, su libro es el editado
por Gil, Luciano y Pérez (1992). Si lo que quiere es una puesta
en referencia de las contribuciones de Skinner con las principales
tradiciones de la psicología europea, el libro es el de Richelle
(1993). Una excelente presentación de la filosofía y
la ciencia del conductismo radical se encuentra en el libro de Chiesa
(1994). En fin, se recuerda de nuevo el manual de O´Donohue
y Kitchener (1999).
En definitiva,
el paso del tiempo sigue haciendo necesario un libro como el presente.
En este sentido, se trata de un libro propedéutico, para preparar
al estudiante cara a enfrentar con limpieza el conductismo, e higiénico,
para aquéllos que, por lo que sea, se formaron contra el conductismo.
Se ha de añadir, finalmente, que esta gran artículo
de Bélanger termina como libro gracias a la traducción
y sobre todo a la denodada conducta de Esteve Freixa i Baque que,
aun siendo conductista, es catedrático de psicología
en Francia.
REFERENCIAS:
- Blackman,
D. E. y Lejeune, H., eds., (1990). Behaviour analysis in theory
and practice. LEA
- Chiesa,
M. (1994). Radical behaviorism: the philosophy and the science.
Authors Cooperative
- Fuentes
Ortega, J. B. (1986). El conductismo como filosofía. Revista
Mexicana de Análisis de la Conducta, 12, 3, 189-315.
- Fuentes
Ortega, J. B. (1994). Introducción del concepto de ´conflicto
de normas irresuelto personalmente´ como figura antropológica
(específica) del campo psicológico. Psicothema, 6,
3, 421-446.
- Gil,
J., Luciano, M. C. y Pérez, M. (1992). Vigencia de la obra
de Skinner. Publicaciones de la Universidad de Granada
- Giles,
T. R., ed., (1993). Handbook of effective psychotherapy. Plenum
Press
- Lee,
V. L. (1988). Beyond behaviorism. LEA
- Leslie,
J. C. y Blackman, D. H., eds., (1999). Issues in experimental and
applied analysis of human behavior. Context Press
- Lowe,
C. F., Richelle, M., Blackman, D. E.. y Bradshow, K. M., eds., (1985).
Behaviour analysis and contemporary psychology. LEA
- O´Donohue,
W. y Kitchener, R., eds., (1999). Handbook of behaviorism. Academic
Press
- Pierce,
W. D. y Epling, W. F. (1995). Behavior analysis and learning. Prentice
Hall
- Prieto,
J. L. (1989). La utopía skinneriana. Mondadori
- Richelle,
M. (1993). B. F. Skinner. A Reappraisal. LEA
-
Smith, L. D. (1986/1994). Conductismo y positivismo lógico.
DDB
- Zuriff,
G. E. (1985). Behaviorism: a conceptual reconstruction. Nueva York:
Columbia University Press.
(1)
Publicado por el Servicio
de Publicaciones de la Universidad de Oviedo. 1999
El Grupo
Contextos agradece a la Universidad de Oviedo su predisposición
a la difusión del conocimiento, que, entre otras maneras, se cristaliza
con la cesión de este libro, en formato electrónico, para su publicación
en la WEB de CONTEXTOS.
Especialmente,
le agradece a Marino Pérez Álvarez, profesor de dicha
Universidad, su disponibilidad y apoyo durante todo este proceso.
PREGUNTAS
Y COMENTARIOS FORMULADOS EN RELACIÓN CON ESTE ARTÍCULO:
Comentario:
Me parece interesante el contexto pero para mi opinión, y no
se lo vaya a tomar a mal, es que uno es dueño de su propia
conducta, nadie puede decidir de la forma de comportamiento de una
persona puesto que hoy en día pensamos "yo soy dueño
de mivida, no soy un bebé al que tienen que decirle cómo
es que tengo que actuar", esto viene a la teoría de que
la conducta siempre va a tener un inicio y que muchas de las veces
es por el tipo de educación y el tipo de vida lleva conforme
va uno creciendo; es decir, que los padres ponen en pie nuestra conducta
puesto que ellos son nuestros guías cuando nosotros somos menores
de edad, ya es diferente el que nosostros decidamos cambiar el tipo
de conducta que tengamos ya que siempre ve a ser para vivir mejor,
para el bien común, para estar contentos de como estamos, como
somos y por supuesto la forma de vida que decidamos llevar, o ¿
Es acaso que usded no tiene una conducta (desde su punto de vista)
un tanto estable?, en fin no se si este de acuerdo pero sea lo que
sea queda en criterio de cada uno la conducta que queramos llevar
a lo largo de nuestra vida. Es diferente lo que siente y lo que ve
el que escribe un libro, a el que lo lee, todos tenemos un punto de
vista diferente hacia las cosas.
Respuesta:
(Jorge Campo)
Hace unos días
recibimos un correo parecido al tuyo. Decía concretamente la
persona:
"Creo
que una persona es lo que quiere ser, desde siempre van a existir
las personas facilistas y mediocres, no creo qeu LA INTERNET sea la
culpable, si una persona quiere enriquecer su conocimiento lo hace,
navega por internet, consulta libros, etc., se instruye y se enriquece.
Pero si no, simplemente le dice al amigo del semestre mas adelantado
que le "preste el trabajo", y le cambia algunos puntos,
alguna literatura y listo!!. Internet es lo mejor que le ha podido
pasar a la humanidad y una persona es loque quiere ser!!".
Es
probable que estés de acuerdo con ella. Te incluyo la respuesta
que le dí, por si te sirve de algo, aunque entiendo que "siendo
dueña de tu vida" no te hará cambiar, pero ahí
queda.
"En
estos días me preguntaba precismante cómo es eso de
que uno es lo que quiere ser.
Yo quiero
ser como George Bush y sin embargo, aunque lo quiero con todas mis
fuerzas, no lo consigo. Quiero ser como él porque me parece
alucinante que más del 60% de la población de su país,
en estos momentos esté a favor de la guerra. Hace unos días,
antes de su discurso, tenía escaso apoyo: la gente "no
quería ser belicista". Por arte de no se qué, este
público ha cambiado eso
que "querían ser".
Lo cierto
es que esto nos lo encontramos a cada paso. Cuando a Javier Solana
(director general de la OTAN en su tiempo), le preguntaron cómo
era posible que alguien que estuvo en contra de esta organización,
ahora era tan favorable a la misma respondió: ¿y qué
hace usted cuando sabe que se
equivoca?¿sigue manteniendo su posición a pesar de saber
que está equivocado o cambia?
Ese
"saber" es lo que nos falta muchas veces Catalina, e Internet
no ofrece esa guía adecuada de enseñanza. Simplemente
presenta datos de todo tipo que presentados a alguien que "no
sabe" pueden producir resultados de todo tipo.
Dices
que siempre existirán personas mediocres. Yo creo sinceramente
que todos lo somos en algún aspecto, porque ¿quién
soy yo para decir quién es y quién no es mediocre?,
porque ¿cómo sé que lo que yo quiero ser no es
otra cosa que un "mediocre"?.
Creo
sin embargo que nuestra página web se salva en gran parte de
la mediocridad, no así la inmensa multitud de páginas
de psicología que hay en Internet. Aunque...me pregunto si
no seremos parte de esa inmensa mediocridad. ¿Quién
hay que sepa lo que quiere ser y que tenga la capacidad
por ello para decirme en qué grado nos movemos? ¿cómo
sabré que lo que quiere ser esa persona es más adecuado
que lo que yo quiero ser? Sigo leyendo en Internet y sigo queriendo
ser lo que quiero ser. O sea, no cambio. ¿Para qué quiero
Internet o cualquier otra cosa entonces?
Ah,
y si cambio: ya no seré "lo que quiero ser", seré
otra cosa. ¡Buen dilema! :)
Un saludo."
Y aún
resultando ser un poco pesado y volviendo a tí, permíteme
incluirte una frase típica del "yo me lo guiso yo me lo
como". La frase es: "Sé tú misma"
¿No
te parece extraña?¿Seguro que no?
Veamos:
si te lo estoy diciendo yo, se trata entonces de una orden. Es decir,
te estoy diciendo como tienes que ser, lo cual va en contra de "cómo
tú quieres ser". Vaya, resulta que la frase es todo un
absurdo.
Esto
es sólo un pequeño ejemplo de cómo el lenguaje
está lleno de frases absurdas que nos creemos y que no analizamos.
Y de verdad te digo que con una filosofía de "yo soy yo
y sólo yo" será difícil ver ésta
y otras circunstancias. Curiosamente el conductismo es por eso humanista:
nos libera del yugo de las frases bonitas y nos pone los pies sobre
la tierra. Y esto sí es humanismo. Vale la pena esforzarse
e intentar verlo Mayra, créeme.
Hablas
en tu mensaje de "vivir mejor" de la "educación
que dan los padres" del "bien común". Todas
estas cosas pueden ser muy abstractas así tomadas, pero incluso
si las aceptamos como tales, de ninguna somos dueños. El conductismo
estudia la interacción del organismo con su medio. No habla
de dueños, habla de nuestra adaptación a estos medios
dependiendo de nuestra historia y de los contextos presentes (algo
de lo que tú hablas en parte y con otras palabras). Bien mirado,
una vez quitados los "dueños", hasta en el distinto
perfil de escritor y lector, estaríamos totalmente de acuerdo.