Se trata
de un ensayo profundo sobre el concepto mismo de "trastorno psicológico",
desde una perspectiva cultural, más ambientalista que biologicista.
Para ello el autor ha utilizado las "cuatro causas" de Aristóteles
para su argumentación. En concreto, estas causas de los trastornos
psicológicos girarían en torno a causa: material (de qué
están hechos), eficiente (quién los hace), formal (cómo
se forman) y final (para qué sirven). Un libro corto, apenas
90 páginas, pero denso e intenso. Un ensayo necesario para cualquier
psicólogo clínico que realmente se plantee qué
está manejando en su consulta, y qué puede mostrarle una
perspectiva conceptual relativista sobre los trastornos de conducta.
Una concepción ambientalista y cultural, e incluso "construccionista"
(que no constructivista), porque muestra la contrucción cultural
y social de esos trastornos psicológicos.
En
un primer capítulo presenta el caos de la Psiquiatría
y la propia Psicología clínica, en torno a lo que son
o dejan de ser los trastornos psicológicos. Presenta el caos
de la Psiquiatría actual, dividida entre una orientación
puramente fisicalista, neurológica o biologicista, con un sistema
de diagnóstico DSM-IV puramente burocrático, que no cumple
con sus funciones etiológicas; y una Psiquiatría psico-social
que considera el trastorno como un todo complejo de origen en las interrelaciones
de la vida. Denuncia las asunciones acríticas del sistema DSM-IV,
sus propias contradicciones y falta de utilidad para encontrar las causas
de los trastornos, y para un tratamiento farmacológico específico.
Un sistema donde el propio profesional se ve incluido en un sistema
de tratamientos farmacológicos generales (excita o inhiben comportamientos)
pero no van a las causas de esos trastornos.
Por otro
lado, también reconoce la "confusión de lenguas"
de la Psicología clínica, la variedad de sistemas, denominaciones
y tratamientos, incomprensibles entre sí. Donde el cliente se
arriesga al entrar en la consulta, porque según el profesional
que la atienda puede salir con un análisis distinto, y también
un tratamiento distinto de sus problemas. Precisamente los intentos
de integración de psicoterapias lo que han creado han sido más
escuelas aún. La cuestión actual es cuál puede
ser más eficaz, contando anticipadamente conque todas tienen
cierta eficacia. Resume estas tendencias en seis direcciones psicoterapéuticas:
psicoanálisis, terapia existencial, terapia comunicacional o
humanista, terapia experiencias, terapia de conducta y terapia cognitiva.
Cada una de ellas con su propio sistema psicopatológico, de evaluación,
y de actuación terapéutica.
Señala
así también la "esquizofrenia" de la Psicología
clínica, que por un lago pugna por ser una práctica científica,
pero también persisten en ella prácticas clínicas
con éxito social y no científicas. Plantea, pues, una
razón radical de esa práctica clínica: ir a la
naturaleza de los trastornos psicológicos, y al sentido de la
tarea terapéutica.
En el
Capítulo 2 trata de dilucidar una "metateoría"
de la Psicología clínica, al igual que se ha formulado
en el campo de la Psiquiatría. Una raíz radical que va
al origen histórico de los trastornos psicológicos, partiendo
de la afinidad entre los trastornos y la cultura moderna.
Por un
lado, la hiperreflexividad actual del individuo sobre sí mismo,
"un estancamiento sobre sí mismo que impide seguir el río
de la vida" (pag. 27). Da una definición general de trastorno
como: "la conducta que se vuelve problemática para el propio
sujeto en su esfuerzo adaptativo ante situaciones conflictivas o de
fracaso" (pag. 27) y "un trastorno psicológico sería
una forma de conducta que resulta problemática al tratar de llevar
a cabo alguna función adaptativa, de modo que la propia forma
termina por ser el objeto funcional de la persona" (pag. 31). Cuando
la conducta problemática, en un esfuerzo por adaptarse, se vuelve
objeto de preocupación, pasa a un primer plano y el resto de
la vida del individuo es secundaria. Sería entonces cuando existiría
un problema psicológico. La atención y preocupación
sobre un problema de la vida lo convierte en un problema psicológico.
Va dando
ejemplos de otros autores y corrientes que apoyan esta concepción
de la propia reflexión como el problema. Diversos trastornos
que tienen en común ese énfasis sobre sí mismo,
esa hiperreflexión que se convierte en problema, desde los problemas
obsesivos a las alucinaciones psicóticas, desde la bulimia a
la evitación experiencial, desde los problemas depresivos al
ataque de pánico.
En esta
explicación, defiende el uso de la noción de "síntoma"
como equivalente a conducta, una conducta es un intento de adaptación.
Un síntoma que sería el problema, una especie de alarma
que indicaría que algo no funciona bien, también una petición
de ayuda, y un reconocimiento para los demás de que esa persona
está sufriendo y tiene dificultades. Incluso tendría un
fuerte componente social, como categorías sociales que tienen
"una función institucional, y funciones sociales adaptativas
de sintonía con el mundo, conformidad social y regulación
del poder" (pag. 34).
Más
adelante, en el Tercer Capítulo, trata sobre la "formación
del síntoma", es decir, la naturaleza misma del problema
psicológico. Comienza siendo la queja del cliente, como se presenta
en la vida cotidiana, pero el clínico va elaborando y dando forma
según su propia configuración, según la importancia
concedida a unas u otras conductas. Pero esos síntomas tienen
ya una elaboración cultural y social, sería la cultura
moderna la que los propicia, los forma y los lleva a la consulta clínica:
desde los problemas que han evolucionado culturalmente (depresión,
ansiedad, esquizofrenia) a los que han nacido con los tiempos modernos
(estrés, bulimia, adicciones). Cifra esos cambios en funciones
sociales, en instituciones básicas que han creado su función
en los tiempos modernos: sistema de producción capitalista, la
forma de familia burguesa, el sistema de transmisión cultural
en la escuela, y el sistema de valores de la religión. En ese
entramado social la propia Psicología clínica sería
una institución intermedia que no sólo trata de remediar
los problemas en su adaptación, sino que también los propicia
y les da un marchamo científico.
Describe
los cambios históricos y los cambios en el énfasis clínico
que han ido evolucionando desde mediados del siglo XIX hasta los trastornos
actuales. Trastornos que se deben más a la "sensibilidad
social" que a unos hallazgos científicos verdaderos. Esos
síntomas serían una construcción social, y ahí
estaría su origen, aunque ello no significa que dejen de ser
síntomas objetivos y reales para las personas que los sufren.
Describe así varios ejemplos de construcción social de
los propios problemas creados por el psicoanálisis, el concepto
de autoestima, la farmacología del Prozac, el trastorno de estrés
posttraumático, el trastorno de personalidad múltiple,
y el trastorno de pánico.
En el
Capítulo 4 trata sobre "la forma y contenido del síntoma".
Aunque la forma puede ser igual descrita, el contenido (la causa) se
busca de forma diferente en cada aproximación psicológica.
Discute los conceptos filosóficos de materia/forma, sujeto/objeto,
y significante/significado, en relación a las distintas aproximaciones
psicológicas. En concreto, ya en el Capítulo 5, el discurso
significante/significado caracterizaría la aproximación
psicoanalista y la teoría comunicacional; y el discurso clínico
en términos sujeto/objeto caracterizaría la aproximación
cognitiva, la propia psicopatología y la teoría neurobiológica;
y por último, el discurso en términos forma/función,
que sería característico de la terapia existencial y la
conductual.
Precisamente,
respecto a la terapia de conducta critica sus limitaciones en la concepción
de las condiciones y normas sociales, a veces incluidas en términos
como "metacontingencias", pero que no dan cuenta del extenso
conjunto de influencias sociales y culturales sobre una conducta. Incluso,
denuncia el hecho de que profesionalmente los propios problemas psicológicos
(los síntomas) lleguen a funcionar como una institución
social, que canalice los problemas de la vida actual y los problemas
sociales del individuo. El síntoma sería una forma de
realizar esa función. Por otro lado, también critica la
ausencia de una concepción de persona dentro de la modificación
de conducta, donde siempre se habla de sujeto y de conductas como diferenciados,
pero donde no hay un concepto de persona, una noción de una persona
completa interactuando con su entorno social y cultural.
En el
Capítulo 6 trata sobre la "ontología de los sistemas
mentales", es decir, de qué están hechos, quién
los hace, cómo se forman, y para qué sirven los trastornos
psicológicos. La noción de síntoma es equiparable
a conducta, no como signo de conductas subyacentes, sino como realizadora
de alguna función. Esa función supone el desempeño
de alguna necesidad o intento adaptativo, por lo que es necesario estudiar
las características del mundo actual, donde las personas tienen
problemas psicológicos. Aquí interpreta el síntoma
como una forma institucional de estandarizar lo que es disfuncional
o inadaptativo. La sociedad normaliza los propios problemas de la vida.
Los trastornos psicológicos tendrían una naturaleza social
y cultural, y los problemas de la vida forman esos trastornos psicológicos.
Como
institución social surgiría en un sistema de prácticas
organizadas y etiquetadas. Serían "normas que tratan de
normalizar las anomalías, esto es, las conductas y experiencias
anómalas de la gente" (pag. 81). En este caso, el DSM-IV
sería una de esas instituciones sociales. Esta perspectiva no
implica que se eliminen los factores biológicos, sólo
serían unas causas más junto con otras muchas, de los
trastornos psicológicos.
Ello no
quiere decir que los trastornos psicológicos no sean hechos reales,
sino que en este libro Marino Pérez los presenta en un contexto
completamente diferente, les da la vuelta para presentarlos de una forma
no habitual para los psicólogos clínicos. Así,
tras argumentar los conceptos filosóficos fundamentales implicados
en las "causas" según Aristóteles, resume en
las siguientes:
1. La
"causa material" de los trastornos psicológicos serían
los propios asuntos de la vida, que en un esfuerzo adaptativo de la
persona, producen problemas. La propia conducta al intentar adaptarse
se vuelve problemática.
2. La "causa eficiente" sería tanto el propio paciente
que sufre, como el clínico que da forma e institución
a ese sufrimiento; pero también son causas eficientes el propio
contexto extraclínico que fabrica trastornos y a veces resulta
iatrogénico.
3. La "causa formal" sería la propia categorización
psicopatológica, que da forma según la moda a esos trastornos,
e incluso anuncia soluciones farmacológicas antes de conocer
cuál es el problema.
4. Y la "causa final" sería ese esfuerzo fracasado
por adaptarse a una situación problemática, aquí
es fundamental el concepto de análisis funcional del trastorno,
la función que cumple en su entorno. Aunque conocer esa causa
no es resolverla, hay casos imposibles donde las causas están
fuera del alcance del psicólogo, y también situaciones
donde el individuo se encuentra instaurado en su síntoma como
forma de vida y no hay posibilidades de cambio.
Para terminar, pues, un libro denso que enuncia explícitamente
hipótesis que Marino Pérez había ya vislumbrado
en anteriores libros más densos aún ("Tratamientos
psicológicos", 1996). Pero que constituye un punto de inflexión
importante en una concepción conductual sobre los trastornos
psicológicos. Un punto de vista que vuelve a romper, con nuevos
argumentos, la aceptación resignada de los sistemas diagnósticos
psiquiátricos. Y que puede hacer reflexionar también a
los psicólogos conductuales sobre las causas distantes, sociales
y culturales, de los trastornos del comportamiento.
Sólo
dejamos una reflexión más para los lectores del texto:
¿cuáles son las razones para que un intento de adaptación
acabe por ser disfuncional?, ¿quién define que es disfuncional
o no adaptativo?. Además, en último término, si
la propia conducta problemática tiene una función en su
entorno social, ¿por qué tendría el clínico
el deber de tratar ese problema, o intentar que no sea desadaptativo?.